Opinión por Carla Leiras | Y mientras tanto… pienso para pobres

Por o 27/10/2017 | Sección: Opinión,Opinión por Carla Leiras
Opinión por Carla Leiras | Y mientras tanto… pienso para pobres

Opinión por Carla Leiras

La semana pasada corrió como la pólvora la noticia de que se están planteando en Sao Paulo (Brasil), por iniciativa de su alcalde Joao Doria, el uso inmediato de la “farinata” como pilar alimentario para distribuir en escuelas empobrecidas: este preparado  se trata de un compuesto granulado y concentrado, con aspecto similar al pienso para perros, y se obtendría de alimentos próximos a caducar, recibidos del empresariado alimentario, al que se beneficiaría con exenciones fiscales por su colaboración.

La alimentación, sobre todo en edades tempranas, no solo tiene una dimensión de supervivencia, sino que está entrelazada con muchas más, sin poderse desligar de la función de homogenización social.

¿Resulta ético que, por nacer en una zona de una región empobrecida, haya una distinción entre la variedad de nutrientes a la que tienen alcance un estudiante u otro del mismo país?

Es razonable aspirar desde luego a la terminación del problema alimentario mundial pero nunca a costa de los derechos a la nutrición digna y natural: las instituciones públicas tienen la obligación de atender esta carencia de manera prioritaria y conseguir canalizar los recursos de todos de manera que se llegue a conseguir una repartición de alimentos igualitaria, sin atajos. Si la región no se lo puede permitir, habrá que poner en marcha políticas internacionales de cooperación y activar los protocolos de emergencia que correspondan, porque tirándose alimentos cada día tenemos claro que el problema no es de producción, sino de reparto justo. Como quienes permitimos que se tiren esos alimentos somos nosotros, deberíamos mirarnos en el espejo también y reflexionar sobre qué les cuesta a algunos nuestro estilo de vida.

Para quienes esgrimen que los recursos de ese país no dan para más y que hay que tener en cuenta la realidad socioeconómica de cada ciudad antes de pensar en utopías alimentarias: recordemos que ahora mismo en las escuelas están usando comida fresca, es decir, no es pasar de la nada al “pienso”, sino pasar de unas meriendas (humildes, sí) a esto otro: igualmente, la mortandad infantil de Brasil se ha reducido drásticamente los últimos años, oscilando actualmente entre un 18 y un 20 por mil. Las muertes por desnutrición se corresponderían con un 4 por ciento de éstas, habiendo salido del “mapa del hambre” de la ONU. No son cifras que permitan ni remotamente justificar esta barbaridad, que nos recuerda a cierta película de ciencia ficción.

España es el tercer país de la UE con más pobreza infantil, y un 25% de niños están en riesgo severo de exclusión, y por tanto de malnutrición. Las cifras en nuestro país (distancias obvias aparte) son desoladoras: imaginemos que este modelo se importa y en las escuelas de Vigo empieza a usarse este “pienso” para abaratar los costes de la cocina en los barrios más humildes, ¿nos parecería aceptable para nuestros hijos? ¿y por qué para un brasileño sí?

El consejo general de nutricionistas apunta que, aunque va a intentarse que el compuesto contenga plátano, arroz, patatas o judías, al depender de las donaciones que haya en cada momento no se van a poder saber con anterioridad los ingredientes finales de cada remesa, lo cual vulnera la seguridad alimentaria, al no estar aseguradas la prevalencia de proteínas y nutrientes básicos.

El plantearse este tipo de medidas como paliativo en la lucha por la erradicación del hambre en un país con el contexto socioeconómico de Brasil, aumenta la brecha de la desigualdad característica de la región y es una aplicación de libro de principios neoliberales, porque lo que subyace como ideología de fondo no es acabar con el hambre, sino abaratar los costes sociales que suponen los empobrecidos para poder invertir en otras cuestiones.

El resumen del razonamiento que arropa esta idea nos la da la ONG religiosa que se hará cargo del proceso, llamada “Sinergia”. El arzobispo de Sao Paulo defendió así su puesta en marcha:

“el hábito alimenticio es para quien tiene el lujo de acceder a alimentos de forma regular. El pobre no tiene eso”.

El pobre no tiene eso. Ni les interesa nada pelear para que lo tenga. Señor arzobispo, dé ejemplo a su país: coma usted el resto de su vida este pienso seco hecho con restos, y luego analizamos si es pertinente para otros, que tienen la misma capacidad de apreciar texturas y sabores, que se verán sometidos a carencias nutricionales si no tienen una dieta mínimamente variada, que se merecen sentarse a una mesa a alimentarse dignamente. Si esto está bien para ellos, lo está para ustedes: tráguelo con mucha agua y patriotismo episcopal.

Portavoz de la asociación foro socioeducativo Os Ninguéns. Licenciada en derecho. Diplomada en mediación educativa y como formadora didáctica. Titulada en prevención- formación sobre VIH-SIDA y detección-tratamiento de patologías adictivas-drogodependencias.