Hooligans

Publicado por o día 04/03/2016 na sección de Opinión,Opinión por Oscar González

Hooligans

El primer ejemplo que me viene a la cabeza es la portada de El Jueves en la que el Borbón joven se lo montaba con la (hoy) reina consorte «doggie style» (a veinte uñas, vamos) al tiempo que, refiriéndose al cheque bebé de Zapatero, afirmaba que si ella quedaba embarazada sería lo más cerca que él habría estado nunca de trabajar. Tamaña afrenta a la noble y bienquerida pareja sólo pudo ser desfecha mediante el secuestro judicial de la revista.

La «exceptio veritatis» (tecnicismo jurídico para referirse a la descarga de responsabilidad penal cuando se prueba que una supuesta calumnia o injuria es cierta) no operó en este caso.

A finales de los 80, Fermín Muguruza fundaba una banda llamada Negu Gorriak. Estábamos en los años duros de ETA y, más pronto que tarde, Muguruza fue señalado por el «establishment» como peligroso antisistema. Lo mismo le ocurrió a Sociedad Alcohólika, a los que un periodistucho ramplón llamado Alfonso Rojo les colgó el sanbenito de proetarras. El mismo que llamó gordita en televisión a Ada Colau. Algunos se aficionan desde jóvenes a lamer el escroto del poder y nunca lo dejan. La ética, como queda demostrado, no se desarrolla con los años.

Esos grupos –y otros muchos– empezaron a tener problemas para ser contratados y, así, nació la etiqueta «rock radical vasco», que en el imaginario colectivo se convirtió en sinónimo de proetarra. Peligrosa arma el canto, como podría atestiguar Víctor Jara si tuviera manos y vida.

Hay muchos ejemplos más de este tipo de manipulaciones de la opinión pública y, lejos de ir a menos, parece que están viviendo una segunda juventud. Javier Gallego fue expulsado de la radio por ser incómodo. Jesús Cintora, de la televisión y, en fechas recientes, recordamos la jauría de fachas que aullaron como bestias al descubrir unos tuits de Guillermo Zapata y los océanos de tinta que corrieron sobre si era un cabrón insensible y proetarra o no.

Rita Maestre se quitó la camiseta en una iglesia para reivindicar la aconfesionalidad de las instituciones y, por hacer una historia larga corta, se acabó bajando los pantalones ante la Conferencia Episcopal, esos a los que hay que respetar aunque se follen niños, supongo que por no hacer más ruido en el ya bullicioso ayuntamiento de Madrid. Luego llegaron los titiriteros, que vinieron a confirmar lo que ya sospechábamos: que todo es ETA y que, aunque la Constitución prohíba los Tribunales de Honor, esa función ha sido asumida ya por los «mass media», así que todo bien.

Y la cosa escala hasta que ayer un socio del Celta de Vigo es expulsado del estadio de Balaídos por cantar el himno del club mientras alzaba una bufanda vintage, la forma cool de decir antigua, del colectivo Celtarras. El vigilante que lo expulsa dice que esa bufanda es apología del terrorismo, aunque no explica en qué momento exactamente el colectivo Celtarra pasó a engrosar la lista del “todo es ETA”. Probablemente ni lo sabrá. En su mente habrá operado una asocación de ideas simples, que es lo que se busca cuando se esparce basura desde la tele o los diarios y se le llama periodismo. Es lo que ocurre por jugar con conceptos muy serios y tener unos medios de comunicación que sólo sirven ya para que la estulticia campe a sus anchas por nuestras ciudades y nuestras cabezas. Que un hombre acabe expulsado de un estadio por llevar una bufanda nos demuestra que sí, que a los que sujetan las correas que nos atenazan les está funcionando bien la estrategia.

Nadie asumirá responsabilidades por lo de ayer. Probablemente nadie se disculpe con el veterano celtista, como nadie se ha disculpado con ninguna de las personas difamadas públicamente por el simple hecho de ser molestos para los miserables de siempre. Nadie pensará que esta oleada de totalitarista corrección política se nos está yendo de las manos. O quizá sí, alguien lo pensará… y callará para no tener problemas.

Todo correcto, señores de la Oligarquía. El rebaño sigue paciendo.

OPINIÓN POR OSCAR GONZÁLEZ