La confluencia en Galicia y el clutch time

Publicado por o día 18/09/2015 na sección de Opinión,Opinión por Miguel Diéguez

La confluencia en Galicia y el clutch time

El baloncesto es un deporte especial donde los haya. Por su forma de puntuar, muy pocos deportes entre los que se juegan con balón pueden igualarle en finales de infarto. En fútbol, tu equipo puede ganar o empatar con un gol en el último minuto, pero no puede pasar de ir perdiendo a ir ganando con un solo tiro.

Es por ello que el baloncesto deja infinidad de finales no aptos para cardíacos. Además, la posibilidad de pedir varios tiempos muertos, sumado a que el tiempo se para en los tiros libres, hace que 20 segundos se puedan transformar en 10 interminables minutos, donde la tensión se puede cortar con un cuchillo, el balón quema, la grada ruge y el corazón se te sale por la boca. Es en esos momentos donde las niñas y los niños sueñan con hacerse invisibles e ir corriendo al vestuario, y las mujeres y los hombres convierten su sangre en hielo.

Estos momentos casi siempre vienen precedidos de tiempo muerto, en el que los entrenadores tratan de organizar una jugada que permita poner el balón en las manos adecuadas, que no siempre tienen por qué ser las de la estrella. Erik Spoelstra, entrenador de Miami Heat, se equivocó completamente cuando decidió jugarse con Lebron James el triple necesario para forzar la prórroga en el sexto partido de las finales de 2013. Tuvo la inmensa suerte de que Chris Bosh estuvo inteligentísimo a la hora de colocarse para el rebote, y más inteligente aún para darle el balón a Ray Allen, un especialista desde la línea de 3, en vez de volver a buscar a Lebron. Pero no siempre se tiene tanta suerte.

Estos momentos, donde el tiempo se agota y de la gloria a la ruina hay medio paso, se conocen en baloncesto como “clutch time”.

Toda esta reflexión viene al hilo de la negociación actual para conformar una candidatura unitaria de cara a las elecciones generales. Una negociación que para mí, desde Podemos ha de ser concebida como un tiempo muerto en el que bajar pulsaciones, reflexionar, y pensar cómo ganar el partido.

El aspecto en el que más y mejor se puede reflexionar, es a la hora de conformar las listas provinciales, para abrirlas no sólo a la confluencia con miembros de otros partidos, sino, e igual de importante, a la confluencia con personas provenientes de los movimientos sociales. Como todo el mundo sabe, Podemos celebró sus primarias a comienzos de verano, con un nuevo triunfo arrasador de Pablo Iglesias y su equipo, pero un triunfo a la italiana, amarrando el resultado y poniendo el autobús.

Uno de los elementos más seductores de Podemos ha sido su capacidad de atracción de militantes de los movimientos sociales. Así tenemos en la dirección a Rafa Mayoral, el abogado de la PAH Madrid durante años, o a Irene Montero, destacada activista de esta misma organización. Nuestro candidato por Asturies, Emilio León, es sindicalista de la Corriente Sindical de Izquierda. Y como ellos, muchísimos más ejemplos. Sin embargo, a la hora de elaborar la lista, Pablo ha apostado por hacer una lista “de aparato”, en la que se incluye el propia Rafa y la propia Irene, pero que ya no son, ni se perciben cara afuera, como miembros de la sociedad civil.

Con esto no quiero decir que quienes han integrado dicha lista no provengan de los movimientos sociales, o sean ninguna clase de burócratas de partido. Los dos ejemplos más cercanos que tengo, Pam y Tone, cabezas de lista de Podemos para Pontevedra y Coruña, tienen una dilatadísima militancia en movimientos sociales. Pam ya estaba en el movimiento estudiantil cuando yo comenzaba a afeitarme, y Tone participaba de movimientos sociales cuando a mí ni me había salido pelusa en las piernas.

No son burócratas, no, pero ya no son activistas de movimientos sociales, básicamente porque necesitarían días de 36 horas para poder serlo. Y en lugar de apostar por seguir abriendo Podemos, la apuesta que se ha realizado ha ido en la línea de “asegurar las plazas”: tener a un/a diputado/a fiable por provincia mínimo, y decorar la lista con alguna personalidad externa.

Quizás con ello se pretendía asegurar una mínima posición de fuerza para ahora, en el momento de la ampliación de las listas confluyendo con otras organizaciones y movimientos ciudadanos, abrir la lista a personas provenientes de los movimientos sociales. Si es así, habrá sido una jugada maestra que muchos, entre los que me incluyo, habremos tardado en entender.

De no haber sido esa la estrategia, sigue siendo un buen momento para replantearla e integrar en la lista a esos jugadores que no anotan 20 puntos por partido, pero bajan el culo en defensa, rebañan cada rebote, y no les da miedo estar en cancha a la hora de la verdad. Esos jugadores que no tienen 500 likes en una publicación, pero sí tienen 50 casos de ejecución de desahucio encima de su mesa y se reúnen con los bancos para encontrar solución a todos y cada uno, esas jugadoras que se tiran 13 días en huelga de hambre en Povisa porque van a despedir a 10 personas más, esa gente que no mira sus estadísticas al final del partido, sino las del equipo, y nunca te falla porque siempre ha estado ahí.

Llegamos al clutch time por detrás en el marcador, pero con equipo suficiente para levantar el partido. Podemos hacer como Lebron James y pensar que jugándonos un aclarado ganaremos porque somos el mejor jugador de la Liga, o podemos pedir tiempo, y darnos cuenta de que tenemos especialistas que pueden ganar este partido, y si lo ganamos y pasamos a la siguiente fase, ayudar a ganar los que vengan después.

PD: No me imagino ganando este clutch time sin Beiras en pista para marcar la jugada.

OPINIÓN POR MIGUEL DIÉGUEZ