La Hoguera de las Vanidades

Artículo de opinión por Óscar González
Publicado por o día 27/10/2016 na sección de Opinión,Opinión por Oscar González

La Hoguera de las Vanidades

Abel Caballero, como algunos de sus más acérrimos enemigos, es el arquetipo de eso que se llama “ser pos ideológico”. Desconozco a quién debemos este término, pero sé que entronca con las tesis defendidas por Francis Fukuyama en su célebre obra “El Fin de la Historia”, cuya idea central, reducida a su mínima expresión, sería que el fin de la Guerra Fría y la derrota del bloque soviético habrían dejado sin utilidad social a las ideologías, quedando tan solo la economía y su gestión. Perdonen los más “puretas” por una definición tan simplista.

Aunque él dirá que no existe mayor exponente del socialismo que su propia persona, el giro que ha venido dando hacia el lado salvaje del pensamiento neoliberal es de tal magnitud que no puede obviarse.

Hace poco más de quince años, Caballero afirmaba en las aulas de la Universidad de Vigo que no tenía sentido que en un sitio como Galicia hubiera tres aeropuertos y se mostraba un firme defensor de centralizar en el de Santiago el tráfico de pasajeros. Proponía también acometer una fuerte inversión en infraestructuras que permitieran una conexión rápida entre la ciudad del apóstol y el resto de Galicia, especialmente aquellas ciudades que conforman el llamado Eje Atlántico. Para el hoy primer edil, los aeropuertos de Vigo y A Coruña debían cerrarse o reconvertirse en aeropuertos de mercancías.

Quince años son mucho tiempo y predicar algo bien distinto a dar trigo. Desde que se hizo con la alcaldía de la ciudad, nada queda de aquella propuesta de racionalización aeroportuaria, que se ha convertido en una defensa a ultranza del sistema aeroportuario y una importante cantidad de millones de euros públicos invertidos en subvencionar líneas aéreas para atraerlas a Peinador. Marxismo puro, pero del de Groucho.

En cierto modo, Caballero tiene un aire ideológico con Felipe González, aunque nuestro ínclito alcalde no haya sido nunca la X de nada. Cuando en el año 2014, gobernando aún en minoría, Caballero necesitó echar mano del Partido Popular para sacar adelante sus presupuestos municipales, no tuvo reparo alguno en hacerlo, porque el fin justifica los medios y, como decíamos, lo importante es la economía y su gestión; eso de la ideología es cosa de rojales trasnochados.

En la misma línea, el resultado del PSOE en las pasadas elecciones autonómicas no se entiende sin el factor de desmovilización que la agrupación de Vigo alentó entre sus seguidores, afrentada por la forma en que la gestora gallega había elaborado las listas. El socialista más poderoso de Galicia, el único de España que gobierna con mayoría absoluta, el único defensor de Vigo contra los abusos del malvado Núñez Feijóo, decidió que no era prioritario sumar para poner en la Xunta de Galicia un gobierno de progreso si él no recibía el tributo correspondiente.

Ahora, mirando al gran cráter que queda donde una vez se levantó el PSOE, Caballero se alinea con los golpistas que han dinamitado la organización de Pablo Iglesias (Posse) y considera un acto de progresismo regalar otros cuatro años de gobierno a Mariano Rajoy. Al fin y al cabo, el alcaldísimo está muy cómodo en este estatus quo que le permite echar la culpa de las cosas que no funcionan en la ciudad (como los servicios sociales) a su archienemigo de la Xunta y al Partido Popular en general.

Y mientras esto ocurre un arbusto sale de un huevo y media ciudad aplaude con las orejas. La culpa de que nos tomen por gilipollas es de quien lo hace; la de disfrutar con ello… esa es solo nuestra.