Opinión por Carla Leiras | Aguas turbias

Por o 24/08/2018 | Sección: Opinión,Opinión por Carla Leiras
Opinión por Carla Leiras | Aguas turbias

Opinión por Carla Leiras

Últimamente en los informativos del período estival, se hace mucho hincapié a la hora de baremar la recuperación económica en cuántas personas pueden irse de vacaciones al extranjero, o salir de su ciudad en verano, o pagarse un alojamiento de tres estrellas, etc.

Pienso que la manera de simplificar “las situaciones de pobreza” y bascular la brecha de la desigualdad latente solamente en quién llena la cesta de la compra con productos del Corte Inglés o del Mercadona, o quién tiene unas vacaciones en Praga y quién se va al pueblo, o quién cena fuera más días entre semana…. es una trampa discursiva peligrosa, porque muchas personas acaban percibiendo ésto: que lo que “les distinguen” de “las clases medias” son solo estas dinámicas.

Pero la verdad es que la pobreza lo impregna todo. No las vacaciones y la cesta de la compra: obliga a que madres tengan que hacer colas para recoger paquetes de alimentos básicos en una ONG, hace que en ciertos hogares, darle chocolate a un niño sea por motivos de fiesta. Hace que quien puede hacer la compra tenga que renunciar a ciertos productos (no a marcas caras, sino a determinados componentes, esto es, verse obligados a adquirir alimentos que llenen mucho y sean calóricos aunque no tengan aportes energéticos suficientes. Hace que los materiales de los que están hechos sus menajes de cocina sean de componentes mucho más dañinos, los más baratos. Hace que los productos de higiene de muy bajo coste estén plagados (a más básicos, compuestos más agresivos) de agentes cancerígenos, como los desodorantes con aluminio, que comprará cualquiera que no pueda gastarse cuatro euros en un roll on de las marcas más punteras “sin parabenos”. Que comprarán quienes no pueden pararse a leer etiquetas.

Hace que quien tenga una mascota tiemble cuando se enferma porque no puede pagarle un especialista y en ocasiones elija y sopese si dejarla sin atención veterinaria porque tiene que escoger entre éso y pagar los recibos. Hace que en muchas casas de Galicia el invierno sea una dura prueba para las familias, que en ocasiones duermen juntas para darse calor, o utilizan velas a menudo para ahorrar luz o calentarse, lo cual produce un enorme riesgo de incendio y es una causa de inseguridad doméstica. Hace que haya madres que no puedan cenar para que el día siguiente sus hijos puedan llevar la merienda al cole, o que padres se aprieten el cinturón a más no poder para sufragar las excursiones, la ropa infantil, los libros… hace que un niño no entienda por qué todos sus compañeros pueden comprar deportivas cada temporada y ellos heredan (si las hay) las desgastadas de sus hermanos, con una suela que se arrastra.

Hace que los pequeños somaticen un estrés diario en su casa, reflejado en la cara de sus padres, cada vez que llega una carta  certificada, porque viven con el miedo a una multa, a unimpuesto, a algo que se salga del presupuesto habitual y tire por tierra todo lo conseguido ese mes. Esos niños viven con el terror de la inseguridad dentro. Y miedo es violencia.

La pobreza hace que una pareja pueda tener una discusión seria porque uno ha dejado por descuido caducar un producto en la nevera y hay que comprar más jamón cocido cuando se tenía que haber usado el que había. Hace que se peleen porque alguno de los dos se toma un café fuera de vez en cuando y no se lo pueden permitir. Hace que el ocio, quedar con los amigos, que en general en nuestro país es una actividad que se centra en el consumo, se torne en ocasiones imposible. Hace que personas desaparezcan de la vida social durante meses por vergüenza a mencionar explícitamente que solo podría salir en caso de que el plan no le cueste diero.

Hace que el que un padre se ponga enfermo sea un doble susto porque además de los cuidados, no va a haber dinero para pagar los productos que no cubra la seguridad social. Hace que sea un esfuerzo conseguir unos apósitos, poner una balda en la cama para que el señor no se caiga de noche.

Hace que una persona que se encuentra mal de repente no pueda en absoluto pensar en coger un taxi para irse a su casa, y tenga que esperar a que le acerque el autobús o en los peores casos, caminar porque no puede permitirse tampoco el transporte público.

Hace que una entrevista de trabajo en un emplazamiento lejano se convierta en un galimatías por cómo pagar la gasolina hasta que llegue la primera nómina, si se tiene la suerte de disponer de un coche. O que se tenga que pedir prestada la ropa para asistir a la prueba “para parecer” “una persona de éxito acorde al puesto”.

Hace que una invitación a la boda de tu mejor amigo se convierta en un enorme problema.

En resumen, la pobreza hace que todo lo que hacemos, en el día a día, se convierta en un gran escollo. Esto causa estrés, ansiedad, depresión, problemas nerviosos, insomnio, y muchos síntomas y carencias con las que las personas en precario o empobrecidas, en varios grados diferentes, deben lidiar en todo momento, para acometer cualquier actividad mucho más simple o nimia que el irse de vacaciones a un resort o al pueblo o salir a cenar a un buen restaurante o tomar un bocadillo en casa.

A veces no hay pueblo ni coche ni gasolina, a veces no hay bocadillo ni pan ni chopped.

La pobreza es violencia. Acorta la vida, condiciona las relaciones humanas, lo impregna todo en cada momento. Separa matrimonios. Socava familias. Es un peso invisible con el que miles de personas viven cada día, sonriendo, quitándole importancia, pensando que tiempos mejores llegarán, sabiendo que lo peor está por venir, pero que deben resistir por su entorno, y por ellos mismos.

A todos los que vivís en la pobreza: aguantad, resistid. Arrullaos en vuestros seres queridos. Atesorad cada momento en el que podéis no pensar en el maldito dinero y en un sistema que os esclaviza. Pelead. Es la única manera de no hundirse en el barro.

Tejer lazos, construir una comunidad real, no la de las fotos de instagram en restaurantes de lujo. Escoged los lazos de quien os  ayuda a cuidar del abuelo, de quien os acerca a esa entrevista de  trabajo, de quien os presta sus libros para sacar el graduado, del que os ve taciturno por la calle y pregunta si estáis bien, si necesitáis algo.

Rodeaos de gente que merezca la pena. Porque las cosas se pondrán peor, y es esa gente la que insuflará la fuerza para seguir adelante.

Portavoz de la asociación foro socioeducativo Os Ninguéns. Licenciada en derecho. Diplomada en mediación educativa y como formadora didáctica. Titulada en prevención- formación sobre VIH-SIDA y detección-tratamiento de patologías adictivas-drogodependencias.

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