Mientras la Ciudad Duerme (La Jungla de Asfalto)

Opinión por Óscar González
Por o 24/07/2017 | Sección: Galicia,Opinión,Opinión por Oscar González,Vigo
Mientras la Ciudad Duerme (La Jungla de Asfalto)

Opinión por Óscar González

Que la ciudad más importante de Galicia tenga uno de sus barrios más emblemáticos en la lista de los cincuenta más pobres de todo el país no es cosa menor, como diría el filósofo. Si además el equipo de gobierno alardea a la mínima de ser el que más gasta en bienestar social, la cosa se agrava. Y lo hace aún más si el cabeza de dicho equipo tiene por costumbre despacharse las críticas de los colectivos que luchan contra la pobreza con chascarrillos, descalificaciones y mentiras, a la vista de las cuales cabe preguntarse por la receta que nos castiga a padecer a tamaños ineptos elección tras elección.

Se ha señalado ya en múltiples ocasiones que la mayor habilidad de Caballero reside en ser un auténtico demagogo, pero tal vez este sea un razonamiento un tanto maniqueo. Es cierto que un alcalde al que no importa el bienestar de sus vecinos no es digno de ostentar dicho cargo, pero no es menos cierto que atribuirle la totalidad de la culpa a él y los suyos sería mirar tan solo a la mitad de la ecuación.

Para ver la otra mitad tenemos que mirarnos a nosotros mismos, a la ciudadanía viguesa, y preguntarnos dónde se ha quedado aquella ciudad vibrante e insurgente que nos enorgulleció en los años más duros del franquismo, cuando el ferrolano que mandaba en todo el país usaba argumentos no tan distintos a los que esgrime Caballero si alguna avanzadilla periodística abre brecha en su muralla de medios afines y sumisos. Los mismos que tendrían que justificar su propia existencia en la fiscalización de los titulares del poder y, sin embargo, tienen la boca tapada por los contratos publicitarios y ciertas partes de la anatomía abeliana que lamen con avidez, como un helado en una tarde de agosto.

Si los medios ejercieran su función de cuarto poder, el alcalde debería ser acribillado a preguntas a la menor ocasión sobre algunas de las más que cuestionables decisiones adoptadas en las últimas semanas, desde la instalación de una fuente con pantalla circular en Rosalía de Castro ─curiosamente, uno de los barrios en los que no hay problemas graves pobreza─ hasta el conjunto ornamental de Gregorio Espino con Urzaiz, un auténtico delirio que parece salido de las pesadillas etílicas de los creadores de Pocoyó.

Sin embargo eso no ocurre así que la única posibilidad pasa por una especie de apertura colectiva de ojos que tiene más de sueño que de hecho probable, puesto que aquellos que tendrían que poner el foco en los temas de actualidad están demasiado ocupados contando las monedas que han recibido por vender a la opinión pública.

Y si la ciudadanía duerme y aquellos que deberían despertarla están demasiado a gusto sentaditos en los bolsillos del poder del que maman sin parar, el único resultado posible será una vez más la revalidación del gobierno actual cuando lleguen las elecciones municipales de dentro de año y medio. Porque si a la propia ciudadanía de Vigo no le importa tener a la cabeza a un individuo capaz de mentir de manera descarada sobre cuestiones de tal gravedad como son los desahucios en la ciudad, el sinhogarismo, las infraviviendas o las personas que se están quedando por el camino porque sus salarios se han recortado tanto que ya ni siquiera tienen garantizada la vida digna mediante el acceso al empleo, si nos dejamos cegar por las luces de colores de las pantallas de plasma en sitios absurdos, por los reflejos del Sol en los mosaicos rosáceos del pulpo de Gregorio Espino y los bancos de Gaudí de Jenaro de la Fuente o por el colorido de los graffitis que enmascaran el gris de nuestras medianeras, tal vez tenga razón Monedero y nos hayamos vuelto como esos a los que, en teoría, no queremos parecernos.

Porque hubo un tiempo en que la noticia de que el Calvario está entre los barrios con menor renta de todo el país habría hecho que Caballero se lo pensase dos veces antes de acercarse por aquí siquiera a tomarse un café en una terraza de la peatonal. Hoy, en cambio, estamos esperándole para que venga a inagurar todas las cosas bonitas que nos ha puesto en el barrio.

Ya saben, ser pobre es una cosa que no se puede evitar, pero no es necesario estar tristes por ello. El mundo es un lugar maravilloso lleno de azulejos de colorines y enormes murales que nos ocultan el gris triste y opaco de vidas truncadas por la inacción y la pasividad de los que pueden hacer algo al respecto. Paredes en las que se dibuja el mar, tan azul y brillante que daña la vista y no permite ver a la masa de humanidad que se arrastra por detrás, la que tiene problemas cuya solución da menos votos que una fuente con luces bonitas y, por tanto, nunca llega.

Parece que aquello del “pan y circo” funciona tan bien que ya ni siquiera el pan hace falta. Y seguimos aplaudiendo como héroes del pueblo a los que demuestran, con sus actos, ser sus peores enemigos. Feo panorama.

Nacido en Vigo hace 36 años. Marxista, melómano y cinéfilo empedernido. Diplomado en lengua inglesa. Trabajo como agente inmobiliario mientras no consigo ganarme la vida como escritor . Activista social y ex miembro del Consejo Ciudadano de Podemos Vigo

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