“Descarrilamos” por Carla Leiras

Publicado por o día 13/10/2015 na sección de Opinión,Opinión por Carla Leiras

“Descarrilamos” por Carla Leiras

Todos nos escandalizamos cuando leímos el excelente reportaje de Esteban Ordóñez sobre las técnicas que utilizan en empresas como Skyline Marketing para formar a sus “comerciales”, información que recabó en primera persona formando parte de la plantilla: el equipo podía acabar vendiendo fibra óptica o en una ONG, utilizando un manual perfectamente idéntico de manipulación estudiada.

No menos preocupantes son sus relatos de cómo el corporativismo multinacional es utilizado para afianzar las mentes de los nuevos trabajadores, utilizando tácticas calcadas a las de una secta. No son pocos los chavales que salieron espantados de retiros empresariales en los que le obligaban a gritar “somos los mejores” y la marca a la que tocase representar, como podía ser la de un simple detergente: además de sentirse presionados a llevar rutinas de competitividad interna insultantes y vejatorias.

Asimismo las únicas enseñanzas por parte de la coordinación iban en la línea de la pura manipulación mental a los clientes, sin tener en cuenta el objetivo final: daba lo mismo recabar compradores de Iberdrola que socios para Save the Children (estos últimos rescindieron su relación con esta empresa ante el riesgo de veracidad de los testimonios).

“Estos grupos cuidan la estética para minimizar la percepción de riesgo. Ya no siguen a un gurú, apenas quedan túnicas blancas, ahora realizan presentaciones en grandes hoteles y visten de traje”.

Esteban cuenta en su informe cómo vivió en una empresa de captadores de socios de ONG el día a día con unos compañeros que intentaban salvarse de tartazos en la cara o del “yo no soy digno”, algunos de los rituales de penitencia para los captadores que no llegaban al ratio mínimo de clientes, en el que se obligaba a arrodillarse en el suelo delante del resto del equipo, como se puede ver en el final del vídeo.

Estas prácticas tienen un nombre y el impresentable que las coordina debería ser juzgado y sancionado: pero en nuestro país solo se juzga con rapidez y multas millonarias al que rodea el Congreso o intenta detener un desahucio.

Es gravísimo que la financiación de organizaciones sociales de tanto prestigio e importancia estén en manos de este tipo de empresas para lograr aportaciones. Sobre todo porque la mala praxis de algunas, se extiende en fama a las demás y hace que mucha gente vea a un chaval con un chaleco rojo y literalmente eche a correr. Muy sobre todo en una organización de este tipo se deben llevar a rajatabla las normas de los observatorios de buenas prácticas y seguir de cerca los procedimientos: explotando a un puñado de jóvenes para que acosen en la calle no se va a conseguir que un viandante entienda la importancia de enviar vacunas a África.

Y yendo más allá, la falta de respeto a la dignidad del trabajador que supone fomentar este tipo de dinámicas es para sentir náuseas. De paso, el Sistema que hemos construido, que propicia que una persona tenga que aguantar estas mamarrachadas para continuar su carrera y poder pagarse la luz, es atroz.

 

Fijémonos en lo tétrico de la sonrisa, de la amabilidad de los trajeados; en la sumisión al recibir el atropello de manera sutil. No hace falta que nos den una bofetada para agredirnos, ponerle a un trabajador un capirote o darle un tartazo es de juzgado de guardia. Si en esto no vemos una dinámica de secta de libro, es que no hemos aprendido nada de la granja Manson. Pero los sociópatas con traje pasan más inadvertidos.

Debemos resetear, tomar aire y plantearnos en qué sociedad estamos viviendo y trabajando, en la que hasta encauzándose hacia los fines más nobles se pasa de puntillas por la sucesión de procesos que mutilan nuestra dignidad personal.

Es irrenunciable la tolerancia cero al abuso laboral: los impresentables que promueven estos bucles comerciales, al banquillo cuanto antes. En algún momento tenemos que dejar de tragar, el “todo vale”, y “ las cosas no están como para quejarse”. Denuncia al canto a pandillas como éstas, y escraches, y lo que haga falta.

OPINIÓN POR CARLA LEIRAS