Estupidez humana infinita

Opinión por Oscar González
Por o 17/08/2017 | Sección: Opinión,Opinión por Oscar González
Estupidez humana infinita

Opinión por Oscar González

El terrorismo y la estupidez de los descerebrados han vuelto a golpear. Escribo estas líneas en las primeras horas tras el atropello masivo de Barcelona, mientras la confusión y el caos nos impiden todavía hacernos una idea veraz de lo que ha ocurrido. Unos diarios hablan de más de una decena de muertos, otros confirman solo dos. Da igual el número, porque uno es ya una tragedia sinsentido, una atrocidad. Nada de lo que se diga en estas horas es importante, porque sabemos que nada puede acallar el dolor de quien esta noche no podrá abrazar a ese padre, esa hija o ese amigo que se ha quedado bajo las ruedas de la ignorancia. La humanidad nos obliga a guardar un silencio respetuoso, circunspecto. La rabia nos pide gritar, indignarnos, ciscarnos en una justicia que, más que nunca, se nos queda raquítica y blandengue. Queremos venganza y retribución. Es natural que así sea.

Pero no caigamos en el error de pensar que algo es correcto por el mero hecho de ser natural.

No pensemos que los crímenes que más nos horrorizan requieren leyes de excepción para ser gestionados, no seamos tan cortos de miras para creer que el fuego se combate con fuego, porque sabemos de sobra que no es así. Quien comete una atrocidad como la de Las Ramblas tal vez sea menos que un ser humano, pero nosotros no podemos rebajarnos a su nivel. Suena a tópico manido, lo sé. No es, por ello, menos cierto. La justicia debe actuar contra los que perpetran crímenes atroces, y debe hacerlo desde la frialdad de la norma escrita, sin concesiones a lo que piden los corazones y las gargantas más exaltadas, esas a las que ha faltado tiempo para empezar a vomitar su xenofobia ante lo que parece ser un nuevo golpe del yihadismo.

El resultado de ese discurso irresponsable y cargado de odio es, en última instancia, el triunfo del terrorista, porque su misión no es otra que infundir el terror para hacer valer sus posicionamientos. Dicho de otro modo: nada regocija más a las malditas cabezas detrás de cada nuevo zarpazo que los estados de excepción y las modificaciones normativas ad hoc, porque estas no parten de la reflexión y el debate, sino tan solo de la visceralidad reactiva que acompaña al animal asustado. A quien está dispuesto a morir por una causa no le asusta la pena de muerte ni la cadena perpetua, igual que las tiritas no curan la hemofilia; taponan la herida, aunque esta no deje de sangrar.

La humanidad, siento romperles la ilusión, nunca será capaz de acabar con todos los terroristas del mundo, como parecen creer los que piden bombardeos indiscriminados y el exterminio de regiones enteras del planeta. No entienden ─o quizá sí, y eso da aún más miedo─ que cada explosión de una bomba lanzada en nombre de nuestra causa justa se percibe por quien la sufre igual que nosotros lo hacemos con el horror de los cadáveres y los heridos en el suelo.

Pedir justicia como eufemismo para decir venganza es empezar a andar el mismo camino de intolerancia que un día anduvo el malnacido que atenta y que siempre, sin excepción, vivió un proceso de radicalización como respuesta a una situación de injusticia, opresión o miedo, ya fuera esta real o tan solo percibida.

Las situaciones como la de hoy, tan traumáticas, son también el caldo de cultivo para que crezcan los discursos de odio al diferente, al extranjero, ese “otro” en el que se personalizan todos los males del mundo. Lo estamos viendo en los Estados Unidos, donde la depauperación de la clase trabajadora blanca ha traído como consecuencia la llegada al poder de un individuo como Donald Trump, un vendedor de crecepelo con un discurso facilón y maniqueo, que pone el foco sobre la inmigración como causa última de los males de los Estados Unidos. Un protofascista cada vez menos “proto” que equipara a nazis y antifascistas sin el menor rubor. Un monstruo alzado al poder por los mismos que se envuelven en la bandera de las libertades.

Tal vez lo más aterrador del terrorismo no es otra cosa que el hecho de que, en nuestro fuero interno, nos deja a solas con nosotros mismos y nos obliga a mirar a esos pequeños recovecos oscuros en los que se esconde el microfascismo que todo ser humano lleva dentro por definición. O el saber que cada vez que la respuesta la encontramos en esa oscuridad interior, han logrado sus objetivos.

Así que, una vez más, respiremos hondo y cerremos la puerta al miedo. Lloremos a los muertos, apoyemos a los heridos y a las familias. Demostremos que no estamos dispuestos a regalarles la victoria de convertirnos en un pueblo amedrentado. Defendamos el imperio de la ley, por injustas que sean nuestras leyes actuales. Salgamos a la calle con la cabeza alta y sin miedo. Intentémoslo al menos, o ya habrán ganado, se escondan en cuevas en el medio de ninguna parte o en el 1600 de la avenida de Pennsylvania.

Nacido en Vigo hace 36 años. Marxista, melómano y cinéfilo empedernido. Diplomado en lengua inglesa. Trabajo como agente inmobiliario mientras no consigo ganarme la vida como escritor . Activista social y ex miembro del Consejo Ciudadano de Podemos Vigo

2 Respuestas a "Estupidez humana infinita"

  1. Gamela   18/08/2017 at 11:24

    Defendamos el imperio de la ley, por injustas que sean nuestras leyes actuales Me temo que ese es precisamente nuestro gran error, mantener las leyes actuales como parapeto sale caro, muy caro…

    Después del mayor HORROR vivido por la humanidad (60 millones de muertos!) la conciencia colectiva escribió una LEY (con treinta artículos sencillos y claros!) pero nuestro egoísmo y nuestro cinismo olvidaron en 70 años ponerla en práctica !!!

    https://twitter.com/Gamela2017/status/898235054912090112

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  2. Oscar Glez.   23/08/2017 at 23:24

    Hola Gamela. El Imperio de la Ley es un principio fundamental de la democracia. Ello no significa que haya que obedecer leyes injustas. Si te he entendido bien, creo que mezclas conceptos. Si te he entendido mal (además de disculpas) agradecería que me aclares lo que planteas.

    https://es.wikipedia.org/wiki/Imperio_de_la_ley

    De acuerdo con la referencia a la Declaración de DD.HH, pero precisamente ese es un ejemplo de lo necesario que es el concepto de Imperio de la Ley.

    Un saludo y gracias por leerme.

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