Aquí se tortura, como en la dictadura

Publicado por o día 04/02/2015 na sección de Opinión,Opinión por Carla Leiras

Aquí se tortura, como en la dictadura

La violencia institucional es un hecho. Un hecho venenoso y vergonzante que señala a España con luces de neón, que nos retrotrae a épocas pasadas mostrando una pérdida de derechos sin precedente, conseguidos durante décadas a fuerza de trabajo colectivo y manchas de sangre.

La Coordinadora por la Prevención y la Denuncia de la Tortura (CPDT) organización estatal que aglutina a medio centenar de asociaciones locales para la defensa de los derechos humanos, ha recopilado un total de 6.621 denuncias de personas que han sido sometidas a tortura en España durante la última década. Revela asimismo que 833 personas han muerto mientras estaban bajo custodia en prisión o dependencias policiales.

El colectivo lleva meses exigiendo que se estudie y articule la manera de extrapolar el Protocolo de Estambul (documento que corrobora a nivel médico cuándo una persona ha sido torturada), elaborando un mecanismo reglamentario que extienda este trabajo y sus conclusiones para obligada consulta. Su portavoz asegura que en dependencias españolas hay enormes atropellos a los derechos humanos durante la declaración de los testigos o imputados, que testifican bajo coacciones físicas y psicológicas, y acaban firmando documentos sin veracidad.

Se denuncia también que en la frontera sur y a ambos lados de la valla están sucediendo un número escandaloso de excesos policiales y que es uno de los puntos rojos de denuncias de tortura, junto con el régimen de incomunicación de prisiones. Solamente se han emitido 752 sentencias condenatorias al respecto, cuya mayoría eran tipificadas como simple falta.

El estudio ‘Incomunicación y tortura’, recoge los testimonios de 45 personas vascas que denunciaron haber recibido excesos por parte de los cuerpos de seguridad, declaraciones que han sido contrastadas exhaustivamente hasta ser calificados como veraces en su totalidad.

Una investigación de Amnistía Internacional muestra la evolución que han seguido las torturas en España. Si en tiempos de dictadura un régimen de incomunicación penitenciaria incluía prácticas como las palizas en la celda, en lugares que dejaban marca menos visible como caderas y riñones (no olvidamos a los presos que han relatado cómo Billy el Niño, perro de presa del sistema penitenciario, atizaba a sus torturados en los pies hasta dejárselos en carne viva, o utilizaba toallas mojadas para minimizar las marcas de sus brutales palizas, las cuales subtitulaba con desenfadados chistes), en los últimos años la metodología policial en cuanto a los excesos en prisión ha mudado hacia el terror psicológico. Amenazas con la muerte o desaparición de familiares, humillaciones, extenuación física mediante ejercicio inaguantable… prácticas encaminadas a crear una pérdida de control individual y perspectiva que terminaba con declaraciones inculpatorias a la fuerza en un contexto de dolor e irrealidad. Estas técnicas fueron denominadas *torturas blancas, y no hay sistema para cuantificar su impacto por la dificultad de control que entrañan. Este tipo de vivencia implica grandes secuelas psíquicas, que pueden destruir por completo la personalidad del afectado, aún cuando se reintegre a su vida habitual.

Amnistía Internacional habla de impunidad de los agentes y de intimidación sistemática: la lectura del Ministerio del Interior es que estas denuncias son falsas y por eso las condenas no se corresponden en número: “tanto la policía nacional como la guardia civil actúan con escrupuloso respeto a la legalidad en el libre y pacífico ejercicio de los derechos fundamentales”.

La realidad es que actualmente, los colectivos más castigados (numéricamente) son los de inmigrantes y los de manifestantes, y en cuanto a virulencia, los llamados presos políticos o sospechosos de organización criminal-terrorista.

España sigue sin adoptar las recomendaciones de organismos internacionales en materia de malos tratos policiales. El Tribunal Europeo de Derechos Humanos ha condenado hasta en seis ocasiones a nuestro país, pese a esto continúa sin articularse un sistema de control, sustentando un régimen que propicia la perpetuación de la tortura y el castigo de la disidencia con agresión a todos los niveles.

Si nada lo remedia, el gobierno coronará este sinsentido sangriento con una Ley de Seguridad ciudadana que mutilará en tres dimensiones el derecho de rebelión, devolviéndonos al blanco y negro.

OPINIÓN CARLA LEIRAS