La dignidad de los nadies

Opinión por Oscar González
Publicado por o día 28/04/2017 na sección de Opinión,Opinión por Oscar González

La dignidad de los nadies

Opinión por Oscar González

Strasser: Debe usted cerrar el local.

Renault: ¿Con qué pretexto?

Strasser: Invente uno.

Renault: ¡Salgan inmediatamente! ¡Se cierra este café hasta nuevo aviso!

Rick Blaine: (Molesto) ¿Con qué derecho me cierra usted el local?

Renault: ¡Qué escándalo! ¡Qué escándalo! He descubierto que aquí se juega.

Emil: (Entregando a Renault un fajo de billetes) Sus ganancias, señor.

Renault: (Guardándose los billetes) Muchas gracias. ¡Todo el mundo fuera!

Lo que les acabo de transcribir es una de mis escenas preferidas de Casablanca, aunque cuando se da en la vida real, me suele resultar bastante menos graciosa. La cercanía con el mundillo de los políticos en los últimos años me ha demostrado que es una situación bastante más común de lo que podría parecer. Mirar hacia otro lado mientras te conviene y, en ese momento, hacerte el sorprendido por lo que estaba ocurriendo. Lo hace Rajoy, lo hizo Pdr Snchz, la Espe y los que todavía no conocemos. Los que están por venir.

El caso es que esta semana ha sido el ayuntamiento de Vigo el que ha descubierto que existía el albergue de la oenegé Dignidade, un bajo en la calle Toledo en el que Suso, pastor evangelista responsable de la organización, improvisó alojamiento para personas sin techo, de esas que dice Caballero que no hay en Vigo, pero que es fácil encontrarse en los cajeros automáticos si uno va a sacar veinte pavos a partir de cierta hora.

Los medios de comunicación locales, a los que Caballero y su equipo pagan cincuenta y la cama, cargaron rápidamente las tintas sobre las condiciones deplorables en que se encontraba el centro, sin hacer mención en ningún momento a cuál era el objeto del mismo, es decir, ocultando que utilizan el albergue de forma habitual alrededor de cincuenta indigentes.

Esas cincuenta personas no pernoctan allí por placer: lo hacen porque en el albergue municipal no llega el espacio para todos los sintecho de la ciudad. También porque el otro albergue, el de Teis, queda en el culo del mundo para quien tiene que llevarse la vida a cuestas en una vieja maleta y el euro con treinta y tres céntimos que cuesta el billete de bus es una auténtica fortuna cuando tu patrimonio es la maleta en cuestión y las monedas que la gente te echa, que ni siquiera te dan.

En la Red de Solidaridad Popular (y en otros colectivos aliados, como Os Ninguéns) tenemos constancia de que los servicios sociales conocían la existencia del albergue. Es más, sabemos que en ocasiones han remitido allí a personas que no tenían un techo para cobijarse. También nos consta que la policía local ha hecho lo mismo, llegando incluso a llevarlos ellos. Pero, misteriosamente, ni la señora Abelairas, nefasta concejala de bienestar, ni el señor alcalde sabían nada al respecto. Igualitos que Renault en Casablanca.

Tampoco se han dado cuenta, se ve, de que a la puerta del ayuntamiento hay unas tiendas de campaña desde hace algo más de dos meses, ni han leído los diferentes carteles que los acampados cuelgan cada mañana por toda la plaza, en los que se piden, entre otras cuestiones, más plazas y servicios en el albergue municipal y un plan integral contra la pobreza. Se ve que ya son parte del paisaje.

Parece que los equipos de prensa del ejecutivo vigués no preparan tampoco dosieres de noticias para sus jefes, o que estos se los pasan por donde se empiezan los cestos; lo digo porque el cuatro de marzo de 2016, la edición local de La Voz de Galicia (el periódico al que es la Xunta quien le paga los cincuenta y la cama) recogía la noticia de la creación del albergue Dignidade, pero a Caballero se le pasó por alto, por lo que sea. Porque los pobres no acostumbran a votar, por decir algo.

Por supuesto, no esperen que nadie salga a dar explicaciones por este despropósito que pronto olvidaremos con algún pulpo de cerámica o una afrenta de los “enemigos de Vigo”. A la opinión pública no le llegará el trasfondo del problema, solo el escándalo de que allí había alimentos caducados, “miles de fármacos” y el resultado de la inspección de los técnicos municipales, que ya les adelanto que será desfavorable.

Que nadie les venda motos: tanto Caballero como Abelairas conocían perfectamente la existencia del albergue, pero les venía estupendamente para sacar a cincuenta personas de la calle y poder presumir de que en Vigo nadie duerme al raso, cosa que es falsa, pero que de ser cierta no sería precisamente mérito de la corporación municipal. La denuncia del vecino es muy inoportuna para el alcalde, porque posiblemente acabará con los usuarios de Dignidade de vuelta en la calle, y entonces será un poco más difícil colar la historia de que aquí no hay gente en situación de extrema pobreza.

Nada que la SER y el Faro no vayan a poder manejar, tampoco se crean. Y, en último caso, siempre habrá una obra para inagurar. Que “Vigo está precioso”, no se olviden.

A estas alturas de la película, uno no se espera gran cosa ya de los que se autodenominan socialistas, porque llevan 40 años dejando claro que la etiqueta les queda grande. Caballero pegadito a Susana Díaz, la baronesa de los EREs, la que tampoco sabía que en aquel bar se jugaba. Dime con quién andas y te diré quién eres. Qué eres, en cambio, me lo voy a callar, porque no estoy seguro que no sea delito.

Fotografía: La Voz de Galicia

2 Respuestas a "La dignidad de los nadies"