Grecia y el mito de Sísifo

Publicado por o día 20/09/2015 na sección de Opinión,Opinión por Miguel Diéguez

Grecia y el mito de Sísifo

Una de las historias más conocidas de la mitología griega es el mito de Sísifo. Si bien la mayoría de la gente no conoce el grueso de la historia, sí es de cultura general que Sísifo fue condenado por los dioses a llevar hasta lo alto de una montaña una roca enorme, pero al llegar a lo alto esta siempre se caía, y Sísifo debía volver a empezar. Una y otra vez, una y otra vez, por toda la eternidad.

Hoy los dioses de la Troika pretenden condenar a Grecia a una eternidad tratando de levantarse, para que, cuando parezca que lo va a lograr, exigirle el pago de un nuevo plazo del “rescate”, de forma que tengan que pedir el enésimo préstamo para hacerlo.

La condena a una eternidad de dolor y penuria coincide en el mito de Sísifo y en la Grecia actual.

¿Pero coincide también el motivo del castigo?

La leyenda de Sísifo, como muchas leyendas griegas, consta de varias versiones, fruto del paso de los siglos. Todas coinciden en que cuando Tánatos, La Muerte, fue a buscar a Sísifo, este logró repelerla colocándole unos grilletes. De esta forma, nadie murió hasta que Ares rescató a Tánatos y le liberó de las cadenas para que pudiera seguir cumpliendo su función, al tiempo que le entregaba a Sísifo para que lo condujese al averno.

Pero antes de ser llevado allí, Sísifo pidió a su esposa que no le ofreciese los cultos propios de los muertos. Así, cuando se encontró en el Inframundo con Hades, logró convencerle de que le permitiese regresar para castigar a su esposa por ello. Pero Sísifo, evidentemente, no la castigó, sino que se quedó con ella para vivir varios años más en el mundo de los vivos.

El motivo exacto del castigo a Sísifo se discute. Una versión habla de que Sísifo reveló los designios de los dioses a los hombres; otra, que los dioses se burlaban de su negativa a morir condenándolo a una vida eterna de sufrimiento; otra hipótesis es que fue condenado por asesinar viajeros.

Desde luego, podemos descartar por completo el tercero de los motivos, pues nada ha pasado con España tras asesinar a 15 personas en las aguas de Ceuta disparándoles para que no llegasen a tierra. Tampoco ha habido sanciones económicas ni condena de ningún tipo a España por colocar concertinas en las vallas de Ceuta y Melilla, ni a Hungría por comprarle el mismo tipo de “medidas protectoras” a nuestro país. No, asesinar viajeros no parece el motivo de la nueva condena sisifiana a Grecia.

Quizás el motivo sea que Grecia ha revelado a los humanos los designios de los dioses, especialmente con el pícaro Varoufackis peleando solo contra las deidades del neoliberalismo en Bruselas. Grecia ha forzado a la Troika y a Alemania a quitarse la careta, con frases tan contundentes y macabras como “el resultado de unas elecciones no cambia absolutamente nada” del ministro alemán Schäuble.

También es posible que los dioses de la Troika quieran condenar a Grecia por negarse a morir.

Mientras en buena parte de Europa parece acatarse sin rechistar el lema neoliberal TINA (“There Is No Alternative”), en Grecia la Coalición de Izquierda Radical ha logrado canalizar la rabia y el descontento para articular un proyecto divergente al mantra de la austeridad. Al menos hasta el momento, pues la sumisión al memorándum y el acatamiento de las privatizaciones ya ha provocado una sensación de desencanto y apatía entre parte de quienes confiaron en Tsipras en enero.

Grecia decide hoy si rendirse, dejar la roca, pedir perdón a los dioses y asumir su muerte como nación soberana para renacer como colonia, o si continuar luchando contra sus designios.

Tsipras tiene a su favor el haber tenido la decencia de convocar elecciones tras incumplir su programa. También hay que reconocerle que ha logrado devolver la luz y la electricidad a cientos de miles de hogares, ha detenido los desahucios y ha reabierto el canal de televisión público ERT.

Incluso puede pedir más tiempo a los griegos arguyendo que vienen nuevos procesos electorales en otros países, en los que aparecerán nuevos gobiernos amigos. Y quizás con ello logre retener el gobierno, veremos con quién de socio.

Lo que está claro es que mientras en enero los griegos salían a ganar votando a Syriza, hoy salen a no perder. Y de ilusión sólo no se vive, pero sin ilusión, todo proyecto político que pretenda realmente subvertir la realidad en favor de los muchos, siempre muere.

OPINIÓN POR MIGUEL DIÉGUEZ