La vida secreta de las palabras

Publicado por o día 16/03/2015 na sección de Opinión,Opinión por Oscar González

La vida secreta de las palabras

En la magistral y escalofriantemente visionaria “1984”, George Orwell apuntaba, entre otras muchas, la idea de que la resignificación de las palabras podría servir como herramienta que facilitase el control de las masas por el gobierno totalitario de turno. El británico llamaba al idioma resultante de esos cambios de significado neolengua, y lo caracterizaba como un lenguaje de estructuras gramaticales muy básicas y significantes –las palabras– cuyos significados habían sido pervertidos para adaptarlos al interés del Partido.

Probablemente, cuando Orwell alumbraba su pesadilla distópica no pretendía otra cosa que alertar sobre los peligros de los sistemas totalitarios, ausentes de democracia incluso en sus estructuras formales. Dudo que el de Londres hubiera llegado siquiera a imaginar que hoy, más de veinte años después de la fatídica fecha que da título a su libro, la neolengua sería una verdadera herramienta política, incluso en países como el nuestro, donde –al menos formalmente– todavía vivimos en una democracia.

Me refiero, obviamente, a la desaparición del término “imputado” de la nueva redacción de la Ley de Enjuiciamiento Criminal, que se verá sustituido por el mucho más fresco “investigado”, un ejercicio de lingüística orwelliana en el que, de manera sorprendente, salen ganando los miembros del gobierno y otros personajes poco recomendables mientras la gente normal, nos quedamos igual, solo que más confusos.

Es cierto que la Ley de Enjuiciamiento Criminal no es demasiado rigurosa en la utilización de este término, lo que ha generado incontables confusiones informativas desde que las páginas de política de los diarios parecen más propias de un libro de texto de Derecho Penal que de un rotativo generalista, pero hay que preguntarse si tiene sentido modificar la terminología por una cuestión de percepción social de los vocablos, tal y como afirma el Ministro Catalá al decir que imputado es una palabra “socialmente contaminada”. Si esto fuera así, quizá deberíamos replantearnos también cambiar “asesinato” por “finalización no consentida de la vida de otro” porque, no sé a ustedes, pero a mí la palabra asesinato me hace evocar conceptos nada positivos. Por esa lógica, misma suerte deberían correr también defraudador, corrupto, machista o xenófobo y sus femeninos que, me permito sugerir, podrían cambiarse por distractor, amigo de sus amigos, hombre de verdad o reconocedor de la supremacía de su propia raza sobre otras. También podríamos cambiar el significante “antidemocrático” por algo más amable, tipo “saber mejor que el pueblo lo que es mejor para el pueblo”.

Y así, yo terminaría este artículo diciendo:

“El Partido Popular, ese que está lleno de “investigados” por casos de “ser muy amigos de sus amigos”, que tiene entre sus filas a personajes como el alcalde de Valladolid, célebre por sus comentarios y actitudes “de hombre de verdad”, o a José Ignacio Wert, un “reconocedor de la supremacía de su propia raza sobre las demás” absoluto (recordemos sus declaraciones sobre el fracaso escolar en Ceuta y Melilla), lo único que pretende con esta estupidez es un ejercicio de marketing político. Para la mayoría de los ciudadanos, un imputado será cosa del pasado, y muchos altos cargos del partido pasarán simplemente a estar investigados. Y así, presumirán de no llevar imputados en sus listas electorales, y todos asentiremos, porque ya habremos olvidado que ese concepto existía.

Qué miedo da pensar que Orwell fue un visionario… pero mucho.

OPINIÓN POR ÓSCAR GONZÁLEZ