Marea.gal y las clases de gimnasia en el instituto

Publicado por o día 08/09/2015 na sección de Opinión,Opinión por Miguel Diéguez

Marea.gal y las clases de gimnasia en el instituto

La clase de gimnasia en el Instituto era ese oasis en medio de unas mañanas llenas de números, fechas y análisis sintácticos. Una asignatura donde cambiaban completamente las reglas: los repetidores solían ser los mejores, pues un año en condición física a esa edad se nota. Quienes hacíamos deportes aprovechábamos para intentar lucirnos delante de las chicas, y en general todos nos lo pasábamos bien echando unas pachangas de fútbol, de baloncesto o de lo que fuese. Si se jugaba con un balón, molaba más que estar haciendo ecuaciones. Aunque hubiese que pagar el precio de un mes de acrosport o de bailes de salón para ello.

Pero si algo distinguía a la clase de gimnasia de todas las demás, es que en Gimnasia no hacía falta ser bueno para aprobar, ni siquiera para sacar buena nota. Hasta el gordito de la clase, si le ponía ganas y la/el profe le veía sudar, sacaba su 8. Lo importante era la intención.

¿Qué tiene que ver la clase de gimnasia con Marea.gal? Pues en realidad nada, porque en política la intención no importa si no va acompañaba de la posibilidad de éxito, entendido como la consecución del objetivo marcado.

Marea.gal nace como una iniciativa en busca de extrapolar la experiencia de las mareas municipales al ámbito autonómico, con la unión de personas individuales de cara a conformar una “marea gallega”. Un objetivo muy bien intencionado, un objetivo muy loable, pero un objetivo imposible tal como se plantea. Y es que el ámbito municipal no es igual al autonómico.

En mi opinión, y sin querer desmerecer a otras opciones igualmente exitosas, el proceso municipal más ejemplar ha sido el de Marea Atlántica en Coruña. Un proceso donde personas provenientes de los movimientos sociales, que se conocían previamente, que habían compartido espacios de resistencia y que se habían aburrido de preguntarse cómo salir de los círculos de siempre para llegar a la mayoría social, se unieron a la gente de los partidos. Un proceso donde los partidos no eran la única opción sobre la que establecer un eje de vertebración, sino que podían cumplir un papel de perfectos acompañantes.

¿Por qué no se puede repetir este modelo a nivel autonómico? Pues por un motivo muy sencillo, y es que a nivel autonómico no hay movimientos sociales independientes de partidos con capacidad de actuar como eje vertebrador. La PAH, a pesar de su impresionante labor, no alcanza el nivel de vertebración suficiente. Los sindicatos del campo tienen un gran poder de movilización en sus zonas, como está demostrando el sector lácteo estos días, pero no operan en el Eje Atlántico, en el que se encuentran los municipios más poblados. Quizás la CIG podría ser ese eje, pero es evidente que carece de la independencia partidista necesaria para ello.

En estas circunstancias, si se pretende emular a Marea Atlántica, lo único que se puede crear es lo que se ha creado: una iniciativa de personas individuales, a secas. Y en política, como en baloncesto, no ganan los equipos que son un “1+1+1+1+1+1…”, ganan los equipos que son “12”.

Sin cohesión, sin dinámicas automatizadas que permitan ejecutar las labores de forma rápida y coordinada, es imposible crear un proyecto ganador.

Por contra, lo que suele pasar en este tipo de agregaciones es que aparecen en escena personas como “Lord Baelish”. Para quien no lea/vea Juego de Tronos (que alguien habrá), Lord Baelish es un personaje que concibe el caos como una escalera hacia el éxito, un revuelo de lo hasta ahora establecido en el que se redistribuyen las piezas. Un trepador, en román-paladino. Y con esto no estoy acusando de trepadores a quienes se han implicado honestamente en Marea.gal. Pero sí les digo que es conocida la presencia en su Coordinadora de Lord Baelish. O Lady.

De todos modos, no parece que Marea.gal vaya a pasar de ser un jugador más en la partida, que en el mejor de los casos acompañe y en el peor entorpezca pero no impida. El eje vertebrador deberá ser otro, combinación de las principales fuerzas impulsoras del anterior proceso de modernización política que vivió Galicia y del mecanismo de transformación política más potente a nivel estatal en estos momentos. A falta de otro eje, este no es ni mucho menos malo (¿cómo podría serlo contando con Beiras?).

El éxito de la Marea Gallega dependerá de la capacidad de entendimiento entre Podemos, Anova e  IU, y de que las tres fuerzas jueguen con las cartas descubiertas. El reparto de peso (que no de puestos, que deberá depender de unas primarias) será distinto, porque distinta es la fuerza, las virtudes y los defectos de las tres. Una vez se dé este entendimiento (para mí, condición sine qua non), las tres fuerzas deberán ser capaces de interpelar y seducir a los movimientos sociales y a personalidades destacadas de campos técnicos o académicos. Y su papel no deberá ser el de ir en la lista o hablar en los actos: ese acuerdo previo deben ser solo los cimientos a partir de los que construir el edificio. Elaborar el programa, organizar la campaña y conformar la lista, deberá ser labor de toda la ciudadanía que se quiera sumar al proceso.

Por ahí pasará el éxito de la Marea Gallega. Conseguir el objetivo sólo con buenas intenciones se quedó en la clase de gimnasia.

OPINIÓN POR MIGUEL DIÉGUEZ

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