Ecos y Estigmas

Publicado por o día 09/02/2015 na sección de Opinión,Opinión por Carla Leiras

Ecos y Estigmas

Esta semana pudimos leer en la prensa que dos antidisturbios están bajo tratamiento retroviral al haberle efectuado una maniobra de resucitación de emergencia a un accidentado que resultó portador del VIH.

La UFP declara que lleva meses solicitando como esencial la adquisición inmediata de los equipos necesarios para evitar este tipo de situaciones ya que bastaría con un resucitador manual con mascarilla para insuflar oxígeno, que tendría escaso coste y podría descartar peligros similares en el futuro si se incluyesen en todos los coches patrulla.

Aplicar la medida es laborioso ya que en ninguna comisaría de España se ha llevado a cabo todavía y los trabajos de resucitación de este tipo por parte de un agente de policía son puntuales y accidentales. Igualmente, anticiparse a estas situaciones es de sentido común y la protección de todos los trabajadores se debe priorizar, cortando de raíz cualquier riesgo a la salud derivado de una omisión de la seguridad, como puede haber sido la negación de estos equipos al sindicato, que denunció el año pasado casos similares referidos al contagio de tuberculosis.

Llama la atención, sin embargo, que en las declaraciones a prensa se recoja en los medios que los implicados en la situación, que están siendo tratados con medicación retroviral para evitar un bajísimo riesgo de contagio se sienten asustados y, literalmente “ni pueden darle besos a sus hijos por temor al contagio mediante fluidos vitales”.

Sin dotar de ningún tipo de mala intención a las mismas, sí parece grave que la ciudad haya amanecido, por ignorancia de los afectados o por falta de filtro de los medios, repleta de reportajes que incluyen frases como ésta: dándole a entender a la ciudadanía que el riesgo de contagio de VIH es el mismo que por profunda desinformación, asumía como cierto la población de los ochenta.

Debería tener especial sensibilidad la prensa al enfocar un tema como este para en ningún caso crear conciencia a favor de la exclusión de los portadores, que libran una dura batalla por conseguir que socialmente exista una información veraz que se cristalice en la no discriminación diaria de un colectivo estigmatizado.

Que nadie contagia VIH a su hijo por darle un beso de buenas noches; que ser portador y tener el SIDA no es lo mismo, que el mayor índice de contagio se da entre parejas heterosexuales y no por intercambio de material de inyección ni en relaciones gays, son realidades que debería conocer todo ciudadano, y parece preocupante observar que todavía planea la sombra de la ignorancia y las intuiciones reaccionarias, que algunos sugerimos se atajen con pedagogía y por ello nos presentamos voluntarios para explicar a cualquier colectivo policial interesado los riesgos del virus y sus connotaciones reales, así como animamos a la prensa a no hacerse eco nunca más de semejantes declaraciones, o a transcribirlas señalando su error, tristemente común y condenatorio de quienes han tenido la suerte de salvarse de caer enfermos y vivir desde entonces en un juicio social perpetuo.

OPINIÓN POR CARLA LEIRAS