El alcalde de Zalamea

Opinión por Óscar Gónzalez
Publicado por o día 19/04/2016 na sección de Opinión,Opinión por Oscar González

El alcalde de Zalamea

El nuevo reglamento del pleno de la corporación municipal se aplicará por primera vez la semana próxima. Por obra y gracia de una mayoría absoluta cómoda y una falta de escrúpulos escalofriante, será la primera vez en mucho tiempo que se prohíba el acceso al mismo de la ciudadanía portando carteles y pancartas para reivindicar sus luchas o inquietudes desatendidas por los inquilinos de la casa consistorial.

Tampoco podrán acceder a las sesiones plenarias los medios de comunicación que no hayan sido previamente aprobados por el alcalde o sus lacayos, como ese queso picón que se ve abandonado de los demás de su familia por su fuerte olor.

Resulta, desde luego, bochornoso pensar que alguien que se llama a sí mismo demócrata pueda estar de acuerdo con esto, pero los que mandan en el ayuntamiento vigués saben a la perfección que sus ciudadanas y ciudadanos no castigan demasiado la falta de transparencia, porque los medios mayoritarios en Vigo no ponen el foco sobre las sombras de su gestión –más bien al contrario– y aquello que se desconoce, no existe.

Para aquellas personas que no están familiarizadas con la actitud soberbia y pagada de sí misma de la corporación municipal, seguro que es curioso ver que, en una época en que la ciudadanía está demandando más transparencia y apertura en la gestión de lo público, el ayuntamiento de una de las principales ciudades del estado opte por jugar a la contra y ponga en marcha un sistema de trabas a la participación y la información veraz.

La tendencia, no obstante, no es nueva. Cualquiera que haya asistido a un pleno municipal habrá comprobado con mayor o menor sorpresa el amplio número de vecinos que se plantan desde primerísima hora en el Concello para asegurarse el acceso y poder increpar a aquellas personas que acuden al mismo a expresar disconformidades con la política municipal. Son los mismos que se pueden ver rodeando a Caballero o Silva en diferentes fotos en distintos lugares y variados actos; las rémoras de los poderosos, los que siempre están ahí para defender a su amado líder, los mismos que aparecen en los comentarios de los diarios online alabando cualquier decisión y acusando a los críticos de ser enemigos de la ciudad, como si Vigo fuese sinónimo de Caballero y criticar a este segundo implicase atacar a nuestra urbe.

Por desgracia, la estrategia parece estar dando resultado y este nuevo reglamento del pleno es un ejemplo más de la baja calidad democrática que aqueja al gobierno de esta ciudad, que parece considerarse a sí mismo una especie de déspota ilustrado, cómodo en la confrontación ramplona y la línea discursiva de titulares sin hechos de respaldo, como fue el caso de los refugiados que Vigo se disponía a acoger y, a día de hoy, ni están ni se los espera. ¿Quién ha pedido explicaciones al respecto? Solo el silencio responde a esta pregunta, como a tantas otras que incluyen desde los contratos de Aqualia hasta los conflictos en Linorsa, pasando por la «investigación» de algunos notables de la ciudad como Rivas o Santos.

La pregunta que debemos hacernos es cómo se devuelve a una ciudadanía adormecida en el discurso de la defensa de la ciudad ante los ataques de un enemigo externo e indeterminado el interés por conocer el trabajo de sus representantes municipales, por hacerlos responsables de sus acciones u omisiones y la oposición frontal de la gente corriente a la arbitrariedad y los caprichos de los que han venido a servir pero creen que están aquí para mandar.

Mientras no demos con la fórmula para despertar a una ciudad que duerme, tendremos Caballero para rato y seguiremos siendo los de siempre, predicando en desierto, brindando al sol y gritando al cielo.

OPINIÓN POR ÓSCAR GÓNZALEZ

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