Opinión por Carla Leiras | Ni iguales, ni dignos

Por o 21/03/2018 | Sección: Opinión,Opinión por Carla Leiras
Opinión por Carla Leiras | Ni iguales, ni dignos

Últimamente, el baile de cifras de indemnizaciones y multas que gestionamos en España nos muestra claramente un mapa numérico de nuestra indignante realidad social.  Si hacemos una pequeña comparativa, encontramos los 40.000 euros a pagar por una portada satírica sobre Ortega Cano (esa figura que representa la vergüenza de que en este país haya una profesión reconocida que se llama “matador”): parece que el hecho es de gravedad similar al del hombre mal diagnosticado de VIH y hepatitis B durante 15 años que literalmente defenestró su marco sociofamiliar tras el resultado recibido de un hospital vigués, y será reparado con solo 60.000 euros de indemnización: pensemos en la repercusión en la existencia de Ortega Cano de un chiste aislado y en la vida truncada del erróneo seropositivo en un momento médico en el que esa diagnosis era una clara sentencia de muerte.

En Murcia, se ha denunciado a un vecino por “comer pipas de manera desafiante” hacia la policía. Se van fechando las penas para encerrar en celdas de hormigón a raperos por cantar representando un “peligro abstracto” (aquellos para los cuales no se requiere expresamente la efectiva situación de peligro. ¡?)”.

Cuando seguimos en este bucle de ridiculez internacional, Estrasburgo apuñala al estado español por su nulo entendimiento de la libertad de expresión, y cuando salimos del abstracto, y entramos en la brutalidad concreta, tangible, sangrante, ahí ya no se depuran responsabilidades: estalla Lavapiés y los medios se centran en los disturbios vandálicos, en los contenedores quemados, y titulan sobre el ambiente hostil que reina en el barrio dejando en segundo plano dos muertes dramáticas y la brutal agresión policial a un vecino senegalés en actitud pacífica, mediante un porrazo en la cabeza que le dejó inconsciente y hospitalizado.

Abundando en el tema, los mass siguen sin preocuparse por esclarecer si los dramáticos sucesos del barrio han sido causados por la intervención policial y en qué medida, pero sí se hacen eco constante de las enormes pérdidas causadas por la venta ambulante en los comercios de la zona (ahora resulta que el top manta es el gran problema del minorista y no las grandes multinacionales que producen a destajo pagando sueldos de miseria y copando el mercado: los gigantes macrófagos ni entran en el debate sobre la destrucción de puestos y el detrimento impositivo).

La venta ambulante está penalizada con cárcel desde la reforma del código penal, y la propuesta de un partido de devolverlo a la sanción administrativa por considerar la sobrepunidad comparativa una suerte de racismo institucional ha hecho a muchos llevarse las manos en la cabeza, además de engañosamente afirmar que se pretende “legalizar”, cuando la propuesta es simplemente despenalizarlo por considerar que sus actores recurren de manera desesperada a este tipo de actividad por encontrarse bajo el umbral de la pobreza y por tanto serían un colectivo a proteger y no a encarcelar.

Hace pocas semanas un vecino de Vigo de procedencia senegalesa era apalizado y arrojado a un contenedor de escombros tras un episodio cuasi homicida en el que ocho salvajes se desquitaban por diversión con esta persona empobrecida que pernocta en un portal mientras proferían insultos racistas: el el parte policial de la denuncia se recoge un incidente, un altercado, una pelea, no se menciona el delito de odio tampoco en la prensa, que lo considera “una agresión” con “posible” motivación xenófoba, minimizando lo que cuanto menos sería un delito grave de lesiones con agravante de xenofobia, abuso de superioridad y ensañamiento, a la luz del parte de lesiones que refleja cómo el afectado llegaba inconsciente al hospital. Papa Seck pudo haber muerto, y no es su primer ataque, está “acostumbrado” tras otros episodios sucedidos en Santiago.

Sin entrar en el sumidero disfrazado de debate sobre integración que se abrió como una caja de Pandora tras el asesinato del pequeño Gabriel por parte de una mujer dominicana, en uno de los tratamientos desinformativos más deleznables empapados en sensacionalismo sangriento, que hasta la propia madre del niño intentó frenar sentando cordura ante un país que colocó una pantalla gigante para retransmitir el funeral de su hijo.

En el día internacional contra la discriminación racista, yo solo puedo sentir vergüenza por la caída en picado de nuestro contrato social, además de agachar la cabeza con rubor al ver a un vecino jugándose la cárcel por vender paraguas en la calle mientras nos ofrece una gran sonrisa, a los que estamos sosteniendo esta barbarie, este fracaso de estado hipócrita que se llena de campañas de acogida pero que no les considera para nada de los suyos: ni iguales, ni dignos. Como si España lo fuera.

Portavoz de la asociación foro socioeducativo Os Ninguéns. Licenciada en derecho. Diplomada en mediación educativa y como formadora didáctica. Titulada en prevención- formación sobre VIH-SIDA y detección-tratamiento de patologías adictivas-drogodependencias.

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