Medicalización. Sociedad placebo.

Opinión por Carla Leiras.
Por o 02/09/2017 | Sección: Opinión,Opinión por Carla Leiras
Medicalización. Sociedad placebo.

Opinión por Carla Leiras

Un informe de la sociedad española de salud pública y administración sanitaria nos cuenta que España es el segundo país del mundo en consumo de fármacos por habitante, lo cual supone una enorme barbaridad.

España es obviamente, un país sobremedicado. Hemos interiorizado que si vamos al médico y salimos sin una receta, no se nos ha atendido correctamente. Los profesionales reconocen que en un mal día, antes que pararse a analizar un cuadro de síntomas recetan directamente el principio activo que más parezca coincidir con ellos, arriesgándose a tratamientos erróneos, que en ocasiones, a largo plazo, causan efectos secundarios que pueden producir trastornos anexos. La dificultad de atender en tres minutos un cuadro complejo se ataja con la costumbre de las recetas automáticas, y los puntos de atención primaria son redes de expendurías de medicamentos, lo que ha hecho que durante años se hayan malgastado recursos públicos.

Un ejemplo: en España, habiendo un clima soleado y por lo tanto debiendo existir menos osteoporosis, el volumen de ventas de complementos vitamínicos para paliarla es con mucho mayor que en Gran Bretaña, que necesita de  facto más suplementos.

Hay médicos que han llegado a afirmar directamente que el síndrome de hiperactividad infantil ha sido creado ad hoc para vender un medicamento con base de principios similares a la anfetamina al que había que “dar salida”.

Y muchos investigadores de curas para el cáncer se quejan a menudo de las presiones, la desincentivación, el poco interés que hay realmente en que se erradiquen ciertas dolencias en favor de la industria farmacéutica, cuyas ventas caen en picado cada vez que aparece una nueva vacuna aprovechable para desechar tratamientos.

Los visitadores médicos, presuntamente informadores técnicos sanitarios, forman parte de una red comercial feroz y en muchas ocasiones acosan a los profesionales con técnicas de venta agresivas; son licenciados en márketing que les intentan convencer de las bondades de sus productos mediante regalos, viajes, congresos, etc, haciendo que esa persona se sienta presionada a recetar determinada marca. Los visitadores manejan presupuestos de inversión, un dinero que puede gastarse en una visita por médico, que puede llegar a 450 euros por ejemplo, para una comida o cualquier acción para sensibilizar a un profesional favorablemente ante un laboratorio y sus productos.

Por estas razones desde 2012 se ha pasado a legalizar como preferente la receta por medio de un principio activo y no por marca. No hay consenso sobre si un medicamento genérico tiene el mismo efecto: en determinados casos el mismo exacto es fabricado incluso en la misma planta y simplemente varía el nombre y el tratamiento comercial y publicitario posterior. En otros sí que hay diferencias en cuanto a excipientes, lo que puede llevar a alergias, o la carencia de otros componentes añadidos que facilitan en el caso de los de marca la absorción y por lo tanto, uno nota una ligera diferencia entre tomarse uno u otro y los tiempos de alivio. Pero en la gran mayoría de los medicamentos, la doctrina mayoritaria indica que pasan los mismos controles y que deben ser perfectamente análogos. Casi todos los informes que sostienen lo contrario son grandes laboratorios interesados en mantener sus productos al alza.

Los médicos llegan a hablar de especialidades concretas surgidas a costa de enfermedades que directamente han sido provocadas por los efectos secundarios de ciertas sustancias, siendo esto un efecto calculado y espoleado por las farmacéuticas.

La OMS ha hablado por ejemplo de que el tratamiento hormonal sustitutivo recetado en los noventa a granel para contrarrestar los síntomas de la menopausia han favorecido una aparición masiva de casos de cáncer de mama, directamente relacionados con el exceso de estrógenos sin controlar.

En España, entrevistados más de 600 médicos, un 81% reconocen aceptar a menudo gastos de viaje, alojamientos, comidas, libros, entradas de espectáculos… por parte de los visitadores.

Hay un código español de buenas prácticas y farmaindustria que habla de que “los visitadores no deben emplear incentivos o subterfugios para favorecer su venta o que se les conceda una entrevista. No se pagará por la concesión de la misma”, etc, pero estas reglas caen en saco roto.

En política sanitaria hay también influencias externas que hacen que su finalidad no sea el bienestar público, sino que haya otros intereses en juego. La industria farmacéutica ejerce mucha presión en este ámbito y hay lobbies muy potentes que están a pie de despacho para subvertir las opiniones de responsables de sanidad para intentar que los españoles consumamos el máximo de medicamentos posible. Por tanto es más sencillo que a un ministro se le muestren fármacos finales que programas de desarrollo de, por ejemplo, envejecimiento saludable, porque los intereses económicos tienen más peso, sin olvidar que es un sector en el que también existen la puertas giratorias y hay favores que pagar.

Un ejemplo contundente es la campaña que se realizó con la gripe A y la polémica sobre si habría que comprar las vacunas para toda la población. Las farmacéuticas querían extender la sensación de pánico y minimizar los efectos negativos que pudiese tener la cura cara al público. La OMS ocultó que sus expertos en gripe A cobraron directamente de las farmacéuticas. Se gastaron más de 98 millones de euros en esta campaña de vacunación, en dosis que en muchos casos no se llegaron a utilizar y directamente se acabaron destruyendo: millones de euros tirados a la basura. Y millones de mascarillas acumuladas en almacenes.

Por otro lado, ya hay quien habla de la dispensa del medicamento tamiflú como la mayor estafa de la historia sanitaria, con una campaña de ocultación de sus efectos secundarios psiquiátricos y renales, y habiendo creado un gasto sin precedentes en nombre de una pandemia gripal que no llegó nunca a demostrarse.

Por poner otro ejemplo, se ha descubierto que dentro de la comisión que decide sobre los índices saludables de colesterol ha habido integrantes directamente relacionados económicamente con ciertas farmacéuticas, haciendo el organismo nada independiente y por lo tanto existiendo parcialidad.

Toda esta situación preocupante nos recuerda al escenario tétrico planteado por la película “la cura del bienestar, de Verbinski, (spoiler->) en el que un ejecutivo acaba atrapado en un centro de retiro y descanso médico en los Alpes suizos y comprueba que no es más que una siniestra secta de reclutamiento en masa para enfermar, mediante agua medicinal que se administra como supuesta cura a sus internos, con el fin de adocenarlos, que nunca lleguen a sentirse sanos para abandonar el lugar y por lo tanto, poder seguir con el negocio eternamente en marcha, y lo que es más importante, recibiesen un adoctrinamiento sobre sus necesidades de ser tratados con las aguas para que acabasen desarrollando un miedo atroz a alejarse del sistema, en el que realmente nadie les retenía contra su voluntad, sin plantearse que les pudiesen estar enfermando y ser la cura la causa, y no la solución a sus presuntos males.

Es una analogía perfecta del sistema capitalista y consumista que nos aplasta, creándonos necesidades imaginarias que cubrimos pensando que nos urgen para lograr una estabilidad y cierta ilusión de felicidad, pero que no se trata más que de un gran negocio, una vida de lujo para un porcentaje mínimo y sobre todo un fomento del más absoluto control, que plantea una suerte de existencia totalmente teledirigida en favor de los intereses de unos pocos sin escrúpulos.

La “cura” es cuestionarse, si cada paso que damos lo elegimos o nos viene dado. La “cura” es no dar nada por sentado, no creer solo en lo que nos han enseñado. La “cura” es organizarse, analizar, reflexionar, debatir y combatir aquello que nos oprime. La “cura” es romper la inercia de la rueda y sacudir fuertemente el tablero, peleando por salir de la casilla que nos han asignado como moneda de cambio sin alma.

Portavoz de la asociación foro socioeducativo Os Ninguéns. Licenciada en derecho. Diplomada en mediación educativa y como formadora didáctica. Titulada en prevención- formación sobre VIH-SIDA y detección-tratamiento de patologías adictivas-drogodependencias.

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