Boys don´t cry

Publicado por o día 30/04/2015 na sección de Opinión,Opinión por Oscar González

Boys don´t cry

El Tribunal de Justicia de la Unión Europea ha avalado prohibir a los homosexuales la donación de sangre en Francia. Argumenta en su sentencia que un Estado puede adoptar esta medida, a todas luces delirante, retrógrada y cargada de ignorancia, por “el alto riesgo de contraer enfermedades infecciosas” a que se ven expuestos los y las homosexuales. La noticia, por cierto, nos llega la misma semana en que cuatro gais eran agredidos en la Gran Vía de Madrid por el mero hecho de serlo. No puedo evitar preguntarme qué fue de aquella Europa de la cultura y la Ilustración.

Una de las cuestiones más graves que plantea la sentencia en cuestión es que su razonamiento parece estar basado en una presunción inexplicable de que los homosexuales son personas más propensas a las infecciones de transmisión sexual por su mera condición de homosexuales, algo que ya de por sí atentaría contra el artículo 21.1 de la Carta de Derechos Fundamentales de la Unión Europea al establecer una discriminación –amparada en la supuesta protección de un bien jurídico como la Salud Pública, pero discriminación al fin y al cabo– por motivos de orientación sexual. El Tribunal Europeo apercibe al Estado francés que su prohibición podría violar la Carta de Derechos, pero se muestra vergonzosamente tibio a la hora de establecer la ilegalidad de la normativa francesa. La neutralidad es complicidad y la equidistancia es aprobación.

Si tras la oleada de indignación inicial uno se para a pensar un poco sobre los motivos que han llevado a Francia a establecer esta prohibición pronto se encontrará llegando al terreno de la ideología y alejado del de la Salud Pública. Según los datos que esgrime el país galo, el 48% de los infectados por el V.I.H. en ese país son hombres homosexuales. No se hace mención alguna a los ratios que permitirían contextualizar la estadística, así que no sabemos sobre qué volumen de población se ha calculado ese 48% ni tampoco cómo se ha llegado a la conclusión de que el motivo de contagio ha sido la homosexualidad. Una cifra como esta, susceptible de generar alarma (y leyes) ¿no debería abordarse de una manera más rigurosa?

Al hacerlo, me atrevo a aventurar, encontraríamos que la problemática no bebe de la orientación sexual del infectado sino de las posibles prácticas de riesgo que este haya desarrollado, y ahí las preferencias de alcoba tienen poca cabida. Dar por supuesto que un homosexual es menos propenso a utilizar un condón que una persona hetero es como dar por supuesto que los madrileños son más cultos que los gallegos por el simple hecho de vivir en la capital del estado: un absurdo sin el menor soporte empírico. La normativa francesa, a la hora de abordar el cuestionario de salud previo a la donación, pregunta si el donante ha mantenido relaciones sexuales con otro hombre, no si ha desarrollado prácticas de riesgo. La normativa francesa es discriminatoria. Sin más.

Y el TJUE, en este caso, es cómplice de esa discriminación. También así, sin más.

OPINIÓN POR OSCAR GONZÁLEZ