Los gritos del silencio

Opinión por Óscar González
Publicado por o día 17/04/2017 na sección de Opinión,Opinión por Oscar González

Los gritos del silencio

Opinión por Óscar González

La guerra relámpago fue una estrategia militar puesta en marcha por el ejército alemán en el periodo de entreguerras y en la Segunda Guerra Mundial. Consistía, resumiendo, en realizar ataques cortos y rápidos contra las posiciones del enemigo, precedidos por un severo desgaste mediante el uso de bombardeos aéreos y artillería. La ventaja del ejército boche residía en la velocidad y maniobrabilidad de sus unidades, lo que permitía realizar ataques sorpresa contra las posiciones enemigas y dejarlas aisladas y desconcertadas, aprovechando esa situación para asestar golpes definitivos. Aunque existe controversia al respecto, una gran parte de los expertos en historia militar consideran la invasión de Polonia por los nazis como el primer y exitoso ejemplo de esta nueva forma de guerra.

El concepto originario se ha ido desvirtuando poco a poco con el uso, como sucede con casi todo, hasta el punto de que hoy en día se habla de guerra relámpago para definir cualquier ataque rápido. No son pocas las voces que definen así a la estrategia militar que los EE.UU. quisieron poner en práctica en Vietnam, si bien el terreno y las guerrillas del Vietcong acabaron atrapando al Águila en un cenagal. La acumulación de ataúdes de jóvenes estadounidenses generó un profundo rechazo en la opinión pública y, en 1973, Nixon tuvo que retirar a los Estados unidos del país asiático con el rabo entre las piernas.

Esta muestra gratuita de gafapastismo cultureta viene al caso porque define bastante bien la sensación que tengo últimamente con Podemos. La última, ya lo habrán oído, ha sido la presentación de una casposidad a la que hemos llamado “Tramabús”, demostrando que nuestros estrategas no solo están cansados y (posiblemente) frustrados, sino también, y esto es lo alarmante, faltos de ideas.

Cuando Podemos apareció en escena a principios de 2014 lo hizo con la fuerza y la frescura de una juventud iconoclasta que llamaba a las cosas por nombres nuevos y pegadizos. La “casta” sustituyó a la burguesía de toda la vida, ampliando el concepto y provocando no pocas úlceras en los marxistas ortodoxos, pero el término funcionó bien y pronto estuvo en boca de todo el mundo. Si la disputa política está en el discurso dominante, la primera batalla de Podemos se saldaba con una gran victoria.

El resultado de las elecciones generales demostró que nuestra particular guerra relámpago, nuestro tomar el cielo por asalto, no iba a poder ser. Fue espectacular, sin duda, pero no lo suficiente para tumbar a un PP que pagaba una elevadísima factura en escaños pero resistía parapetado tras su base electoral. Y, como suele ocurrir cuando la guerra relámpago fracasa, nos vimos atrapados en un lodazal (institucional) en el que nosotros éramos el elemento invasor y los partidos tradicionales, con su muleta anaranjada, las guerrillas de charlies que empezaron a desgastarnos, apoyados por la artillería de los mismos medios que nos habían encumbrado.

Empezamos a perder batallas casi desde el día que cruzamos la puerta del hemiciclo. O, al menos, esa fue la imagen que se trasladó a la calle. Todavía hoy se reprocha a Podemos no haber pactado con el PSOE, cuando incluso Pedro Sánchez ha reconocido que los mandamases del partido no iban a permitirlo. Nuestra propuesta de ley de emergencia social, la Ley 25, pasó sin pena ni gloria por un Congreso donde nuestros representantes poco pudieron hacer, salvo seguir jugando al enfant terrible. Mientras, el ambiente en el interior del partido se deterioraba: enero de 2016 hizo al secretario general de Podemos Galicia, Breogán Riobóo, una suerte de Julio César al que sus Bruto y Casio particulares convirtieron en un alfiletero con la complicidad de buena parte de su ejecutiva. Fue la primera batalla de una guerra fría interna que tardó poco en escalar y coger temperatura. Fue también un síntoma de que el partido se había fraccionado entre los que querían más a papá y los que preferían a mamá. Unos y otros se lanzaron a por los que hasta entonces habían sido sus compañeros y nuestros líderes, lejos de apaciguar los ánimos, se dedicaron hashtags y se movieron la silla aprovechando el desconcierto. Así ocho meses. Y ya saben cómo acaba la historia, ¿verdad?.

Una de las primeras decisiones del nuevo equipo político del partido es la de recuperar y actualizar lo de La Casta, que pasa a ser La Trama. Desde el minuto uno es evidente que la metáfora no cala como lo hizo la anterior. La política se caracteriza por sus escenarios cambiantes y lo que funcionó en 2014 como un reloj suizo no lo hace en 2017, entre otras cosas porque no aporta nada nuevo en líneas generales, que son las que sigue la mayoría de la gente. Subsumir las puertas giratorias en La Trama nos deja como estábamos: ya sabíamos que hay connivencia entre los grandes poderes económicos y los políticos que les administran el cortijo. Ya Julio Anguita dijo hace mucho tiempo que los políticos eran “los manijeros” del verdadero poder. Los capataces del cortijo.

Sorprende bastante que, ante esta evidencia, el nuevo movimiento estratégico pase por reforzar esa línea discursiva, en lugar de asumir que no ha calado como elemento dialéctico y pensar en un cambio de táctica. La idea de sacar a la calle un autobús pintado de azul con dibujitos y frases célebres de los diferentes sinvergüenzas deja al ciudadano de a pie con la sensación de que tiene delante una ocurrencia, una chorradita que no pasa de ser una boutade de un partido que no logra encontrar su sitio fuera de la ocurrencia. El error estratégico es de calado, porque existe un riesgo real de que se nos perciba como una caricatura de nosotros mismos, lo que restará fuerza no solo a nuestra organización, sino a las propuestas y debates que podamos poner encima de la mesa.

Por si fuera poco, la idea del autobús no es original en absoluto y suena a oportunismo. Da sensación de desesperación, de que el frío que hace en la oposición empieza a hacer mella en nosotros y no nos deja pensar con claridad. La tontería de Hazte Oír fue amplificada por el efecto Streisand de la gente rasgándose las vestiduras por las gilipolleces de estos señores. De no ser por eso, la campaña habría sido una anécdota, un fracaso. Pero le dimos horas y horas de tele y noticias y la convertimos en un éxito. Wyoming y los suyos rozaron lo genial con la deconstrucción del mensaje de los ultras.

Nosotros llegamos tarde y con una idea que no tiene más recorrido, porque ya está asumida.

La ciudadanía sabe que los poderosos se quitan los piojos unos a otros. Y que es ella quien paga al final el pato. Pero cuando te están echando de tu casa, cuando tus hijos no pueden ir a la universidad y tú encadenas un contrato de dos horas con otro por siete días, lo que esperas de tus representantes es que se centren en lo importante: tu día a día.

Y si no conseguimos entender eso, nos quedan muchos años de cenagal. Y tal vez acabemos como los EE.UU. en Vietnam, con una lista demasiado larga de caídos en combate. Echen un vistazo a la militancia activa del partido si no me creen. Es hora de menos espectáculo y más discurso propositivo. De romper el silencio con ideas frescas y no con gritos resesos.

6 Respuestas a "Los gritos del silencio"

  1. David Pita   18/04/2017 at 11:23

    Vaya caca de artículo, de un antiPodemos que parece que no se entera de nada, o no quiere enterarse…

    Introduce el concepto de guerra relámpago sin venir a cuento, sin gran sentido más que por la idea que tiene en la cabeza o que intenta inculcar a sus lectores de que Podemos sea solo eso, un ataque al sistema relativamente corto (de apenas 2 o 3) y que está llegando a su fin. Es lo que llevan diciendo los antiPodemos todas las semanas desde hace años, pero no se corresponde con la realidad.

    Para hacer un artículo acerca del tramabus debería informarse un poco más de lo que se entiende como trama y como casta, porque lo que hace es llamarle lo mismo a las 2 cosas.

    Lo que se llama casta hace referencia a personas, a personas concretas que mandan mucho y no se presentan a las elecciones, mientras que la trama es un mecanismo, es el mecanismo mediante el cual estas personas concretas obtienen beneficios debidos a su cercanía con el poder político y de la opacidad e impunidad que hay durante las últimas décadas.

    Al menos reconoce que lo de la casta funcionó bien. Lo que no se es porque dice que la trama no, cuando con respeto a eso nada cambió desde entonces, ¿es que hay que dejar de denunciarlo? De eso nada, hay que seguir a saco.

    Respecto de las batallas en el hemiciclo… es que no se entera de nada este señor, de verdad. ¿Pero es que no se da cuenta de lo que provoca Podemos por estar allí? ¿Piensa que se iba a hablar de muchos temas que están sobre la mesa gracias a que Podemos los pone? Estarían en la calle sin mas, y los políticos pasando de todo, pero gracias a Podemos en el parlamento se habla de pobreza energética, se provocan subidas de sueldo mínimo y tantas otras cosas. Claro que las subió el PP y el PSOE, se apropiaron de la demanda y lo seguirán haciendo. PERO POR LA PRESION DE PODEMOS REPRESENTANDO A LA DEMANDA DE LA GENTE. Sino subían hostias… Solo un antiPodemos o un ciego no ve estas cosas.

    Sigue atacando, despreciando, burlándose y bla bla bla.

    Supongo que no quiere o no quiere entender que generar conciencia e ideología es clave para poder cambiar este país y esta campaña lo hace. No porque le vayas a descubrir a la gente que hay corrupción,cosa que ya sabe, sino que se necesita mostrarle a la gente y que se entere de una vez como le afecta a su bolsillo.

    La campaña está bien porque la corrupción vuelve ahora a crecer como uno de los principales problemas del país según el CIS.

    Además es que gracias a la trama se puede explicar por qué no hubo un gobierno de cambio y es porque la fuerza lograda por Podemos y sus aliados todavía está lejos de alcanzar el poder, y es por el entramado económico, político y mediático que hay.

    Si habla del tramabus debería hablar también de algo más que “dibujitos” y contar algo del mensaje que transmite la gente que va en el bus. Pero pasa totalmente de todo y se limita a cariturizar y despreciar.

    Muchos artículos te quedan por escribir, porque tienes Podemos para rato, esa guerra es mucho más larga de lo que le gustaría a los que te pagan por manipular.

  2. El maig   18/04/2017 at 17:02

    Vecino, hay que currar. Y currar no es opinar de lo que hacen los demás, éso es criticar. Y trabajar de escritor es más que criticar, aunque quizás usted sólo aspire a dicha dimensión escuálida del oficio de letras. Dimensión escuálida digo, porque pocos “opinadores” profesionales hoy tienen un currículum mínimo (de piel y no de papel) que merezca la pena siquiera tener en cuenta.
    Me acerqué a su artículo porque le escuché en su día y tenía curiosidad por lo que barruntaba su cabeza. Decepcionado, observo que su legítima crítica resta más que suma. A mi parecer, quiere usted dar la impresión de saber de lo que habla, pero no hay sugerencias ni propuestas que fundamenten dicha impresión, la cual al final se queda en un pobre párrafo que no aporta ni en el fondo ni en la forma.
    “Es hora de menos espectáculo y más discurso propositivo.” Sus referencias a “guerra relámpago” e invasiones nazis, tiene mucho de “espectáculo” y poconada de discurso de propuestas. Tal es así que hábilmente capta la atención del lector y luego se lanza a una serie de críticas ambiguas, generalistas, evidentes, muy subjetivas en lo opinable y faltas de argumentación objetiva , amén de las dudosas comparativas. ( ” deja al ciudadano de a pie con la sensación de que tiene delante una ocurrencia, una chorradita” wow! ¿trabaja usted en el CIS? )
    Le dejo un antiguo aforismo para enlazar su principio con mi final:
    “No abras los labios si no estás seguro de que lo que vas a decir es más hermoso que el silencio”
    Y bien se puede extrapolar al lápiz y al teclado.
    Con afecto, un ciudadano libre.

    PD: la verdad es que no caigo en la relación del título de su artículo, que para algunos nos remite de inmediato a la Corea de Pol Pot, con lo que usted escribe a continuación. De verdad que ni papa.

  3. Oscar Glez.   18/04/2017 at 19:22

    No puedo con los fanboys que empiezan repartiendo carnets de verdaderos podemistas (los que aplauden con las orejas cualquier iniciativa) y traidores (el resto). El artículo habla de una acción concreta, no de la organización, algo obvio si se lee con calma: “existe el riesgo de que nos tomen por una caricatura, lo que restaría fuerza a nuestra organización y a los debates que se puedan poner sobre la mesa”, “es hora de menos espectáculo y más discurso propositivo, de lo contrario nos quedan muchos años de cenagal”. Raros planteamientos para alguien que quiere ver desaparecer el partido

    El ataque, en este caso, está en la cabeza del lector, que despliega unas cuantas falacias del hombre de paja y un par de ad hominem. Estaré encantado de discutir el fondo contigo si eres capaz de hablar sin descalificar. Mientras tanto, por la sombra.

  4. David Pita   18/04/2017 at 21:02

    ¿No puedes aceptar críticas? Pues si pretendes hacer artículos públicos deberías tratar de llevar mejor la crítica, sobre todo cuando eres tú el que haces una crítica primero. ¿No pretenderás darle duro a algo o a alguien y a la vez no ser criticado, no?

    De hecho comento esto porque es precisamente lo que ocurre con Podemos. Podemos ataca fuerte a sus rivales políticos pero no solo, ataca a sus amos, a los poderes fácticos y ahí duele mucho porque además ataca con la verdad, algo que nadie hasta ahora se ha atrevido a hacer.

    Por eso atacan tan duramente a Podemos desde todos lados. Pero están preparados para ellos, y como dice Pablo, “espaldas anchas”. Si toda la mafia de este país ataca tan duramente a Podemos significa que lo hacen bien. De hecho yo no me fiaba de Podemos ni de Pablo en los inicios, fue precisamente esto lo que me convenció de que eran de verdad, de que tenían un proyecto de país, la capacidad de conseguir apoyo, y que además no se venderían. Porque no los pueden comprar son tan duros con Podemos.

    Tu discutes una acción concreta, no te gusta esta campaña, no te gusta usar un autobús. Pues bueno, eso es muy respetable, así como no te gusten las campañas acerca de denunciar la trama.

    Sin embargo otros no lo vemos así y hay razones muy buenas para pensar que el tramabus es muy buena idea. No obstante me limitaré a tirar abajo tus argumentos.

    “Existe riesgo de que nos tomen por una caricatura”.

    Osea, que ¿Podemos debe realizar acciones en función de que le guste o no a los partidos políticos o a los medios? Deberías meterte en la cabeza de que haga lo que haga Podemos, o deje de hacer, le van a dar duro. Eso no va a cambiar nunca, salvo si se vende y deja de luchar contra la corrupción, pedir impuestos a los ricos, perseguir el fraude fiscal, pedir quitar privilegios a algunos, pedir transparencia, despolitizar instituciones, la justicia, los medios públicos… etc.

    Por tanto lo que tiene que hacer Podemos es luchar contra la trama y convencer a la gente de que los problemas actuales de que hay son por culpa de la trama, no por culpa de inmigrantes y pobres como dicen los fascistas, ni siquiera por culpa de la derecha, porque cuando está el PSOE también hay privatizaciones, recortes, reforma laboral, desindustrialización, sometimiento a los mercados… etc.

  5. Oscar Glez.   18/04/2017 at 22:20

    Estimado Maig:

    Me encanta su tono condescendiente, especialmente al venir oculto bajo un seudónimo.

    Yo también tengo un aforismo para usted:

    Las opiniones son como los culos: todo el mundo tiene uno y el de los demás apesta.

    Un afectuoso saludo.

  6. Oscar Glez.   18/04/2017 at 23:50

    Estimado David:

    Cuando las críticas son del tipo “eso le gustaría a los que te pagan por manipular” (que no es una crítica, sino una falacia que busca descalificar al interlocutor), suelo responder en los mismos términos. Es que soy “mu de barrio”.

    Efectivamente, creo que es un riesgo real el acabar caricaturizados. También creo (insisto en ello) que cuando la corrupción es el 2º o 3º problema que cita la gente en los barómetros del CIS, campañas como esta pueden ser leídas en la calle (lo de los partidos y medios es también aporte tuyo) como gratuitas, los chascarrillos de quien no logra articular propuestas y se limita a gritar mucho y muy fuerte para que se note que está ahí. ¿Significa esto que no hay que denunciar la corrupción? No, en absoluto, es otra interpretación extensiva por tu parte.

    Una vez escuché a un miembro del BNG de Vigo una reflexión que me pareció interesantísima: “la gente nos quiere para defenderlos, pero no para representarlos”. Me preocupa que Podemos acabe así, ya ves, por mucho que me paguen para manipular. Imagino que se entiende la ironía, pero por si acaso, esto último es irónico.

    Saludos.