La COVID-19 provoca interrupciones en los servicios de protección de la infancia en más de 100 países

UNICEF presenta las conclusiones de un nuevo estudio en 136 países
Publicado por o día 18/08/2020 na sección de Coronavirus,Social,UNICEF

La COVID-19 provoca interrupciones en los servicios de protección de la infancia en más de 100 países

Los servicios de prevención y respuesta a la violencia se han visto gravemente interrumpidos durante la pandemia de la COVID-19, lo cual ha incrementado el riesgo de que los niños sufran actos de violencia, explotación y abuso, según un estudio mundial llevado a cabo por UNICEF.

De los 136 países que respondieron al estudio sobre las repercusiones socioeconómicas de la respuesta a la COVID-19, 104 notificaron una interrupción de los servicios relacionados con la violencia contra los niños. Alrededor de dos terceras partes de los países (incluidos Sudáfrica, Malasia, Nigeria y Pakistán) informaron de que al menos un servicio había resultado gravemente afectado. En Asia Meridional y en Europa Oriental y Asia Central se registra la mayor proporción de países que denunciaron interrupciones en la disponibilidad de los servicios.

“Apenas estamos empezando a ser realmente conscientes del daño que están sufriendo los niños, que se han visto más expuestos a la violencia durante los confinamientos derivados de la pandemia”, señala Henrietta Fore, directora ejecutiva de UNICEF. “El cierre de las escuelas y las restricciones a los desplazamientos han obligado a algunos niños a quedarse encerrados en casa con sus agresores, cuyo nivel de estrés no dejaba de aumentar. La consecuente repercusión sobre los servicios de protección y los trabajadores sociales hace que los niños no tengan a quién acudir para pedir ayuda”.

A medida que los países adoptaban medidas de prevención y control para contener la COVID-19, muchos servicios vitales de prevención y respuesta a la violencia se suspendían o se interrumpían en consecuencia. Más de la mitad de los países notificaron interrupciones en la gestión de los casos, los servicios de remisión y las visitas de los trabajadores sociales a los niños y las mujeres en riesgo de sufrir abuso. Los programas de prevención de la violencia, el acceso de los niños a las autoridades de bienestar infantil y los servicios nacionales de líneas de asistencia también han resultado afectados en muchos países, según revelan las respuestas.

Incluso antes de la pandemia, la exposición de los niños a la violencia era muy generalizada: casi la mitad de los niños del mundo sufría castigos corporales en su hogar, cerca de 3 de cada 4 niños de entre 2 y 4 años eran sometidos a distintas formas de disciplina violenta, y 1 de cada 3 adolescentes de entre 15 y 19 años había sufrido abusos por parte de su pareja sentimental en algún momento de su vida.

On 6 August 20202, psychologist Olena Davydova (right) asks “What is depicted here?”, as she works with a child in Bilokurakyno, Eastern Ukraine.
In Ukraine, disruptions caused by the COVID-19 response and associated containment measures disproportionally affect children and their families. 42,000 children, including those with disabilities, were sent back home from boarding schools and other child care institutions as a result of measures enacted to stem the spread of COVID-19. Moreover, the poverty rate in Ukraine is expected to increase significantly in 2020; economic deterioration will have the most devastating impact on vulnerable groups, especially households with children. The impact of COVID is tangibly harder for those in Eastern Ukraine affected by conflict.
The situation has led to growing demand for social services and for enhancing the role of social workers in the community. Being at the forefront of response actions to COVID-19, social workers are particularly at risk during the pandemic, yet despite the risks they continue to work with families; their role is crucial for addressing the consequences of the outbreak.
UNICEF Ukraine is working with regional and local partners to rapidly assess the situation and provide support to children and families in vulnerable communities, as well as to equip front-line responders in Eastern Ukraine with protective supplies and technical guidance.

Los estudios de anteriores epidemias y crisis revelan los devastadores efectos que estas tienen sobre la denuncia de los casos de violencia contra los niños y la prestación de servicios relacionados. Durante el brote de ébola en África Occidental, por ejemplo, las estructuras y los mecanismos comunitarios dedicados al bienestar infantil se debilitaron, y las respuestas en materia de protección de la infancia se retrasaron o resultaron afectadas de otro modo. Además, durante pandemias de la salud como la de COVID-19, la limitación del contacto con las redes de apoyo informales como los amigos, los maestros, las personas encargadas del cuidado de los niños, los familiares y los miembros de la comunidad aumenta la vulnerabilidad de los niños y las familias.

UNICEF está ayudando a los gobiernos y a las organizaciones aliadas a mantener y adaptar servicios fundamentales de prevención y respuesta para los niños afectados por la violencia durante la COVID-19. Por ejemplo, en Bangladesh, UNICEF ha distribuido artículos de higiene personal como mascarillas, geles hidroalcohólicos y protectores oculares para los trabajadores sociales, a fin de que puedan ayudar en condiciones de seguridad a los niños que viven en la calle, en los barrios marginales y en zonas afectadas por el clima y de difícil acceso. Así mismo, está apoyando el reclutamiento y formación de más trabajadores sociales para que puedan prestar servicios a través de la línea telefónica de ayuda inmediata.

“Los sistemas de protección de la infancia ya mostraban las carencias para prevenir y responder a la violencia contra los niños, pero la actual pandemia mundial ha agravado el problema y ha hecho imposible la labor de quienes debían proteger a los niños que están en peligro”, lamenta Fore. “Demasiados niños dependen de los sistemas de protección de la infancia para estar a salvo. En momentos de crisis, los gobiernos deben tomar medidas inmediatas y a largo plazo que protejan a los niños de la violencia, incluyendo medidas como el reconocimiento e inversión en los trabajadores sociales como personal esencial en emergencias; fortalecer las líneas telefónicas de ayuda inmediata; así como facilitar la disponibilidad de los recursos de crianza positiva”.

 

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