Los Marea hacen subir el azogue con su concierto en Vigo

La banda navarra volvió a Vigo tras doce años sin actuar en la ciudad, con un fantástico concierto de dos horas y media ante un IFEVI casi repleto.
Publicado por o día 09/12/2019 na sección de Eventos,Galicia,Vigo

Los Marea hacen subir el azogue con su concierto en Vigo

Oscar González (@Morgoski), 8 de diciembrePasaban algo menos de diez minutos de las diez de la noche cuando Lülu, el que fuera vocalista de los hoy disueltos Forraje, abandonaba el escenario del IFEVI tras casi una hora calentando el ambiente. Faltaban pocos minutos para que los navarros saltasen a escena y, por el backstage, se atisbaba a la banda y su equipo -casi una familia- a vueltas con los últimos detalles.

El nefasto servicio de VITRASA, más de cuarenta minutos de retraso cuando mi acompañante y yo optamos por coger un taxi, provocó que a esa hora aún estuviese entrando por la puerta una riada de gente buscando un buen sitio para disfrutar del espectáculo. Las luces se apagaron entonces y el recinto quedó sumido en una suave penumbra. Sólo los haces de luz negra perfilando el inconfundible logo del grupo que presidía el escenario rompían la oscuridad.

Alén Ayerdi apareció entonces desde el fondo del escenario y tomó asiento a la batería. En el lateral izquierdo del backstage se distinguían las inconfundibles formas de Kutxi Romero y el perfil navarro de Kolibrí Díaz, con su inseparable guitarra, atacaba los primeros acordes de En las Encías, el single debut de El Azogue, el último álbum de la banda, mientras el respetable se deshacía en una gran ovación: habían pasado doce años y dos discos pero, por fin, los Marea habían vuelto a la ciudad.

Kutxi, Kolibrí, Alén, César y El Piñas no defraudaron y detrás de En las Encías llegó El Temblor, el segundo sencillo de su nuevo trabajo. Sonaron contundentes; demoledores a ratos, hasta el punto de que en varios tramos del concierto la voz ronca y cálida de Kutxi Romero quedaba opacada por el volumen de la banda. 

Sin embargo, al inicio del espectáculo parecía que al público le estaba costando un poco entrar en calor. Los navarros, que ya son perros (o pájaros) viejos, subieron una marcha, aparcaron por un rato sus temas más recientes y se zambulleron en los clásicos. 

Funcionó; vaya si funcionó. En cuanto Kutxi anunció que íbamos a recordar “los días de Mierda Y Cuchara”, el grupo de chicas a mi izquierda, que hasta entonces se habían limitado a tararear las melodías y corear los estribillos, empezaron a cantar a pleno pulmón y, con ellas, el resto de la platea. Se había terminado el calentamiento, había empezado a subir la marea y no iba a dejar de hacerlo hasta el final del espectáculo.

Manuela Canta Saetas, Mil Quilates o La Rueca fueron solo tres de los más de veinte temas que se marcaron los de Berriozar. No faltaron tampoco los interludios en los que Kutxi sacó a relucir ese humor de barrio, sencillo y directo, que siempre lo ha caracterizado y que conecta tan bien con su público. Bromeó con sus familiares de Ponteareas y cómo lo habían cebado a cocido, recitó algunos poemas propios y cuando se ausentó unos minutos al servicio porque tenía “a Obama asomado al balcón de la Casa Blanca”, dejó al Piñas bajo los focos interpretando Pecadores y poniendo a botar a la mitad del auditorio, mientras la otra mitad nos desgañitábamos cantando a gritos y entregados al headbanging. También hubo hueco para no pocas bromas con una botella de licor café de la que los navarros dieron buena cuenta a lo largo de la actuación.

Romero volvió al escenario sabiendo que era el momento de un nuevo subidón. Kolibrí se marcó los primeros acordes del primer gran éxito de la carrera de la banda, y el IFEVI se vino abajo con el estruendo de miles de voces cantando como un único Corazón de Mimbre.

No faltó hueco tampoco para los homenajes. Tras invitar a Lülu a volver a escena y declarar que toda la banda era fan de Los Suaves, se sumó a ellos Fernando Calvo, guitarra de la banda del gato, con quien rindieron un sentido homenaje a los ourensanos, interpretando Dulce Castigo y Preparado para el Rock and Roll. Enfilábamos la recta final del concierto y así lo atestiguaron Marea, El Perro Verde o la magnífica Como el Viento de Poniente, en cuya previa Romero y los suyos se reconocieron en deuda con el cantaor flamenco El Cabrero (quien, de hecho, hace la introducción al tema en la versión de estudio).

Y tras ese empellón final, con la promesa de volver a Vigo si volvían a girar de nuevo (“conmigo nunca se sabe”, señaló Kutxi con ironía), se encendieron las luces y los Marea se despidieron de nosotros, dejándonos más llenos de buena música y un poco menos solos. Pero, sobre todo, nos dejaron rezando, incluso a los ateos, para que sigan sacando discos y sigan manteniendo ese cariño y ese buen rollo que se percibe entre ellos dentro y fuera del escenario. 

Salimos a la fría noche peinadorense a buscar cómo volvernos a casa, con la felicidad de quien ha visto a unas verdaderas leyendas vivas de la música nacional y esa penilla de saber que, al menos por ese día, “la música termina y finaliza el show”. Así que gracias, Marea. Y por cierto, la ciencia también llegó de Berriozar, no sólo de “Plasencia y Carabanchel”. 

Y, por favor, que vuelva pronto.


El Tonto de las Bombillas

En uno de sus interludios para charlar con el público, Kutxi Romero no pudo resistirse a hacer una alusión al famoso alumbrado navideño de la ciudad y se mostró crítico con Caballero.

Con esa naturalidad que lo caracteriza, Romero contó a los asistentes que en su pueblo a Caballero le llamaban “El Tonto de las Bombillas”, porque “hay que ser muy paleto para dejarte un pastón en bombillas”. “Una gran ciudad como Vigo seguro que tiene cosas mucho más importantes en las que gastarse el dinero que en luces de Navidad: gente necesitada, sin techo…”. “Pero bueno, vosotros sabréis”, apostilló, antes de contarnos que el concierto del pasado viernes estaba previsto para mayo, pero desde alcaldía se había prohibido dicha actuación.

¿El motivo? Que el nombre del grupo coincidía con uno de los partidos políticos que concurrían a las municipales. El mismo tipo al que la Junta Electoral ha multado por hacer inauguraciones durante la campaña para los comicios locales prohibió a una de las bandas más longevas e importantes del rock español dar un concierto, por si se confundía el electorado.

Y puesto que Kutxi no se caracteriza por andarse con medias tintas y era evidente que estaba molesto por el asunto, se despachó a gusto.

Quizá por eso la única crónica que van a leer ustedes sobre este concierto sea esta. Porque ni el Faro de Vigo, ni La Voz de Galicia, ni Atlántico, ni ningún otro medio local ha publicado una sola línea al respecto. Por lo que sea.

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