Al otro lado del muro

Artículo de opinión por Óscar Gonzalez
Publicado por o día 01/02/2017 na sección de Opinión,Opinión por Oscar González

Al otro lado del muro

A veces nos retratan mejor nuestras reacciones ante las acciones de otros que nuestras propias actitudes vitales, políticas o personales. Alguien que siempre aparente serenidad pero pierda los nervios ante el primer contratiempo o desviación sobre sus planes, posiblemente muestre una fachada mientras la proverbial procesión va por dentro.

En este sentido, la insultante decisión del nuevo presidente de los Estados Unidos de prohibir la entrada en el país a personas de determinadas nacionalidades ha encontrado una fuerte contestación por parte de los diferentes gobiernos del planeta, incluso de algunos que no se han caracterizado en los últimos tiempos precisamente por su escrupuloso respeto a los Derechos Humanos, como podría ser el caso de Alemania. Personalmente me atrevería a decir que ha generado más consensos en la Vieja Europa la miseria xenófoba auspiciada por Trump que los años que llevamos de Unión Europea; pero, si les parece, vamos a dejar ese jardín para la primavera.

Ha habido un gobierno en Europa que se ha caracterizado, en cambio, por su silencio cómplice.

Si están pensando en uno que preside cierto señor gallego con problemas de pronunciación, enhorabuena, han acertado.

Junto a él, al podio de la ignominia, se han subido también el Presidente del Europarlamento, Antonio Tajani y Jean Claude Juncker, Presidente de la Comisión Europea. Tres pies para un banco, que decía mi abuela.

Tal vez porque en el PP queda alguien que no esté más ocupado borrando pruebas que pensando en el tema ese de dirigir un país, alguien se ha dado cuenta de lo aberrante del asunto y en Génova han decidido sacar hoy al portavoz Méndez de Vigo a capear el temporal.

Pero como el PP presume de ser un partido moderado (salvo a la hora de trincar y de engañar al pueblo, que ahí optan por la tierra quemada), las respuestas del portavoz han sido poco menos que un encogimiento de hombros. Así, nos ha hecho saber que “para España es muy importante llevarse bien con sus aliados” y que la intención del ejecutivo es “continuar las magníficas relaciones actuales con los USA”.

Les recomiendo leer una crónica del desayuno informativo de esta mañana, porque no tiene desperdicio. Ni una sola frase de condena, siquiera de censura velada. Nada. Lo único parecido ha sido una reflexión de una equidistancia asquerosa que llama a los mexicanos y a los estadounidenses a “recomponer relaciones”, como si el gobierno de México tuviera también su parte de culpa, como si hubiese mediado alguna provocación o ataque previo. Por poner un símil, quizá no muy acertado, es el equivalente a decir que en la Guerra Civil española “no hubo buenos ni malos”, el mantra venenoso que ha calado en mucha gente bajo esa falsa apariencia de falsa mesura. El que oculta que unos dieron un golpe de estado y otros defendieron la legalidad. El que nos escupe en la cara y en la inteligencia.

Por si no bastaba con esto, y para que el bochorno fuera ya apoteósico, al portavoz se le ha ocurrido también referirse a la sensibilidad española con los que huyen de la guerra y la miseria. Considera Méndez de Vigo que el país en el que unos Guardias Civiles se cargaron a trece inmigrantes disparando pelotas de goma al agua en que trataban de mantenerse a flote puede dar algún tipo de lección moral sobre el respeto a los que buscan un futuro mejor, lejos del conflicto y la pobreza extrema. Tal vez tenga mala memoria, tal vez sea poca vergüenza o, lo más probable, una mezcla de ambas. La indignidad de todo un partido político resumida en unas cuantas frases. Toca descubrirse ante esta capacidad de síntesis.

Así pues, ¿qué hará el gobierno español ante los desmanes que apunta la recién estrenada Administración Trump? Pues, de nuevo en palabras del portavoz, el gobierno del Estado actuará… “sin gritos ni estridencias”, por la vía diplomática. También parece ser que, “desde el primer día”, se dejó muy clara la postura española: de rodillas y con la boca abierta, si me disculpan el símil pornográfico. No, en serio, es fácil imaginarse qué puede decir sobre el levantamiento de un muro fronterizo un país que tiene una verja coronada por cuchillas en su frontera sur, para que no entren esos subsaharianos que huyen del hambre y las guerras y a los que tantísimo respetamos.

No se puede ser tibio ante ciertas cuestiones. Algunas líneas están nítidamente dibujadas en el suelo, y no son solo las fronteras. La xenofobia y el odio al diferente no pueden ser siquiera tolerados. El fascismo, o protofascismo debe combatirse, aunque uno no espera que sea el PP precisamente quien brille con luz propia en ese tema.

Ni en cualquier otro, la verdad, salvo en aquellos que se recogen en el Título XIII y XIII (bis) del Código Penal.

Ahí sí que no han sido tibios; ahí han sido letalmente eficaces.