Opinión por Oscar González | Gobierno de España: un asesino de la tercera edad

Publicado por o día 28/02/2018 na sección de Opinión,Opinión por Oscar González

Opinión por Oscar González | Gobierno de España: un asesino de la tercera edad

La semana pasada centenares de miles de pensionistas se echaban a la calle por todo el país para reclamar unas pensiones públicas y dignas. Eran muchos, sí, pero apenas un 1% de los más de nueve millones que viven en esta nuestra Trece Rúe del Percebe, lo que demuestra una vez más que, da igual lo transversal que sea el problema, es más difícil movernos de lo que lo fue resolver el Teorema de Fermat.

El sistema de pensiones y su sostenibilidad llevan siendo parte del debate público bastantes años. Cuando estudiaba, la principal amenaza para el sistema tenía que ver con la forma de la pirámide demográfica, pues las proyecciones a futuro hacían temer que el principio de solidaridad intergeneracional (que los trabajadores de hoy paguen las pensiones de los de ayer, así muy llanamente) no podía sostenerse con las tasas de natalidad de la época.

La “solución” ─ quizá “el parche” sea más adecuado─ no fue cosa de ningún gobierno: vino de la mano de los inmigrantes. Según datos del INE, entre 2000 y 2007 los extranjeros residentes en España pasaron de algo menos de un millón a algo más de cuatro millones y medio, lo que incrementó en gran medida el volumen de cotizantes. Además, las tasas de fertilidad de esta población inmigrante eran notablemente más altas que las de las nativas españolas (1,7 hijos por mujer frente a 1,2), lo que mejoraba el panorama a largo plazo (y ponía del hígado al fachorreo patrio al pensar que les pagarían la pensión “moros y sudacas”) pero no lo arreglaba, puesto que el llamado “reemplazo generacional” se sitúa alrededor de los 2,1 hijos por mujer.

Después llegó la “crisis”, el resultado lógico de un crecimiento económico basado en la especulación y el mangoneo y no en la creación de riqueza real. Al dispararse las tasas de desempleo, parte de los inmigrantes ya asentados volvieron a sus países y no pocos se vieron forzados a pasarse a la economía sumergida como forma de aguantar el chaparrón. Luego fue el turno de los desahucios, de la reforma laboral, de los mini jobs y, sobre todo, de la pérdida de poder adquisitivo y los trabajadores pobres.

Si no han vivido debajo de una piedra los últimos diez años, ya saben cómo sigue la historia: la población española está envejecida y la ratio de trabajadores por pensionista ha llegado en 2017 a su mínimo desde 1999.

Por si fuera poco, los salarios de buena parte de los hoy cotizantes son entre escasos y miserables. Esto es debido a múltiples factores, entre los que destacan dos: las elevadísimas tasas de desempleo y las ridículas bases de cotización de un país que para crear empleo ha troceado el que había. Si hace una década dos parados y pico pagaban la pensión de un jubilado, hoy estamos más cerca de necesitar tres. Si extrapolamos a futuro, pronto tendremos más pensionistas que cotizantes. Jodido panorama, muy jodido.

A la vista de esto, el Gobierno ─que es esa gente a la que, en teoría, pagamos para solucionar este tipo de problemas─ no ha perdido la ocasión de darnos ideología a cucharones, demostrando una visión de túnel que sería sonrojante si tuvieran un mínimo de vergüenza: congelación de pensiones (me niego a llamar “subida” a un 0,25% traducida en una pérdida de poder adquisitivo real), incentivos al ahorro privado (negocio para la banca) o la ampliación a la totalidad de la vida laboral de los años computables para determinar la cuantía de la pensión a percibir (que en la práctica implica casi en todos los casos que esta será menor, puesto que lo habitual es que los primeros años laborales estén peor remunerados). Son medidas destinadas en su gran mayoría a dejar morir el sistema actual y cargarse la solidaridad entre generaciones, lo que no sólo daña el propio tejido social sino que abre la veda para que se privatice el último gran trozo del Estado al que no han podido acceder (no lo suficiente) los buitres financieros.

A esta caterva de inútiles sin ética ni estética llamada Partido Popular se le ha hecho el culo pisicola cuando han visto las plazas llenas de abuelas y abuelos con un cabreo importante y afeándoles el discurso de que vamos como el barco pirata de Espronceda (viento en popa a toda vela). Por ello, han soltado a Montoro a decir que van a poner en marcha “rebajas fiscales” por la vía del IRPF para los pensionistas. Lo que no ha dicho es que en el escenario de pensiones mínimas hacia el que vamos, la inmensa mayoría de pensionistas no tendrían siquiera que pagar IRPF (por no mencionar que el IRPF de las pensiones ya se ha pagado durante la vida laboral) y, por tanto, su medida es una burla.

Pero mi generación, los principales damnificados por esta gentuza, nos quedamos con la mirada idiota de las vacas que ven pasar el tren, indolentes o pre-derrotados, eso no sabría decirlo.

Por eso en esta chapa que les he escrito hoy he querido empezar y terminar hablando de ellos, los abuelos y abuelas, las que se lo jugaron todo luchando contra la dictadura porque era lo que había que hacer. Los mismos que nos criaron y nos dieron de comer, los que nos protegieron cuando dejamos que nos robasen el futuro que se habían dejado la vida construyendo para nosotros. Los que intentan enseñarnos dignidad y nos dan una lección tras otra, aunque nosotros preferimos mirar al móvil y esperar a que escampe.

Siempre he sido un gran fan de mi abuelo Manuel. Hoy, con orgullo, me declaro también fan de todos ellos. Gracias por demostrarnos que sí hay algo en España de lo que se puede estar orgulloso. Gracias por la lección y el ejemplo. Gracias, en fin, por existir.

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