Estado Crítico

Publicado por o día 02/09/2015 na sección de Opinión,Opinión por Oscar González

Estado Crítico

Cuando uno lee el currículo de la actual Conselleira de Sanidade de la Xunta de Galicia, Rocío Mosquera, lo primero que salta a la vista es su amplia formación: licenciada en Medicina y Cirugía por la Universidad de Santiago, Máster en Gestión Hospitalaria y otros estudios complementarios. Resulta refrescante que un responsable de sanidad tenga formación en la materia sobre la que tomará importantes decisiones, especialmente si se tiene en cuenta que una amplia mayoría de las personas que han sido ministras en esta materia eran, en cambio, licenciadas en derecho o económicas.

Pero de nada sirve un currículo adecuado a la función a desarrollar si este no está acompañado de una verdadera vocación de servicio público y un escrupuloso respeto por los principios de mérito y capacidad o la transparencia en el desempeño del cargo. Por desgracia para este país, no parece que la Conselleira Mosquera tenga en esto sus mayores virtudes.

Cuando Manuel Fraga Iribarne accedió a la presidencia de la Xunta de Galicia por primera vez, Mosquera ya ostentaba el cargo de Directora de Atención Primaria del Área Sanitaria de Santiago de Compostela. Tras la victoria del partido conservador en los comicios autonómicos, Mosquera inició una ascensión meteórica que la llevaría a ser jefa del Servicio de Inspección Sanitaria, Subdirectora General de Atención Especializada o asesora de la Dirección General de Salud Pública.

Llama la atención que, con una destacable carrera al servicio de la ciudadanía, decida en el año 2002 dar un giro cuasi copernicano y abandonar la función pública para hacerse cargo de la dirección del Hospital Nuestra Señora de la Esperanza, centro sanitario integrado en el holding Nosa Terra XXI, propiedad de la familia Silveira, dueña también del Hospital vigués POVISA. La actual Conselleira se mantuvo en dicho puesto durante siete años, hasta que, en 2009, es nombrada gerente del SERGAS. El viaje a la empresa privada tenía billete de vuelta.

Son varias las polémicas que rodean a Mosquera en esta segunda etapa en el sector público.

Por una parte, lo curioso que resulta que se elija para gestionar todo el Servicio Galego de Saúde a una persona que se ha pasado los últimos siete años trabajando para una empresa privada que tiene importantes intereses –principalmente económicos– en la gestión sanitaria de nuestra comunidad.

Por otra parte, la elección de Price WaterHouse Coopers (PWC) como empresa encargada del estudio y adjudicación del hospital Álvaro Cunqueiro de Vigo recibe importantes críticas por lo cuestionable de esta designación, al ser la hija de Mosquera empleada de la citada consultora.

El asunto no tuvo demasiado recorrido, pero la hemeroteca está ahí para quien desee consultarla.

Sea como fuere, poco tiempo después el Tribunal Superior de Justicia de Galicia, en una durísima sentencia, anulaba el nombramiento del marido de Mosquera como Jefe de Servicio de Cirugía y Aparato Digestivo en el hospital de Santiago. Consideraba el alto tribunal gallego que la comisión técnica de evaluación no había actuado con imparcialidad, tachando de “clamorosa” la falta de motivación de los supuestos méritos del consorte de Mosquera y mencionando expresamente la existencia de desviación de poder en la elección.

Pese a esta serie de lamentables coincidencias, no podemos afirmar ninguna conducta ilegal, aunque sí muchas éticamente discutibles. En cambio, podemos señalar que su gestión de todo lo relacionado con el nuevo hospital Álvaro Cunqueiro de Vigo (H.A.C.) presenta decisiones de lo más cuestionables.

Así, uno no puede evitar preguntarse por qué la Conselleira de Sanidade no hizo uso de la facultad de rescisión por retrasos –totales o parciales– en el plazo de ejecución que reconocía a la Administración Pública el articulo 37 del Pliego de Cláusulas Administrativas Particulares del contrato de concesión de las obras del H.A.C. No solo habría podido ejecutar la garantía de casi diecinueve millones de euros presentada por la empresa adjudicataria, también habría podido demandar una indemnización por daños y perjuicios y, de paso, devolver el contrato a la Sociedad Pública de Inversiones y apostar por un centro hospitalario de titularidad cien por cien pública.

Pero no fue así. De haberlo sido, es posible que hubiese enfadado a mucha gente, en especial a las múltiples empresas concesionarias, algunas de las cuales mantienen excelentes relaciones con diferentes miembros del Partido Popular como Telmo Martín, por citar solo a uno de ellos.

También es posible que, en caso de haber vuelto al proyecto inicial, los intereses de Nosa Terra XXI (recordemos, grupo dueño de POVISA) se hubiesen visto afectados al perder este centro privado su condición de referencia y, con ella, una parte importante del negocio del hospital en cuestión.

Nunca lo sabremos.

Lo que sí sabemos es que el último logro de Mosquera ha sido causar la dimisión de siete de los diecisiete integrantes de la Comisión de Bioética gallega al negarse la Consellería que dirige a publicar un informe sobre las desigualdades asistenciales en la comunidad. Finalmente, ante el revuelo formado por las dimisiones y las acusaciones de censura, la Conselleira se vio forzada a dar marcha atrás y autorizar la publicación del mismo, quedando claro que, de no haber echado los dimisionarios ese pulso a la Xunta, el informe habría languidecido en un cajón.

Desde luego, solo con lo aquí expuesto estaríamos en disposición de pedir a Rocío Mosquera su dimisión. Si a mayores consideramos el sobrecoste final de la obra del H.A.C., los diferentes copagos a los que nos veremos forzados los y las usuarias y trabajadoras de dicho hospital y el hecho de que mañana vaya a ser la causante de la mayor manifestación que recuerde la sanidad gallega, no parece disparatado sugerirle a la Conselleira que vaya haciendo las maletas y llamando de nuevo a la puerta de Nosa Terra XXI.

Sus días de reírse en la cara de los y las gallegas están llegando a su fin.

(Gracias a los compañeros J.S. y M.D. por facilitarme la información para este artículo. Sois muy grandes).

OPINIÓN POR OSCAR GONZÁLEZ