Los idus de marzo (en octubre)

Opinión por Óscar González
Por o 22/09/2017 | Sección: Opinión,Opinión por Oscar González
Los idus de marzo (en octubre)

Opinión por Óscar González

Lo que tendríamos que hacer los demócratas de fuera de Cataluña el próximo día uno de octubre es crear nuestras propias urnas y salir a la calle en masa a votar en ellas. No necesitaríamos censo, no necesitaríamos papeletas, no necesitaríamos locales. Tan solo las pertinentes comunicaciones a las subdelegaciones de gobierno y que venga la policía si tal a requisarnos las urnas. Porque ya está bien de tanta tomadura de pelo, ya vale de que unos y otros tomen al español/catalán medio por un ignorante incapaz de distinguir de qué lado le pega el viento.

Resulta que es anticonstitucional que el pueblo catalán salga a decir si quiere o no ser parte del estado español, igual que fue inconstitucional en su momento una parte del Estatuto de Autonomía al que ese mismo pueblo dio su apoyo en referéndum. Importó bien poco a un Tribunal Constitucional que ya ha dejado claro que su función aquí no es otra que la de asegurarse de que la Constitución sea un ladrillo monolítico que poder tirar a la cabeza de aquellos a los que no queremos entender, un “te jodes por nacer aquí”, esto es lo que hay y son lentejas, sin importar que hayamos tenido o no la ocasión de decir qué pensamos sobre el textito de marras.

Nos dicen que el estado se puede caer a trozos si empezamos a permitir que los pueblos se manifiesten, que los catalanes están manipulados por los malvados nacionalistas, que la soberanía reside en la totalidad del pueblo español y no solo en el pueblo catalán; a la vez, nos dicen también que no vamos a salir todos a votar eso de los catalanes, porque a la gran mayoría de España le importa entre poco y nada si el país tiene diecisiete comunidades autónomas o solo dieciséis. Lo que entienden algunos por solucionar los problemas del país es dejar que pase el tiempo sin poner una sola alternativa sobre la mesa, alimentar bien la tensión hasta que, con un poco de suerte, salte por los aires a lo grande.

Así, la política se sigue convirtiendo en un juego de trileros en el que el pueblo llano no acaba de entender por qué sus inquietudes van siempre en el último lugar de la lista de tareas pendientes. Gracias a ello, la desafección del ciudadano hacia la política como elemento para solucionar los conflictos es cada día mayor, porque esta ya no es una herramienta de resolución sino la excusa para que unos cuantos se ocupen de lo que ellos consideren oportuno en cada momento, sin tener demasiada importancia lo que el pueblo reclame porque, como es bien sabido, el pueblo es ignorante y puede ser manipulado con facilidad por los mismos que jurarán una y mil veces deberse a España, a Cataluña o a los huevos de sus padres. Los mismos que celebran como una victoria que el Tribunal Constitucional haya decidido que no solo es ilegal votar el 1 de octubre en Cataluña, es que lo es también que un grupo de ciudadanos se reúnan para realizar un acto civil de apoyo a los que creen que la única salida de este callejón sin ídem pasa forzosamente por unas urnas.

Volvemos a los tiempos en los que unos cuantos que sabían más que todos, la sabiduría que da la fuerza bruta, nos dicen lo que es correcto y lo que no, lo que podemos hacer como pueblo soberano y lo que, por lo que sea, no tenemos permitido. Nos dicen que es ilegal votar, pero también expresar que creemos que no hay otra salida que preguntar al pueblo qué carajo quiere, y los telediarios abren con la “feliz noticia” en todas sus cabeceras. Porque todavía vivimos en un país en que la idea de que salgan tanques a la calle a impedir que una gente vote se la pone muy dura a más de unos cuantos y nos hemos vuelto demasiado perezosos para pensar que hay algo raro en defender libertades imponiendo prohibiciones.

Pero qué coño, somos el pueblo que gritó “Vivan las caenas” mientras la Ilustración recorría Europa. Para nosotros, la ilustración es la viñeta con un dibujo que acompaña a un texto. Y lo de pensar… eso ya tal.

Nacido en Vigo hace 36 años. Marxista, melómano y cinéfilo empedernido. Diplomado en lengua inglesa. Trabajo como agente inmobiliario mientras no consigo ganarme la vida como escritor . Activista social y ex miembro del Consejo Ciudadano de Podemos Vigo

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