La cacería

Publicado por o día 18/06/2015 na sección de Opinión,Opinión por Oscar González

La cacería

No sé ustedes, pero yo estoy terriblemente confuso. Quizá sea el calor, es posible, o que empiezo a padecer los efectos de una sobreinformación crónica que ya no me permite distinguir lo sensato de lo estúpido (¿puedo decir estúpido en un artículo sin que nadie se ofenda?), pero el caso es que de un tiempo a esta parte, no me entero de nada.

Por un lado, resulta que en el ayuntamiento de Madrid han aparecido dos personas muy indignas de representar a nadie: uno por unos chistes descontextualizados y una por enseñar las tetas en una capilla dentro de la Complutense. En circunstancias normales yo me preguntaría qué coño pinta una capilla dentro de una universidad pública situada en un Estado que se define como aconfesional, pero ya les digo, con la confusión que tengo encima, quizá esto sea lo más normal del mundo y el raro sea yo. Como quizá sea normal que un obispo diga que algunos menores buscan el abuso sexual o que una diócesis publique un libro alabando las virtudes de la sumisión de la mujer al hombre. Todos estaremos de acuerdo en que nada de esto es tan grave como entrar en una capilla a pecho descubierto, faltaría más. Ser combativos está muy bien, pero sin ofender.

Lo mismo se puede predicar –no hay juego de palabras, en serio– de los chistes zafios del perroflauta rojales con apellido de revolucionario mexicano. Qué ejercicio de coherencia, en cambio, del sacrosanto Jorge Fernández Díaz al calificar al barbudo dimisionario como “indigno”. Lo digno es comparar el aborto con el terrorismo o mirar a otro lado mientras mueren quince negros bajo hostigamiento de la Guardia Civil. Ah, sí, y condecorar a la virgen de nosédónde con la Medalla al Mérito Policial, faltaría más.

Es también de una dignidad sonrojante, especialmente para un representante público, afirmar que algunos sólo se acordaron de su padre cuando había subvenciones o rebuznar que los de la izquierda están siempre a vueltas con las cunetas y la muerte. Eso es talante democrático, sin duda, y no los chistes del perroflauta rojales antisemita. ¿Quién se habrá creído que es, Charlie Hebdo?

Lo indigno y lo indignante es que todas estas barbaridades han sido dichas por diferentes miembros del partido que a día de hoy gobierna este país, ese que, como un boxeador sonado y tambaleante, presume de haber ganado unas elecciones en las que la mejor valoración vino de la mano de Rita Barberá y no se la reproduzco aquí porque ya he escrito varios tacos y no quiero que nadie se ofenda. Ese partido que está compuesto por un montón de personajes sospechosos de haberse estado dando la gran vida a su costa y a la mía, los que nos han mentido, nos han insultado, nos han recortado los derechos y nos han criminalizado hasta la opinión.

Esos que tienen sueños húmedos con lo que Orwell llamaba el “crimental”, el delito de pensar distinto a lo establecido, y nos dan lecciones a todos y todas sobre lo que es moralmente aceptable y lo que no. De ética, en cambio, no tienen ni puñetera idea.

Pero si hay algo en lo que las personas de izquierdas hemos fracasado estrepitosamente ha sido en arrebatarle a la derecha la capacidad de describir qué es lo correcto y lo incorrecto.

Zapata ha dimitido y, como las fieras, los Hernandos, Fernández Díaz, Casados y demás personajes de Berlanga se han excitado con el olor de la sangre, satisfechos con su presa pero hambrientos de más. La persecución ha empezado y ya les hemos enseñado que estamos dispuestos a hacerles sacrificios.

Terrible precedente.

OPINIÓN POR OSCAR GONZÁLEZ

2 Respuestas a "La cacería"

  1. Francisco Jonarse   15/07/2015 at 17:04

    Parece que a usted no le importa la falta de respeto de la señora Maestre hacia las creencias religiosas de los usuarios de esa capilla. Ustedes siempre serán los mismos, se llamen marxistas, leninistas o comunistas.

    • benreilly   03/09/2015 at 20:01

      Tiene toda la razón, siempre seremos los mismos, los locos a los que nos da reparo que se exima de impuestos a una institución religiosa… Y con esa, tantas otras cosas.