Las panteras negras y la revisión del empoderamiento subproletario

Artículo de opinión por Carla Leiras.
Publicado por o día 04/05/2017 na sección de Opinión,Opinión por Carla Leiras

Las panteras negras y la revisión del empoderamiento subproletario

Opinión por Carla Leiras

“Yo quiero estar en el movimiento porque nunca he visto a un negro hablarle a un policía como lo hacéis vosotros”.

Los panteras negras fueron un fenómeno revolucionario de autodefensa surgido en los sesenta en EEUU, con su actividad inicial en California.

Su lema era “todo el poder para el pueblo”. Fue un colectivo activista de base, en el que los más excluidos, y más marginados, empezaron a ejercer el derecho de autodefensa reivindicado por Malcolm X (que había fallecido el año anterior).

El movimiento fue una reacción a la opresión, en este caso aglutinando la pobreza y dirigiéndola contra quien les atacaba: inicialmente el conflicto era la violencia policial contra la población negra, pero evolucionaron rápidamente a la rama social. Fueron un ejemplo del concepto de revisión del lumpen marxista como sujeto político válido y eficaz.

El concepto de pantera negra “tenía que ver con un animal que no ataca a menos que se sienta acorralado, pero que una vez que lo hace, responde con enorme contundencia”.

Tuvieron gran influencia estética, cultural y cinéfila, sembrando una fuerte iconografía que alcanzó su apogeo en los años setenta.

Eran abiertamente antibelicistas en contra de la guerra de Vietnam; y reconocían influencias de Mao o el Che. Igualmente, reivindicaron el intercomunitarismo sustantivo, eran multiculturales, no etnocentristas y antiestatólatras. Una de las patas de esta articulación idiológica fue la protección armada de su comunidad, peleando contra la represión policial norteamericana: formaron una patrulla de negros armados, lo cual resultó toda una revolución en EEUU.

“Nos enfrentamos a los policías como iguales, cuestionándolos, y todo sin salirnos de la ley.” La policía se sentía incómoda con las rondas que los panteras negras hacían observándolos para asegurarse que no había ningún abuso o atropello hacia la población negra: “estábamos amparados por una sentencia del tribunal Supremo de California que permite que se vigilen las acciones policiales desde una distancia razonable”.

En este sentido eran el contrapunto de la lucha pacífica de Martin Luther King: la contrainsurgencia en pugna contra el capitalismo de EEUU mutando del método escogido por el pacifista.

Pronto acumularon una sólida militancia. “El programa del partido intentaba reflejar las necesidades del negro del gueto, su experiencia cotidiana interpretada según principios de aplicación universal. El poder negro contra la miseria”.

La lucha contra las autoridades fue bastante desigual, a pesar de su solidez se dice que por cada bala que dispararon recibieron 100 de la policía. Hubo un fuerte contraataque federal que se basó en una propaganda que hacía enorme hincapié en su lucha armada, omitiendo el gran trabajo de activismo social que era otro de sus puntales. Poco a poco se desarrolló un programa gubernamental de contrainteligencia que desarticuló al grupo a base de ataques constantes y radicalizados de espionaje, persecución y hasta asesinato de los líderes. En el final de su andadura, el FBI los exterminó.

Fueron referentes de mucho peso en cuanto a la creación de conciencia y sobre todo tuvo importancia en su lucha el papel de la mujer, ya que un 60% de sus componentes eran mujeres. El movimiento tenía una función performativa: cambiaba el paradigma, el hecho de aparecer en escena afroamericanos armados que se permitían exhibir armas como disuasión a los ataques. Esta intención de defensa se complementaba con una reivindicación mucho más global, ya que sus objetivos tenían que ver con la defensa de los derechos civiles: los puntos que exigían eran libertad, pleno empleo, fin del robo, vivienda para todos, educación de calidad, sanidad, acabar con la brutalidad policial, con la dominación y agresión, justicia igual para negros y blancos, y obtener el control tecnológico para el pueblo.

Por tanto, al margen de su papel armado, desarrollaron un marcado trabajo social. Había una intención de generar comunidad, hacia dentro y hacia fuera: “como no tenemos, creamos”. Su lema era “observar, actuar e intervenir”. También luchaban contra las drogas, las cuales consideraban “armas gubernamentales de alienación”.

Por ejemplo, dentro de sus “programas de supervivencia”, se ideó un plan de reparto de desayunos (daban 10.000), sabiendo que los niños que no tenían posibilidades económicas para alimentarse adecuadamente llegaban a clase sin energías y tenían un déficit de atención que repercutía en sus resultados escolares: es decir, cualquier actividad asistencialista estaba en último caso dirigida a reformar problemáticas más profundas como la educación, la sanidad (llegando a crear centros de salud locales), la información libre (mediante la fundación de una radio alternativa), grupos de atención al anciano, impartían clases de derecho y de economía, etc.

En su lucha ligaban a la raza con clase porque por entonces, ser un ciudadano negro tenía unas claras implicaciones políticas, y la raza se debía tomar necesariamente como eje, por la segregación brutal que se vivía. Obviamente este grupo era antisegregacionista, pero también anticapitalista, anticolonialista y socialista, y se basaba en el empoderamiento de construcción de instituciones de participación, para pelear contra el racismo estructural desde un tejido social de unión de los desamparados. Para algunos eran liberadores, para otros terroristas, enemigos de la seguridad nacional.

Lo que podemos exportar de este movimiento en cuanto al activismo social actual, es esa revisión del concepto lumpen como sujeto político empoderado en sí mismo: si lo extrapolamos a las clases desheredadas, que hoy día se mezclan con las clases medias, habiendo desaparecido una división clara, podemos aprender de varios conceptos:

Por ejemplo, consiguieron que un gran porcentaje de la comunidad negra, que ni siquiera estaba registrada para votar, empezase a adquirir mecanismos de concienciación política y a interesarte por elegir a sus representantes, al menos participando en el progreso. Poco a poco se fueron consiguiendo electos negros; congresistas, sheriffs, etc, producto de ese trabajo de politizar a la comunidad.

En último término se intentaba que los excluidos participasen en política (no necesariamente institucional): empoderar al sector más marginado. Y se trabajaba en pos de un proyecto social no elitista, sin dejarle los movimientos revolucionarios a otras clases más acomodadas, sino que el cambio brotaba de los de abajo.

También en cuanto a herencia libertaria buscaban influir en la sociedad más allá del voto, ahondando en la autoorganización, y consiguieron algo muy significativo: unir al subproletariado con los obreros en un mismo plano de lucha, ya que se les sumó también gente que estaba fuera de los guetos: ese concepto algutinador es muy interesante como referente.

Fue igualmente importante su marcado componente feminista, y de lucha contra una exclusión que era generacional: lo sigue siendo hoy en día en cierto modo, en los perfiles más pobres; su discurso en ese plano es recuperable en la actualidad.

“Quisimos organizar a la gente para que ellos mismos conquistasen sus derechos. Allí donde hay una necesidad, nace un derecho. Y ser pueblo es formar parte de una comunidad que te protege.

Nos cayeron encima porque habíamos puesto en marcha una revolución verdadera, desde el activismo de base, para la gente normal, con programas y alianzas que cruzaban las líneas de separación. Caminábamos juntos, e iguales, y eso daba miedo”.