Opinión por Carla Fernández | ¿USTED TIENE MIEDO?

Por o 08/02/2018 | Sección: Opinión,Opinión por Carla Leiras
Opinión por Carla Fernández | ¿USTED TIENE MIEDO?

En una ocasión, una joven disidente de Corea del Norte y contraria a su ideología Juche, aseguraba en una entrevista que se sentía tan escrutada por su líder omnipotente que había llegado a pensar que éste podía leerle el pensamiento, y por eso evitaba que su cabeza se fuese hacia cualquier producto americano: una canción de Madonna, una película de Disney.

Ayer se podía leer en noticiasvigo un artículo titulado ” el subdelegado de la Coruña ya multa los pensamientos”.

Éste venía motivado por la multa de 450 euros que recibieron dos vecinos por perturbación de la seguridad ciudadana (producto de la Ley mordaza) al haber acudido a una concentración independentista el mismo día que se había convocado otra españolista.

Las dos concentraciones se situaron una frente a la otra y no hubo altercados de relevancia, conque la multa no se basa en ningún tipo de agresión al grupo “contrario”: simplemente se consideró una provocación el acudir (que no organizar, ya que los chicos siquiera pertenecían a la plataforma convocante) a ese acto estando marcado en el mismo lugar, otro de signo diferente, cuya confluencia podía resultar problemática o derivar en enfrentanmientos ideológicos: en resumen, el titular es muy adecuado, han sido multados por pensar. En las fotos se les puede ver, no increpando o montando ningún tipo de incitación violenta hacia los españolistas sino, tranquilamente con las manos en los bolsillos. Los afectados lamentan la multa y manifiestan haber preferido un arresto domiciliario por las complicaciones económicas que supone hoy en día a una familia restar casi 500 euros de un sueldo por ir a contraconcentrarse al Obelisco.

La sobrepunidad de la Ley mordaza, que acuna en su haber más de 285.000 sanciones un costo de más de 131 millones de euros, unida a nuestro código penal, de los más severos de europa, que contiene ciertos artículos interpretables en los que, haciendo un uso más o menos laxo, “cabe todo”, hacen que nos estemos encontrando con una serie de condenas a la cual más surrealista, que parece que los ciudadanos aceptan con resignación; en caso de las multas, porque pagar en el momento “sale más barato que los recursos, que suelen perderse”, y en caso de la cárcel, porque igualmente es menos prohibitivo que una sanción millonaria. Es preocupante que un joven prefiera ir preso por miedo a ser una carga económica grave para su familia: lo cierto es que a día de hoy, pocas pueden hacerse sin problemas con una solución para sanciones de miles de euros.

Tomémonos unos minutos para reflexionar sobre lo que significa esto para el derecho de libertad de expresión, de asociación y rebelión. La gente simplemente tiene pánico a salir a la calle a manifestar sus ideas por si esto le puede costar no llegar a fin de mes o no poder atender correctamente a sus hijos. Es un planteamiento neoliberal llevado al extremo, y lo hemos deglutido sin apenas pestañear, con la espantosa gravedad que representa: nos han robado los derechos, los que tanta sangre y cárcel han costado a nuestros abuelos: hemos retrocedido en ellos y estamos tan adocenados, cansados, deprimidos, que ni siquiera tenemos fuerza para oponernos con firmeza a este atentado a las libertades fundamentales.

Igualmente estas semanas está siendo debatido en la escena pública el juicio de los doces raperos de la Insurgencia, veinteañeros que pueden entrar en la cárcel por expresarse con canciones en su canal de youtube. También es noticia Pablo Hasel, que se enfrenta a una multa millonaria y a una pena de prisión muy seria por haber afirmado entre otras cosas que el rey Juan Carlos dilapidaba el dinero público en acompañantes (noticia comentada hasta la náusea en la prensa del corazón, sin consecuencias penales para nadie). Igualmente ha sido acusado de enaltecer a la banda terrorista GRAPO, brazo armado del partido PCr que lleva desarticulado desde 2007, más de una década. En sus canciones, Hasel les señala como ejemplo de resistencia por su aguante en las tétricas condiciones que mantienen en prisión, y se muestra simpatizante con su ideología comunista.

Como decía el humorista Facu en un monólogo de su programa NTMEP, “que te condenen por enaltecer terrorismo cuando éste ya no existe en España es el equivalente a pedirles a Nirvana que por favor acudan a dar un concierto en tu ciudad”. Otros hablan de la Audiencia como el nuevo tribunal del rap, ya que ha habido un desfile de compositores de este tipo de canciones que han tenido que sentarse en el banquillo por sus rimas más o menos subversivas, considerándose que son un peligro público y por lo tanto que están mejor en una celda. Ahora pensemos qué manera de “hacerle recuperar el respeto por las instituciones” puede ser el encerrar a unos chicos en la cárcel. ¿Saldrán con más cariño hacia el rey? ¿y hacia los tribunales que les han condenado? ¿hacia el gobierno central?

Recuerdo las palabras de un joven en un acto antirrepresivo, que había cumplido años de prisión por su presunta vinculación con un grupo organizado gallego acusado de acción directa contra el patrimonio. Su conclusión fue: “si pensábais que mi ideología era rebelde, no sabéis cómo soy ahora. Si pensábais que tenía pensamientos radicales, imaginad lo que es pasar años conviviendo con presos de ETA. Si pensábais que iba a salir “reinsertado”, estáis muy equivocados: me habéis echado a las garras de todo aquello que pretendíais sacarme de la cabeza, me habéis cubierto de gasolina”.

Los delitos de opinión dentro de una democracia son un soberano disparate. Sobre todo porque la frontera no está clara: hemos visto personas de signos políticos contrarios al antifascismo twiteando, publicando, afirmando verdaderas barbaridades sin que les haya tosido ningún fiscal amparándose en su libertad de expresión o en ser “licencias metafóricas”. ¿No son estos casos musicales entonces licencias artísticas?

Como decía Carlos Monedero, hoy habrían encarcelado a Valle Inclán por escribir Luces de Bohemia. La pregunta es, a dónde vamos a llegar, y qué vamos a hacer, como pueblo consciente y organizado, para dar respuesta a tanto abuso. Porque la brecha empieza a ser tan profunda, que la ruptura puede ser irreversible y caótica. Esto sucederá en el momento en que la gente pierda el miedo: todo se sostiene gracias a él.

Como dijo cierto villano de Juego de Tronos: -“mis perros no me harán daño, son bestias leales”.
– “Lo fueron. Pero llevas sin alimentarlos mucho tiempo. Ahora sólo están hambrientos”.

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