Nuestra marca es la crisis

Opinión por Óscar González
Publicado por o día 22/03/2017 na sección de Opinión,Opinión por Oscar González

Nuestra marca es la crisis

Opinión por Óscar González

Nos ha tocado vivir tiempos de desconcierto. En pocos años, pasamos del “milagro económico español” y la “Champions League de la economía” a la cola de los servicios sociales y el paro por encima del 20%. Las grúas que se recortaban contra el horizonte de nuestras ciudades se detuvieron un día y nunca volvieron a ponerse en marcha. Los contratos de trabajo con salarios dignos se fueron por el desagüe cuando reventó la burbuja que hacía las veces de tapón y el caudal de aguas fecales fue tan desproporcionado que las alcantarillas no dieron para más y la mierda empezó a salpicar a propios y extraños.

Entonces el Gobierno decidió que era hora de llamar a la policía para poner en orden todo este despropósito. Pero no les pidieron que se llevaran a los Rato, a los Blesa o a las De Borbón. Les ordenaron que se llevaran a los de la PAH, porque les hacían llorar a los niños cuando les montaban un escrache; les encargaron que se infiltraran en los movimientos sociales como las Marchas de la Dignidad, porque si te cascan una manifa de más de dos millones de personas y no tienes disturbios con los que abrir los telediarios, igual van los periodistas y se ponen a hablar sobre el daño que estás haciendo a tu pueblo, y eso no queda bien en prime time. Así que tú, 41658732, ponte este pasamontañas, a calentar al personal y si ves que te van a caer cuatro porrazos, ya sabes, “que soy compañero, coño”. Eso sí, intenta que no te pillen diciendo eso, que se puede liar parda.

Pero pasó que los putos reporteros y fotógrafos de calle hicieron su trabajo. Las imágenes dieron la vuelta al país durante varios días. Nos indignamos mucho (más aún), y al poco se nos pasó y seguimos a lo nuestro: intentar comer a diario y que no nos echasen de nuestras casas, mientras gente que nunca ha tenido ese tipo de problemas decía que nuestras ayudas sociales eran una mierda porque había que guardarse la pasta para dársela a los bancos. Se avecinaba el apocalipsis si no era así. Y, para acojonar, señalaron con el dedo y mucho cinismo hacia una Grecia desangrada y arrodillada. Y nos impresionó la imagen, claro. Qué miedo acabar como ellos. Que miedo todo, en general.

Entonces apareció en escena el chico ese de la coleta, sí, hombre, ese que habla tan bien y que mete mucha caña. Vino con cuatro colegas, y los cinco se sentaron en el Parlamento Europeo.

Y la maruja esa de la PAH le llamó delincuente a un ladrón, y los medios de comunicación empezaron a recibir llamadas de sus acreedores, exigiendo campañas contra toda esta gente, que la cosa se estaba saliendo de madre. Y una idea que va a entrar bien, seguro: TODO ES ETA.

No hizo falta insistir demasiado. Las cuentas de resultados de la mayoría de mass media eran algo descorazonador, así que se plegaron a la voluntad de los que mandan, los mismos con los que muchos de ellos habían trabajado codo con codo como jefes de gabinete o asesores personales. Cualquier mínimo conato que veáis de pensamiento crítico debe ser extirpado, y allá se van a la mierda Javier Gallego, Fernando Berlín o Jesús Cintora. Y la mierda que no pudieron absorber las cloacas empieza a cubrirlo todo con un manto marrón e infeccioso que adormece a la gente.

Y en ese letargo, algunos siguen empeñados en sacar las vergüenzas (que las tienen, y muchas), a señores que ordenan disparar pelotas a inmigrantes o detener a personas por su actividad en Twitter. Y a esos hay una brigada especial, secreta y con patente de corso, de la Policía Nacional que se dedica a perseguirlos e intentar amedrentarlos. Y detrás, la sombra alargada del ultraderechista Fernández Díaz, la de Rajoy y la de tantos otros que se corren de gusto cada vez que la justa porra de un UIP pone en su sitio a un protestón de esos, sea estudiante o director de un periódico, sea la porra real o una metáfora para una llamada amenazante; o los maderos que se te plantan en la redacción sin orden judicial para requisarte unas cintas “por las buenas”, en nombre de La Democracia.

La misma que, cada día más, huele a lo que no se dan tragado las cloacas. Tal vez es hora de empezar a plantearse si ese es el término más adecuado para nuestro sistema político.