“Mosquera, The Wire, y la cultura del pelotazo”

Publicado por o día 04/09/2015 na sección de Opinión,Opinión por Miguel Diéguez

“Mosquera, The Wire, y la cultura del pelotazo”

“Cuando un periodista le preguntó por la posibilidad de prever refuerzos de personal en las urgencias ante los picos de gripe que se repiten todos los años, la conselleira respondió con un repaso a obras de mejora que se realizan, se han realizado o se van a realizar en los centros dependientes del Sergas. “Si esto no es darle respuesta a los ciudadanos…”, zanjó Mosquera.”

La Conselleira reduce el caos en urgencias a un problema de confort”, El País, 13/01/2015

El párrafo con el que encabezo este artículo puede parecer trivial, pero no lo es. Encierra la esencia del modelo económico del PP, no sólo con Rajoy, sino en el Gobierno de Aznar. Algo que, comúnmente, se ha denominado como cultura del ladrillo y que el PP, a pesar de la explosión de la burbuja inmobiliaria, mantiene como identidad económica.

El Partido Popular jamás ha concebido los servicios públicos como derechos inalienables de la ciudadanía, que toda persona debe tener garantizados desde el momento de su nacimiento. Para el PP, los servicios públicos son un negocio a explotar, principalmente por tres vías: la externalización de servicios a empresas privadas de amigos y familiares, la privatización de empresas públicas, y la “colaboración” público-privada para la construcción de infraestructuras.

Al PP no le interesa la sanidad, le interesa el hospital. Le interesa abrir un proceso de licitación opaco, en el que se adjudica la obra a una empresa amiga, para que una vez construido sea gestionado de forma privada recibiendo jugosísimos cánones públicos. De la misma forma, no le interesa el colegio, sino la cesión de suelo público a empresas de la educación, con el posterior concierto. Esta práctica no ha llegado a extenderse demasiado en Galicia, pero en Madrid la privatización de la educación ha estado directamente ligada con la trama Púnica(*).

Probablemente esa sea la mejor palabra para definir al PP. Trama. Una red de contactos personales, de ambiciones de poder, diseñada para enriquecerse lo máximo posible. Jorge Vestrynge, profesor de Ciencia Política en la Computense, criticaba (benévolamente) el tan repetido concepto de casta y aseguraba que debía hablarse de jauría, esto es, de una casta depredadora.

Más allá de la expresión que se quiera usar, no le falta razón al señor Vestrynge. Quien haya visto The Wire, no puede evitar imaginarse al PP como la organización de los Barksdale, dispuesta a cualquier cosa por hacer dinero, tratando de cubrir bien sus huellas con negocios legales como funerarias, copisterías o clubs nocturnos mientras, con todos los medios posibles, extendían su dominio. Salvo porque ya le gustaría a Rajoy tener un gramo del estilo y el carisma de Avon o de Stringer Bell.

El problema de fondo es que el PP y la oligarquía empresarial comienzan a hacer hegemónica esta forma de concebirlo todo como un negocio, incluido lo público. Una concepción donde no hay derechos; lo que quieras, te lo tienes que ganar. Una mentalidad donde se sustituye completamente la cooperación y la solidaridad por la competitividad, pero sabiendo en todo momento quiénes son los tuyos, y sabiendo que si te mantienes fuerte y leal a tu “familia”, podrás enriquecerte, a costa de destruir a los demás. This is the game, boy.

Por supuesto, esta mentalidad resulta seductora, porque permite imaginarse como uno de los winners. En la película No, que narra la historia del referéndum sobre la continuidad de Pinochet como máximo mandatario chileno, hay una escena tremendamente reveladora. El asesor de publicidad de la campaña del “sí”, en un momento de planificación con los dirigentes de la dictadura, afirma: “el mensaje debe ser que en el Chile de Pinochet cualquiera puede hacerse rico.

Ojo, no todos, sino cualquiera”.

Sin embargo, por muy atractiva que resulte la opción de tener un 0,001% de posibilidades de hacerse rico en una selva de depredadores, a mí me resulta mucho más atractiva otra vía: la de crear un país próspero para todas y todos, no para cualquiera. Un país decente, donde los contratos no se asignen por amiguismo con informes ocultos, sino con transparencia y rendición de cuentas. Un país con una economía basada en la producción de bienes y servicios necesarios para la vida, y no en el ladrillo, los pelotazos y el turismo de sol y playa con jóvenes cobrando 300 euros en negro al mes. Un país donde habrá quien tenga mucho más que la media, pero donde nadie tendrá tan poco como para deber apagar la calefacción en invierno o rebajar la leche con agua para llenar la taza del desayuno.

La construcción de ese país pasa, por supuesto, por recuperar nuestros servicios públicos y su carácter de derechos fundamentales, fuente de trabajo abundante y digno y bienestar para todas y todos. No para cualquiera.

(*) http://www.nuevatribuna.es/articulo/espana/sindicatos-denuncian-escandaloso-saqueo-ha-sufrido-educacion-publica-trama-punica/20150819122930119265.html

OPINIÓN POR MIGUEL DIÉGUEZ