Cataluña no es el problema. Es España

Publicado por o día 28/09/2015 na sección de Opinión,Opinión por Miguel Diéguez

Cataluña no es el problema. Es España

Decía ayer Íñigo Errejón que Catalunya Si Que Es Pot se ha visto atrapada entre dos choques de trenes, y no le falta razón. Entre un independentismo que cada vez coge más velocidad, más alegría y más ilusión, y un españolismo cada vez más fanático y más reaccionario, CQSEP ha apelado a la racionalidad y a la defensa de los derechos sociales.

Hoy muchos buitres se lanzarán a por el cuerpo destrozado por el doble impacto de CSQEP. Que disfruten la carroña. Entrar en un análisis sobre los errores cometidos en la campaña es no sólo necesario, sino imprescindible. Mucha autocrítica hay que hacer, pero como la hacen los equipos grandes cuando pierden: sin dramatismos, ni rasgarse las vestiduras, ni buscando excusas. Parada para respirar, localizar los fallos y buscar soluciones. Y seguir peleando con más fuerza si cabe, porque si cuando los resultados son buenos decimos que no hay nada que celebrar porque mañana seguirá habiendo desahucios y precariedad, no tenemos ningún derecho a pararnos a lamernos las heridas cuando perdemos.

Errores aparte, que yo no me siento capacitado para analizar, hay otro aspecto preocupante que nos deja el resultado de ayer, un problema histórico: el de la posibilidad o no de vertebrar España como un país que merezca la pena, y en el que no haya que someterse a una identidad nacional rancia para formar parte de él.

Ante el resultado de ayer, mi tablón de Facebook, en el que abundan sobre todo gentes de Podemos de multitud de lugares del Estado, se llenaba de comentarios de decepción hacia los catalanes “por haber apostado por dos opciones de derechas”. La crítica más repetida ha sido la de anteponer la cuestión identitaria a la cuestión social, repitiendo que no es racional ser un ciudadano corriente y apoyar a privilegiados y recortadores de Convergencia. Tuve que cerrar la pestaña, encenderme un cigarro y respirar hondo para no desesperarme. En realidad este artículo va para ellos.

No habéis entendido nada del procés catalán. Pero nada, ni os habéis acercado. Porque para entenderlo, primero necesitaríais entender lo que se siente cuando toda la vida al salir de tu tierra te miran raro por hablar tu lengua con un paisano o paisana. Necesitaríais entender lo que es querer sentirte español, pero que te digan que tienes que serlo porque sí, porque lo eres, y que da igual si quieres serlo o no. Necesitaríais entender lo que es ver cómo te acusan de que defender tu cultura es romper España, obligándote a decidir entre una cosa y la otra. Necesitaríais entender que muchos queremos ser iguales en la diferencia, y que si las opciones son asimilarnos en todo a la Meseta o irnos, cogemos la puerta y nos vamos.

Eso es lo que no habéis entendido. Que los motivos económicos y el “Espanya ens roba” ha sido el lema de CiU, pero que los motivos de la gente corriente van mucho más allá. El motivo principal de la gente corriente es la ilusión. La ilusión de vivir en un país decente, de vivir en un país libre, de vivir en un país al que los pies no le huelan a franquismo, de vivir en un lugar del que uno pueda estar orgulloso.

Y exclamáis: “¿pero cómo vais a pagar los servicios públicos? ¿las carreteras y las infraestructuras?” y no os dais cuenta de lo ridículo que suena eso en una España con 25% de paro y unos sicarios de lo público destruyendo absolutamente todo. Sí, Mas también es un recortador, por supuesto. Pero nadie les garantiza a los catalanes que sea más fácil quedarse y echar a Rajoy que irse y pelear contra su propia oligarquía.

Pero volvemos a lo mismo. Quedarse y pelear juntos, ¿para qué? ¿Para que continúe la incomprensión de una izquierda española que, en el mejor de los casos, se limita a respetar el derecho de autodeterminación a regañadientes, y ya no digamos de un pueblo español que a día de hoy no concibe la unidad como una adhesión de voluntades libres sino como una obligación cuasi-divina?

Ahora mismo, la ciudadanía catalana parece tener que elegir entre Sísifo e Ícaro, o sea, entre la eterna labor de la creación de una España plurinacional, o el sueño de volar con el riesgo de que se le derritan las alas. Estas son básicamente sus dos opciones, puesto que el federalismo es una opción concebida más como mal menor que como proyecto de creación de una identidad de la que enorgullecerse, incapaz de emocionar como sí lo hacen el independentismo y el españolismo, aunque uno emocione a través de emociones positivas y el otro lo haga a través de emociones negativas. Con este panorama, sinceramente, españoles de izquierdas que no pertenecen a otra nacionalidad aparte de la española, háganse esta pregunta: Entre dos tareas cuasi­imposibles, ¿quién elegiría seguir arrastrando una roca pudiendo intentar volar?.

Este artículo, evidentemente, está escrito con la vehemencia de una noche electoral. Con él no quiero decir que deje de sentirme español, ni de defender una república federal en la que incluso aquellos territorios que lo quieran tengan la condición de Estado Libre Asociado (y por supuesto con derecho a la independencia en cualquier momento). No, no es eso. Seguiré peleando por una España que merezca la pena. Pero de verdad, me han entrado ganas de coger el primer tren a Barcelona y afiliarme a la CUP tras leer vuestras reflexiones.

OPINIÓN POR MIGUEL DIÉGUEZ