Los niños rohingya se llevan la peor parte de las interrupciones causadas por la COVID-19 en Bangladesh

Las instalaciones educativas de los campos de refugiados siguen cerradas
Publicado por o día 24/08/2020 na sección de Social,UNICEF

Los niños rohingya se llevan la peor parte de las interrupciones causadas por la COVID-19 en Bangladesh

Tres años después de que cientos de miles de rohingyas huyeran de la violencia y la persecución en Myanmar, los niños refugiados – y sus familias- en el distrito de Cox’s Bazar, en Bangladesh, se enfrentan a nuevas dificultades. A pesar de las circunstancias increíblemente difíciles, la población refugiada está participando activamente en los trabajos de respuesta para prevenir y gestionar la amenaza de la COVID-19 en los campos.

“Los niños rohingya refugiados y sus familias han mostrado una resiliencia extraordinaria en su vida en el exilio en Bangladesh”, explica Jean Gough, directora regional de UNICEF para Asia Meridional. “A pesar de unas circunstancias difíciles de imaginar, que han empeorado por las lluvias del monzón y la pandemia mundial, estas familias siguen enseñándonos cada día lo fuertes, valientes y perserverantes que son”.

La COVID-19 sigue alterando la vida de más de 460.000 niños rohingya refugiados que viven en el distrito de Cox’s Bazar. Las instalaciones educativas de los campos están cerradas desde marzo, igual que en el resto del país. Unos 315.000 niños y adolescentes rohingya están fuera de la escuela. UNICEF y sus aliados siguen trabajando para ayudar a los niños a aprender desde casa, involucrando a los padres y cuidadores para que estos apoyen la educación a distancia, y proporcionando libros de texto y material visual. Los profesores rohingya voluntarios han jugado un papel crucial, ya que a la vez difundían mensajes de salud e higiene relativos al virus.

Como resultado, una reciente encuesta mostró que el 77% de los niños realizaron actividades educativas dirigidas por su cuidador en casa. Sin embargo, sigue habiendo dificultades significativas, como el hecho de que muchos padres no pueden leer ni escribir; por ello, UNICEF sigue explorando vías alternativas para mantener a los niños conectados con la educación y la información.

“Los niños rohingya refugiados necesitan oportunidades para desarrollar el conocimiento y habilidades para su futuro. Esto les permitirá contribuir a la paz y la estabilidad”, asegura Jean Gough.

Debido a la reducción de trabajadores humanitarios en los campos para tratar de limitar la propagación del virus, UNICEF y otras organizaciones humanitarias han establecido nuevos modos de proporcionar servicios fundamentales. Los voluntarios rohingyas y el personal de Bangladesh han sido esenciales en este trabajo, conectando a las comunidades con los servicios críticos y con información para protegerse frente a la COVID-19.

El mes pasado, UNICEF y sus aliados lanzaron una campaña puerta a puerta de suplementos de vitamina A. Los voluntarios rohingya fueron vitales para alcanzar a 154.000 niños de entre 6 meses y 5 años. La campaña cubrió el 97% de los niños previstos, un resultado considerable teniendo en cuenta la actual situación y las fuertes lluvias del monzón.

Cuando los niños rohingya de Myanmar inician su cuarto año como refugiados en Bangladesh, se deben redoblar los esfuerzos para garantizar un retorno voluntario, seguro, digno y sostenible.

UNICEF reafirma su agradecimiento al gobierno y población de Bangladesh, que ofreció protección y refugio a los rohingya cuando más lo necesitaban. UNICEF hace un llamamiento a la comunidad internacional para que continúe su generoso apoyo a las comunidades de refugiados y de Bangladesh en Cox’s Bazar, cuyas necesidades se han hecho más acuciantes debido a la pandemia, y para que apoyen las esperanzas y sueños de los niños refugiados de tener un futuro mejor.

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