Intervención de Alfonso Rueda Valenzuela como delegado rexio na cerimonia de Translación dos restos do Apóstolo Santiago

Publicado por o día 30/12/2022 na sección de España,Sucesos,Xunta de Galicia

Intervención de Alfonso Rueda Valenzuela como delegado rexio na cerimonia de Translación dos restos do Apóstolo Santiago

Santiago de Compostela, 30 de decembro de 2022 En calidad de delegado regio me corresponde continuar una tradición que recuerda un acontecimiento que alteró el curso de la Historia para acompasarla con los valores más preciados de la Humanidad.

La Traslación nace de la búsqueda de un lugar propicio para que fructificase el mensaje de concordia que el Apóstol Santiago había recibido y predicado en su tierra natal. Sus discípulos emprenden con sus restos un largo viaje hasta que la voluntad o el destino —jamás lo sabremos con certeza— los hacen arribar a este rincón de Occidente. En Galicia, los discípulos de Santiago encuentran primero refugio, luego hospitalidad y finalmente un pueblo que asume como propia la misión de propagar aquellas palabras llenas de futuro.

Desde aquí se realiza un llamamiento a todos los hombres y mujeres de buena voluntad, cuyo eco resuena en los confines más remotos, más allá incluso de los límites de la Cristiandad. El vigor de las palabras de fraternidad de Santiago no se ha apagado a pesar del paso del tiempo y los cambios sociales, sino que se ha intensificado. Gracias a la determinación del pueblo gallego por llevar este mensaje al mundo entero, hoy en día son más que nunca los peregrinos que vienen a Compostela a encontrarse a sí mismos y a reunirse con el Apóstol.

En esta Catedral hecha de piedra y plegarias, reiteramos la ofrenda al Señor Santiago establecida por el Rey Felipe IV y recogemos también los ruegos de multitud de peregrinos. Sus angustias, esperanzas y alegrías han quedado incorporadas para siempre a estos muros. Tanto las ofrendas de otros tiempos como esos ruegos anónimos, nos recuerdan que los problemas que nos rodean no son nuevos, aunque sean nuevas las formas que adoptan.

En el mundo de hoy también hay conflictos bélicos que causan muerte y desolación; y existen también calamidades inesperadas, como la ocurrida en Cerdedo-Cotobade. La pérdida de estas siete personas nos sume en una tristeza agravada porque, precisamente, coincide con unas fechas que deben ser de reencuentro y alegría.

En la desolación hemos logrado encontrar brotes de esperanza, gracias a la admirable actuación de los equipos de emergencia. Su heroísmo, que ya ensalzó Su Majestad este verano durante los incendios forestales, ha vuelto a hacerse patente a ojos de toda la sociedad gallega. Ellos siempre están ahí.

Su ejemplo nos reconforta especialmente en un momento en el que nuestras preocupaciones están copadas por la incierta situación económica. Tras los índices, porcentajes y grandes magnitudes se esconden las dificultades que viven muchas familias, cuyas preocupaciones debemos siempre hacer nuestras. Las dificultades cotidianas exigen, por parte de todos, la mayor prioridad, la mayor concentración de esfuerzos y la mayor cercanía.

Ante tamaños desafíos necesitamos confianza en el Apóstol nuestro patrón y también confianza en nosotros mismos. A pesar de este cúmulo de dificultades, la democracia –que en España se plasma en la Constitución y en la Monarquía parlamentaria— nos permite aunar los esfuerzos colectivos, ser partícipes de las decisiones que nos afectan y rectificar los pasos erróneos para recuperar el buen camino. La epopeya que se inicia con la Traslación se convierte a través de los siglos en un faro que siempre inspira esperanza. Dicho de otro modo: debe ser un contrapunto a la resignación.

En ese 2023 que abrimos dentro de pocas horas no deben prevalecer ni la resignación ni el desencanto. Es cierto que hay razones que invitan a ello, pero hay más indicios que llevan a la ilusión. Debajo de una realidad diaria, que no siempre es halagüeña, existe otra formada por un pueblo laborioso, honesto y unido.

Os galegos e españois podemos contemplar con orgullo o noso pasado recente, cando nos demos as mans para afrontar xuntos un futuro compartido, sen exclusións nin discusións estériles.

O noso pobo aseméllase a esta Catedral na que hoxe nos diriximos ao Apóstolo Santiago. Ambas son consecuencia dunha construción laboriosa na que homes e mulleres de todo tempo e condición son protagonistas. Ambas son robustas pero acolledoras; ambas son antigas pero símbolos tamén de unidade que debe imperar nos nosos días. Ambas son exemplos de continuidade e ao mesmo tempo capaces de abrazar a diversidade que enriquece os proxectos comúns.

En fin, tanto a catedral como Galicia e España inspiraron, e teñen que seguir facendo, logros baseados en esforzos que axuntaron vontades antes dispersas. Aquela Translación que fixo posible que Santiago tivese en Galicia ou seu fogar eterno, carrexaba consigo unha obriga: converter esta terra non destino permanente dos que queren descubrir un novo horizonte.

Os galegos cumpriron este labor. Galicia é anfitrioa de innumerables sentimentos que chegan aquí xunto ás mochilas dos peregrinos ao longo de tantos anos.

A praza do Obradoiro é a praza maior de España, de Europa e do mundo, o lugar onde as nacións están realmente unidas. O crecente magnetismo da Ruta Xacobea é un indicio esperanzador dos valores que presidirán o noso mundo ao longo desta década. A pesar de conflitos como o que este ano sacudiu Europa, a irmandade entre xentes distintas acabará prevalecendo.

Estou seguro de que non é casualidade que, no mesmo ano no que o Vello Continente sofre unha terrible fractura, o Camiño de Santiago que serve como columna vertebral de Europa atraia a máis xente ca nunca.

A resposta está no conxunto de valores intemporais que ou Apóstolo trouxo consigo naquela prodixiosa Translación, e que ou pobo galego soubemos cultivar, facer seus e ofrecelos xenerosamente a toda a Humanidade. Ese valores están vivos nunha Galicia que é en si mesma un Pórtico da Gloria baixo o que ninguén se pode sentir, nin debe facelo, estraño nin estranxeiro.

Nesta ofrenda da Translación, Galicia preséntase diante do seu Patrón como garante dun legado inmemorial que seguirá alumeando o gran camiño por onde discorre a Humanidade. Nesta ofrenda da Translación, España solicita do seu Patrón axuda para facer máis fortes os vínculos que nos manteñen unidas ás persoas e aos pobos. Faino coa convicción de que a liberdade, a convivencia e ou benestar teñen na monarquía constitucional representada por El-Rei Felipe VI, un firme, un decisivo baluarte.

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