Infierno de Cobardes

Publicado por o día 14/07/2015 na sección de Opinión,Opinión por Oscar González

Infierno de Cobardes

A lo largo de la historia, la deuda nacional ha sido uno de los elementos más comunes para someter países y, en caso de impago de dicha deuda, se recuperaba lo debido, más unas suculentas plusvalías, a sangre y fuego. De la misma manera, se imponían gobernantes, se expropiaban recursos naturales como prenda y, en general, se actuaba de la misma manera asquerosa, inhumana e insolente a la que ya nos tienen acostumbrados los poderes financieros.

En algún momento de la historia, eso que se ha dado en llamar “comunidad internacional”, llegó a la conclusión que lo de invadir países y masacrar a sus poblaciones para cobrarse deudas en recursos naturales o mediante la conversión de los países en “protectorados” estaba muy feo y no podía permitirse en un mundo que se sentía moderno. Ello, por supuesto, no fue impedimento para que los poderes financieros, esos que se corren como cerdos (durante horas) ante tipos de interés, siguieran practicando una explotación lenta y paulatina de aquellas naciones que, en el fondo, no le importaban a nadie. Y así se convirtieron en personalidades dignas de estudio en la universidad personajes tan oscuros y discutibles como Milton Friedman o Margaret Tatcher y el neoliberalismo, esa teoría económica que se reduce a su mínima expresión en la frase “el control del dinero debe estar en manos privadas”, se convirtió en el faro que guiaría a la gran mayoría de políticos del mundo desde los años 70 hasta hoy.

Imagino que si un ataque al corazón no se hubiera llevado a Friedman en el año 2006 (Dios lo tenga en su gloria), el anciano economista neoliberal estaría hoy aplaudiendo con las orejas al ver el dantesco espectáculo que se ha producido con el acuerdo de Grecia con sus acreedores internacionales, los mismos que hacen bandera de “la Unión de Europa”, pero siguen actuando igual que los estados medievales. Pasados por el tamiz neoliberal, eso sí.

A cualquiera que tenga un mínimo de visión de lo que ha de ser la política, esta nueva situación debería provocarle algo a medio camino entre la indignación y el miedo: la indignación por ver cómo “Los Mercados”, han acabado doblando el brazo a la voluntad popular y soberana de la nación griega, pero también la rabia de sentir que Alexis Tsipras y Syriza no han tenido el valor suficiente para ir más allá y hacer valer el resultado del referéndum del pasado día cinco. ¿Qué ha pasado por la mente del ateniense para aceptar un rescate con unos términos más duros incluso que los que se debatieron –y rechazaron– en el referendo griego?

Diría que el miedo.

El miedo, porque se abre un escenario nuevo en el que aquellos a los que no les importa la voluntad nacional de los países, ni están vinculados por los principios del Derecho Internacional, ya que ni son Estados ni se someten a elecciones, han obtenido un triunfo histórico, recordándonos a todos los países del sur de Europa quién manda aquí.

Porque, imagino, Tsipras no querría cargar con la responsabilidad de someter a su país al sufrimiento que podría haber supuesto la continua e inexorable extorsión de esta Europa que ya no se molesta en ocultar sus prácticas de familia Tattaglia. Y así, enfrentado a la decisión de condenar a su pueblo al vasallaje o intentar encabezar el camino hacia la emancipación, optó por lo primero.

Y ahora, Grecia ha de dotar un fondo de garantía con Bienes Públicos que avalen un posible impago de la deuda, porque el desafío que planteó Tsipras fue de tal magnitud –¿quién se ha creído que es para preguntar nada a su pueblo? Aquí se obedece y punto (como nos recordó con otras palabras ese gris payaso sin gracia que preside el gobierno español) – que no bastaba con la victoria: había que apostar por la humillación.

Pero no pongamos el grueso de la culpa sobre quien es, más bien, un damnificado. Tsipras es culpable de no haber estado a la altura de las expectativas que él mismo había generado, y no es poca culpabilidad. Pero las verdaderas responsables de esta situación son esas Instituciones Europeas que han buscado la venganza, la medida ejemplarizante, la humillación, por si acaso a algún otro partidillo que no vaya por la línea oficial de Europa (que es una derecha económica sin escrúpulos) se le ocurriese intentar algún tipo de pulso. Ahora ya saben en el sur quién manda en esta Europa demente y lo que les pasa a los que se atreven a desafiar a la autoridad del dios dinero.

Hoy Europa se ha quitado la máscara de la unidad de naciones solidarias y se ha revelado como lo que en realidad ha venido siendo siempre desde la firma del Tratado de Maastricht: un conglomerado de intereses económicos en los que poco importa el bienestar de las naciones y mucho la seguridad de los capitales.

Hoy hemos perdido una batalla más contra el neoliberalismo y la posmodernidad. Y, aunque aún no somos conscientes de ello, hoy hemos perdido una parte importante de nuestra capacidad para ser pueblo y enfrentarnos a la dominación de esos que gobiernan sin ganar elecciones.

Y ya verán, habrá imbéciles que lo celebren.

OPINIÓN POR OSCAR GONZÁLEZ