El hombre tranquilo: la (son)risa de Mariano

Opinión por Óscar González
Publicado por o día 28/10/2016 na sección de Opinión,Opinión por Oscar González

El hombre tranquilo: la (son)risa de Mariano

Ayer Mariano fue al Congreso a divertirse. Se le notaba en la cara y en el lenguaje corporal, había ido a echarse unas risas para celebrar que, tras diez extenuantes meses viendo pasar el tiempo, por fin iban a devolverlo al sitio que por naturaleza y derecho le corresponde.

Rajoy subió a la tribuna con tranquilidad, sin prisas, con la confianza del boxeador que sabe que su rival se tirará a la lona en el segundo o tercer asalto. Hay que reconocerle que ha mejorado mucho en lo que se refiere a puesta en escena. Esos cuatro años de estar constantemente en la televisión (de plasma) le han dado porte y aplomo.

El guión se lo habían escrito en letras bien grandes y con muchos colorines, para evitar que se perdiera en ese espesor mental cercano a la apoplejía que lo asalta a veces cuando se mete en asuntos complejos como la relación de los alcaldes y los vecinos o los platos y los vasos. Según fuentes (que es lo que se suele decir cuando te vas a inventar algo), también contenía anotaciones en los márgenes con sugerencias sobre qué cosas hacer y cuáles no. Por ejemplo, uno de los comentarios le recomendaba no referirse al PSOE como “mi putito”, mientras otro le indicaba que era mejor no llevarse la mano al paquete exclamando “los que me ibais a echar podéis comerme esto”, por muchas ganas que tuviera de hacerlo. Porque quedaría poco presidencial, no por inoportuno. Rajoy optó por seguir las indicaciones, aunque no se descarta que reserve el gesto para mañana cuando haya sido ya investido y la carga simbólica del mismo sea mucho más alta.

Hay que reconocerle el mérito. Aguantó serio toda su primera intervención mientras nos describía ese país idílico que solo los más antiespañoles nos negamos a ver, en el que el paro baja del 20% pero no se debe a la precarización y en el que España no ha sido “rescatada” por Europa, donde no existen los comedores sociales ni nadie duerme en la calle tras recibir una patada en el culo de su “banco amigo”. Ni una sonrisa socarrona, ni un atisbo de incredulidad en su rostro, nada. Pensar que es desfachatez, indigna, pero darse cuenta de que tal vez él mismo se cree el cuadro que pinta pone los pelos como escarpias.

Pero, como decíamos, tras aguantar serio toda la primera parte del día, el ímprobo Mariano decidió en las réplicas que había llegado la hora de soltarse un poco la melena vacilando a propios y extraños, algo en lo que hay que reconocerle su genialidad y bizarría. Tres asesores de comunicación saltaron por la ventana de Génova 13 cuando oyeron al capo hacer bromas con los SMS a Bárcenas y la trama Gürtel, que está siendo juzgada a un par de trasbordos de metro del Congreso, pero eso a quién le importa: hemos venido a emborracharnos y el resultado… bueno, el resultado ya lo sabemos.

Mañana, alrededor de las siete y media de la tarde, se cerrará el círculo y tendremos a los de siempre cuatro años más al timón. Se abre un nuevo escenario, con una correlación de fuerzas diferente que, parece, obligará a mucha negociación y diálogo, en un país que prefiere apelar a las gónadas como ultima ratio (Anguita dixit), antes que contraponer ideas y buscar consensos.

Tal vez pasados esos cuatro años sea el momento de que llegue lo nuevo y se abran las puertas y ventanas. Los procesos de cambio social son lentos y están llenos de flujos y reflujos, lo sabemos. También que asaltar los cielos es más fácil sobre el papel que sobre el campo de batalla.

Pero, por ignorancia o por idealismo, por orgullo o por dignidad, algunos seguiremos considerando un fracaso como sociedad que vuelva a mandar en el país quien invocaba indirectamente la omertá en mensajes a ladrones y se permite hacer bromas al respecto.

Llámennos cenizos.