López de Neira, testimonio de una política excluyente

Por o 19/09/2017 | Sección: Opinión,Vigo
López de Neira, testimonio de una política excluyente

Por Xoana Goicoa

Es curioso como enfocan la noticia algunos periódicos para que parezca que la responsabilidad del incendio de los edificios de López de Neira es de los “indigentes”, como si indigente y delincuente fuesen palabras sinónimas; cuando si es por pruebas, más parece que sea por especulación que por otro motivo.

El calificativo de “okupa” para definir a quien se refugia del frío me parece poco preciso. Deberíamos reconocer con términos distintos a quienes se introducen en un lugar abandonado con intenciones diferentes: los que lo hacen con plena conciencia política para reivindicar el derecho a la vivienda y el fin de la propiedad privada. Estos denuncian el panorama kafkiano de ver ciudades de personas sin casas y casas sin gente.

Okupan para reformar ese lugar y darle un uso social para los más necesitados. Teniendo en cuenta esto es lógico que a los medios de comunicación no les interese darles un nombre propio y que utilicen el término “okupa” para un campo semántico amplísimo. La crítica del sistema se silencia deliberadamente en cada noticia diaria, cuando no se tergiversa o se engaña. Llaman “okupas” también a los adolescentes que acaban de llegar al mundo y quieren descubrir qué se siente entrando en un edificio vacío, llaman okupas a los drogadictos que buscan un lugar para drogarse, con el mismo término se define a las personas que han perdido su trabajo, sus casas y a su familia e intentan refugiarse del frío y de la lluvia.

A mí me parecen realidades que demandan palabras distintas para cada caso. No obstante, algo tienen en común: okupan un espacio sin uso en un sistema insolidario. Volviendo a la noticia de actualidad el mal llamado “okupa” no se encontraba dentro y no fue calcinado por el fuego que prendió aún no se sabe quién, por suerte ha sido localizado y no como dicen otros periódicos q señalan que el “okupa” ha muerto.

La conclusión que debería sacarse de este accidente es que cada vez hay más casas en peor estado y más personas en situaciones más precarias. Urge un plan de inserción social, ya que son prioritarios alquileres sociales, antes que rotondas digitales.

Es una VERGUENZA ver casas en ruinas cuando no calcinadas, gente pobre tirada en la calle y por otro lado dinosetos y rotondas estúpidas. Son estos alcaldes y presidentes de corte neoliberal y populistas los que crean ciudades (aquí, en Latinoamérica y en todo el mundo) en ruinas; con burbujas para ricos.

Nos engañan haciéndonos ver que si seguimos las políticas anticapitalistas acabaremos como en Venezuela, Uruguay, Brasil, Bolivia, Ecuador, pero no explican q esos países ricos en recursos naturales fueron colonizados y explotados por los mismos que ahora destrozan el llamado “1er mundo”. Convirtiéndolos en aquello que rechazan y que señalan como resultado de la política de Chávez, de Mujica, de Dilma, de Evo Morales, de Rafael Correa. La destrucción ya estaba consolidada anteriormente cuando esté continente fue devastado por el neoliberalismo.

Cuando veo, como hoy, casas de escombros, abandonadas, calcinadas y luego camino por las zonas comerciales todas nuevas, las rotondas a lo “galifornia”, al centro con escaleras mecánicas, toboganes acuáticos; en definitiva, veo como se incrementa ese tremendo contraste entre las zonas para los guiris y aquellas abandonadas, entonces me acuerdo de mi estancia en Brasil.

Recuerdo un día cenando con unos amigos de clase alta, comíamos en una terraza unos platos de primera línea, 20 reales por tapa, tenedores casi de oro, pero eso sí, encima de una calle destrozada, sin saneamiento, llena de basura, relegada a un cuarto plano, abandonada por sus transeúntes.

La técnica era ver para el plato y olvidarse de todas las reformas que demandaba la ciudad, pero entre mis reflexiones se entrecruzaban las conversaciones de los comensales criticando a los indígenas, a los negros y a los ” moradores de rúa”. Concentrarse en el caviar para entrar en ese estado de inconsciencia buscado y así que no nos salpique la irresponsabilidad para con nuestras calles es la viva imagen de burbujas que nos aíslan y nos esclavizan de nuestra incapacidad para convivir con los demás, para abrazarnos como seres humanos y hacer nuestro el problema de nuestros vecinos.

En esta misma burbuja extraña querían entrar a vivir los padres de mi amiga de 8 anos. Me decían que para el año se irían a vivir a un gran condominio con piscina, pistas de tenis y que allí, Victoria podría jugar con los demás sin correr riesgos. La misma burbuja que el deseo de no mezclarse ricos y pobres o blancos y negros; así afirmaban amigos cercanos; la misma burbuja, incluso, que mi hábito los últimos meses en Belem de ir a la piscina del hotel Hilton, libre de atracos y otros incidentes desagradables.

Y ahora en Vigo, me doy cuenta de que el tan bien valorado alcalde, don Caballero, se comporta igual: construye una burbuja para los turistas y ricos, olvidando a los muchos pobres y sin techo de esta ciudad. Lástima que la gente sea incapaz de observar que sus políticas acabarán perjudicándoles también. En un lugar donde la pobreza crece, la delincuencia, la droga y el peligro aumenta; y por ende la libertad se pierde. No es beneficioso para nadie modelos políticos basados en burbujas ni en jaulas que impidan mirar por la ventana y volar junto con otros que también desean extender las alas. No es la pintura que se muestra abajo la imagen de esa ilusión de libertad anteriormente descrita, es el bonito pasado de estas vistas de Vigo desde la ventana del pintor antes de que la mediocridad quemase nuestro vuelo.

 

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