Memento

Publicado por o día 31/03/2015 na sección de Opinión,Opinión por Oscar González

Memento

Caminar por Vigo en estos días es una cosa que eleva el espíritu. Si uno consigue no desgraciarse entre las múltiples zanjas y socavones, evita comerse por despiste alguna de las abundantes vallas amarillas que florecen, como cada periodo pre electoral, como el tojo cuando llega la primavera y se las apaña para no acabar atropellado por cruzar en un sitio donde los coches ahora van en dirección contraria a lo habitual por causa de alguna obra, podrá ver un espectáculo digno de una gran ciudad del siglo XXI.

Por un lado, esas medianeras convertidas en murales que nos recuerdan que somos una ciudad con mucho que agradecer al mar. Por si no lo recordábamos cuando miramos al oeste y vemos barcos navegando por la ría y kilómetros y kilómetros de mar hasta donde alcanza la vista, que ya se sabe que el vigués medio es olvidadizo.

Lo sabe mejor que nadie el señor alcalde, ese que todavía tiene pendiente ganar unas elecciones, que tapa con cosméticos el olor a podrido que empieza a desprender su corporación municipal. Dicen que los gobernantes son una expresión de la calidad de los gobernados, pero yo me resisto a pensar que esta ciudad se merezca a un demagogo con Síndrome de Emperador como alcalde, una teniente sospechosa de utilizar lo público para favorecer a sus familiares o un concejal de Parques y Jardines “investigado”, que no imputado –cosas de la lingüística Popular–, por adjudicar contratas a empresas que le compraban cemento a la suya.

Pero ellos saben perfectamente que los ciudadanos, salvo casos contados, tenemos una memoria a muy corto plazo, y con ello juegan: humanizo una calle aquí, planto cuatro monumentos allí, gasto 300.000 € en unos murales en Martínez Garrido que de paso tapan esa parte del Vigo desfavorecido que es preferible ocultar, pinto medianeras, asfalto las calles, apruebo planes de empleo que no llevaré a la práctica… la lista es muy larga.

Y nosotros los ciudadanos, como el protagonista de la película de Cristopher Nolan que da título a este artículo, pronto tendremos que empezar a tatuarnos los abusos de este gobierno local para que no puedan ser tapados con asfalto y pintura, con granito en las aceras o barcos en rotondas que parecen clubs de carretera.

Porque la memoria es frágil, y no sólo la histórica.

ARTÍCULO OPINIÓN OSCAR GONZÁLEZ