“Lucha de Povisa”

Publicado por o día 24/03/2015 na sección de Opinión,Opinión por Miguel Diéguez

“Lucha de Povisa”

Tras catorce días de lucha incansable y ejemplar, las trabajadoras y trabajadores de Povisa en huelga de hambre han decidido ponerle fin. Ha sido necesaria la insistencia de tres médicos y de todos sus compañeros para convencerles de que resultaba muy perjudicial para su salud continuar con esta estrategia; imponiéndose la necesidad de un cambio en la misma.

La victoria moral obtenida durante todos estos días, es indiscutible: han conseguido hacer llegar su lucha mucho más allá de las paredes del hospital, con un salto cualitativo de gran relevancia: la capacidad de generar su propia información más allá de los medios de comunicación tradicionales.

Estos medios han ignorado el conflicto hasta que les ha resultado imposible seguir silenciándolo, y no han pasado de rellenar una página de interior con él, cuando una huelga de hambre de esta magnitud debería abrir portadas día tras día.

Ante el silencio de los medios, siempre conscientes de a quién obedecen, las trabajadoras y trabajadores de Povisa han generado sus propias noticias a través de la prensa alternativa, y también de las redes sociales, donde han sido capaces de generar publicaciones que han alcanzado una difusión superior a 11.000 personas.

Para quienes hemos tenido el honor de compartir su lucha, ha sido tremendamente inspirador verlos día a día mantenerse, a pesar de los abusos por parte de la empresa, algunos que rozan los métodos de tortura como impedirles dormir encendiendo las luces cada media hora, o pasar las máquinas de limpieza de madrugada. Otros abusos han sido menos “lesivos” pero igual de insultantes, como que algunos directivos hayan ido a desayunar expresamente delante de las personas en huelga de hambre.

Estas compañeras y compañeros no tenían ningún afán de heroísmo. Edu, el primer compañero en ponerse en huelga de hambre, tenía la esperanza de acabar la huelga antes del día del padre para poder pasar el día con su hijo. En vez de eso, se pasó el día metido en el hospital, aguantando en su noveno día de huelga de hambre, cuando días antes el médico que le reconocía diariamente le insistía en que abandonase la huelga de hambre por el riesgo para su hígado.

En vez de dejarla, Edu continuó varios días en huelga de hambre.

Hicieron falta dos médicos más para que la dejase. Cuando lo hizo, Ruth, su compañera, me avisó de que abandonaba la huelga. Fui corriendo al hospital para poder darle ánimos antes de que se fuese a casa, esperando encontrarme a un compañero deprimido por tener que dejarlo, a alguien emocionalmente abatido y sin ganas de continuar.

Cuando lo vi, me asusté. Estaba extremadamente delgado, y su piel mostraba un color amarillo que señalaba que su hígado había dicho basta. Pero al mismo tiempo, me sorprendió su cara.

Cansancio, mucho cansancio, sí. Pero ninguna muestra de abatimiento, ninguna intención de abandonar.

Esperaba encontrarme a alguien a quien consolar a animar, y cuando nos abrazamos, poco menos que Edu me animó a mí.

Todos los compañeros le animaban a tomarse unos días, a recuperarse y descansar. Al día siguiente Edu estaba apoyando a las dos compañeras que continuaban desde el primer día y al compañero que se sumó días después.

El otro gran éxito de las trabajadoras y trabajadores de Povisa, además de haber mostrado a la empresa que ningún despido se va a quedar sin respuesta, es haber sido capaces de expandir su lucha más allá de la plantilla de personal. Porque esta lucha no es sólo la suya, sino la de toda la ciudadanía viguesa por poder mantener una sanidad de calidad. Es cierto, Povisa no es un hospital público, sino una empresa, pero nadie que pase más de cinco minutos con cualquier persona de la plantilla puede dudar de su compromiso inquebrantable con la sanidad pública y la defensa de una asistencia sanitaria de calidad. Ya les gustaría poder trabajar en el Servicio Público de Saúde, pero hasta que en San Caetano no se encuentre un/a Presidente/a que se plantee convertir Povisa en un centro público, su única opción es seguir peleando por que se cumpla el convenio firmado con el SERGAS para que las condiciones en Povisa sean las mismas que en un centro público.

Las compañeras y compañeros abandonan la huelga, que no la lucha. La lucha continúa, a través de la difusión entre toda la ciudadanía y la construcción de un discurso hegemónico: que nuestra salud no es un negocio, sino un derecho, y que para garantizarlo es imprescindible que el personal sanitario cuente con las condiciones laborales necesarias para poder desempeñar bien su trabajo. Silveira puede pensar que Povisa sigue siendo su cortijo, pero mientras se toma el café con churros comprobando los beneficios de sus empresas, se está generando un magma todavía no visible que va ganando fuerza, y que culminará en la victoria de la plantilla de Povisa contra los constantes abusos y recortes.

Y no será sólo su victoria, será la de toda la ciudadanía viguesa.

OPINIÓN MIGUEL DIÉGUEZ – CONSEJO CIUDADANO PODEMOS