“Cuando el dolor ahoga las gargantas del pueblo…”

Artículo de opinión por Carla Leiras.
Por o 09/06/2017 | Sección: Opinión,Opinión por Carla Leiras
“Cuando el dolor ahoga las gargantas del pueblo…”

Opinión por Carla Leiras

Lo único que parece unánime dentro este maremágnum de opinión popular desatada tras los últimos terribles atentados, es la condena clara, contundente, la no justificación y deslegitimación de esta ola de barbarie que atenaza a los ciudadanos, que cada vez, con más frecuencia nos sentimos inseguros y acorralados.

También parece obvio que la información que recibimos puede verse seriamente afectada por cualquier elemento externo, como puede ser, por ejemplo, la celebración de unas elecciones importantes, lo que da que pensar sobre las ideas preconcebidas que podemos tener en mente sobre un tema tan grave y complejo como es un conflicto internacional de implicaciones gigantescas.

Igualmente durante los últimos años es innegable que participamos, a veces de manera activa, a veces por complicidad, al taparnos los ojos, siempre que hizo falta, por intereses (económicos) varios, en vapulear el principio de no intervención y el de integridad territorial, bajo la excusa de la defensa patriótica, amparándonos en que no estamos seguros y por lo tanto el ataque es la única salida.

Pero dentro de tanto dolor, tanta incomprensión, tantos interrogantes, no debemos obviar el contexto político en el análisis.

Si nos fijamos en el mapa de incidencia de atentados desde los años ochenta y su concentración en Europa y España, podemos detectar uno de los picos calientes y claros, nada casual, a partir del año 2001, cuando se produce la entrada en Afganistán (las primeras unidades españolas aterrizaron en enero del 2002). Seguido de un eterno desfile de salvajes injerencias (contraviniendo el principio recogido en la Carta de las Naciones Unidas) posteriores en el Líbano, Libia, Yemen, Siria… bajo la bandera de un elemento nuevo y acuñado por el neocolonialismo: “la injerencia humanitaria” (casualmente dirigida casi siempre, hacia lugares con mucho petróleo o una industria ferroviaria colosal).

Por si fuera poco, los partidos ultraconservadores aprovechan lo que sería “el caos constructivo y la fragmentación”, para introducir elementos populistas eurofascistas, y hacer de la “mano dura” su bandera para ganar elecciones. A río revuelto, ganancia de mentes retorcidas que buscan mercantilizar cualquier cosa; hasta la vida de inocentes se pone sobre la mesa sin pudor, por un puñado de votos.

Sin duda, una ola de creciente xenofobia está inundando sectores poblacionales antes progresistas que nunca antes habían comulgado con ideas despóticas sobre la inmigración, pero que de repente, hoy, cambian su discurso a uno de rechazo frontal, azuzados por el miedo y la rabia.

Este tipo de conciencia es peligrosa y en nada ayuda a solucionar el conflicto; conque habría que centrar parte de los recursos en realizar pedagogía, en distinguir la asimilación de la integración, en evitar los guettos, en conseguir que todo ciudadano tenga una formación básica y realista sobre esta temática de manera preventiva, desde su nacimiento y su inicio, no desde la idea que le surge cuando ve por la televisión que de pronto y sin razón alguna, acuchillan a sangre fría a un español.

De pronto, nos sentimos de nuevo vulnerables. Recordamos que Europa no es la fortaleza de seguridad que nos vendieron (salvo para los mal llamados refugiados, que en ese caso sí se permite comportarse como tal).

¿Son eficaces las medidas tomadas hasta el momento? ¿qué nos consta sobre aplicar las mismas soluciones que no funcionan al mismo problema, una y otra vez? ¿es eficiente combatir la muerte con bombas? ¿son útiles las guerras para defender la paz? ¿ha sido decisivo el debate sobre endurecer el código penal? ¿y lo ha sido favorecer políticas que han acabado justificando la guerra?

Es innegable que atacamos (con toda nuestra razón) los terribles efectos, pero nos negamos a analizar las posibles causas (que no justifican muertos de ningún bando. No debería haber bandos). Nos negamos a acudir a la raíz del conflicto, nos quedamos con las lecturas emotivas y con proyectar banderas sobre música patriótica.

¿Hay soluciones mágicas? En absoluto. Pero sí comienzos básicos a priorizar: embargo de armas, presión a los aliados que las suministran a los grupos organizados, buscar la manera de cortar de una vez por todas su financiación, romper las relaciones diplomáticas y empresariales con ciertos países con los que seguimos haciendo tratos y recibiendo pingües beneficios sin importarnos lo que comporta esa transacción comercial, mercantil… declarar tolerancia cero al tráfico de armas, frenar nuestras ventas de las mismas a Arabia Saudí (datos de Amnistía: solo durante los dos últimos años, somos responsables de 900 millones de euros en exportación de granadas, torpedos, misiles, cohetes, munición… lo que nos sitúa como el tercer suministrador del país árabe tras Estados Unidos y Reino Unido. Gran parte de ello se empleó en la guerra de Yemen, lo que resultó un dramático desastre humanitario de proporciones épicas); conseguir una coordinación real y eficiente de la seguridad internacional, analizar la captación y cortar sus vías, y las de la logística utilizada; y muy sobre todo, dejar que los expertos en procesos de paz se encarguen de diseñar los planes (no basta con pactos políticos: el dirigente de un partido no tiene por qué tener los conocimientos para sacarnos de un fango como este, debe dejarse asesorar) contra el terrorismo: observadores internacionales, sociólogos, comisarios, analistas sobre el terreno, historiadores, diplomáticos, mediadores, estadistas independientes, no abiertamente belicistas: hay que conseguir formar comités serios de personas especializadas en la lucha contra el terrorismo y también en el análisis de sus causas y procesos; dejarnos aconsejar antes de repetir el mantra “mano dura” y dejarnos llevar por la inercia de la sangre caliente y de la ignorancia sobre qué podemos hacer.

En resumen: seguro que con la unión de recursos existe una solución, compleja, heterogénea, reflexiva, sosegada, estudiada, técnica, experta, que no pase ni por la guerra abierta y el bombardeo indiscriminado hacia todo el que tenga otro color de piel y sepa empuñar un hacha (recordemos que los últimos atentados han sido realizados con objetos o instrumentos que cualquiera tenemos al alcance de la mano), ni por sentarnos a pintar palomas blancas con tiza en el suelo y levantar las manos durante un minuto de silencio muy sentido. Basta de ineptitud política: nos jugamos la vida, y no solo nosotros.

Portavoz de la asociación foro socioeducativo Os Ninguéns. Licenciada en derecho. Diplomada en mediación educativa y como formadora didáctica. Titulada en prevención- formación sobre VIH-SIDA y detección-tratamiento de patologías adictivas-drogodependencias.

Comentar noticia

Your email address will not be published.