Opinión por Carla Leiras | ¿Cómo encarar la recesión? con conciencia de clase

Publicado por o día 03/10/2019 na sección de Opinión,Opinión por Carla Leiras

Opinión por Carla Leiras | ¿Cómo encarar la recesión? con conciencia de clase

Decía Alberto Garzón en una reciente entrevista: “Los retos están ahí y esa nueva crisis económica que está al borde de ocurrir no va a ser como en 2007. En 2007 teníamos un 7% de paro. Ahora hay un 14%. Es verdad que el 14% no es el 26% al que llegamos en 2013, pero el 14% es el doble del paro con el que arrancamos la anterior crisis. Y esos debates, sorprendentemente, están ausentes en este último año en España, en virtud y en beneficio del juego de tronos.”

Esta reflexión lleva dos verdades incontestables. Que nos acercamos a una recesión apabullante es un hecho, a pesar del discurso mediático que intenta incentivar el consumo asegurando que, por fin, estamos abandonando la anterior. Pero no es así. Simplemente, la crisis que se nos viene encima es diferente, e inevitablemente globalizada.


Los indicadores macroeconómicos gritan que entre doce y quince meses empezaremos a notar los efectos de este nuevo tsunami, al que efecivamente llegamos si cabe peor preparados que al anterior, debido al déficit presupuestario, el contexto de guerra comercial entre EEUU y China, la deuda pública, la baja productividad, la contracción de la economía, la desaleración del crecimiento del PIB, que perdió tres décimas este año con respecto al anterior (una bandera roja clarísima): la debilidad crediticia, el precio del petróleo, la situación de Alemania, el Brexit, los problemas de desempleo del país (termómetro económico infalible) que soportará una población cada vez más envejecida y que será zarandeada brutalmente por la robotización (que es defendida como un potencial caladero de puestos tecnológicos de nueva creación, pero siempre nos olvidamos de que nunca podrán equipararse a los de menos cualificación: ciudadanos que se irán al paro y que no tendrán oportunidad alguna de reubicarse cuando una máquina les sustituya).

¿Cual puede ser la tendencia de un gobierno entrante que no quiera “cargar” en su haber con esta situación? Corremos peligro de que vuelvan los recortes, se congele la agenda social y las pensiones; volvamos a sufrir la orfandad de pilares tan básicos como la dependencia, las políticas activas de empleo, el sistema educativo, la sanidad, el I+D, las medidas para contener la emergencia climática que nos acerca irremediablemente hacia el colapso…

Es un hecho que quien esté al cargo del gobierno del país durante esa etapa va a tener un papel preponderante en el rumbo económico que vamos a tomar con respecto a este nuevo descalabro recesivo. Por lo tanto, la importancia de contar con un equipo sólido que desarrolle una batalla de medidas para acometer un paliativo estructural sobre sombrío contexto, se torna vital.

En ésas nos las vemos, mientras nuestros representantes juegan a las sillas y siguen viviendo un telefilme hasta el esperpento (¿volverá a ocurrir en noviembre lo mismo y tendremos que repetir elecciones una vez más?) dejando al país en una incertidumbre profundamente peligrosa e irresponsable, amén del cuantioso y ridículo coste que apareja esta llamada electoral “de regalo” que nos hemos llevado, que podría haberse canalizado para cuestiones mucho más necesarias.

Además, el hartazgo de la ciudadanía (más que lógico) ante el panorama político tan deprimente, fragmentado y poco alentador, y la desafección (entendible) amenaza con crear un escenario de abstención masiva que repercuta en el refuerzo del bipartidismo y un posible blindaje de las fuerzas de derecha, que devendría en traca final, pues sabemos perfectamente cómo encaran las recesiones (sin escrúpulo ni titubeo) y a costa de quiénes.

Estamos en manos de una pléyade de relatores que van a cargar a sus espaldas la gestión de un túnel que nos puede cambiar la vida y añadir fango al peso que ya tenemos, y que se están dedicando a cuestiones electoralistas, partidarias, internas, y teniendo en cuenta escrupulosamente todas las variables salvo el bienestar y operatividad efectiva y urgente de las medidas para contener la emergencia del país. ¿Recordamos con suficiente nitidez el cambio de vida brutal al que nos vimos sometidos entre el 2008 y el lustro siguiente? ¿lo que nos empezó a costar encontrar (cualquier) trabajo? ¿la fuga de profesionales a otros países? ¿el salvaje prohibicionismo en la cesta de la compra? ¿el sobreendeudamiento masivo que no pudo ser atendido y remató con el ahogo, a veces literal, de tantas familias? ¿Los desahucios, la pobreza  infantil, el abandono de nuestros mayores, el retroceso en la sanidad… Pues agarrémonos, que vienen curvas y no menos pronunciadas.

Lo que está claro es que salga el gobierno que salga, en esta ruleta rusa macabra en la que nos hemos embarcado, no podemos hacer otra cosa que fiscalizar con total firmeza, desde el asociacionismo, las organizaciones, las entidades, los grupos, los espacios de colaboración desmercantilizados, los colectivos… las medidas y los caminos que se vayan tomando, esperemos que desde la opción “menos mala”, la que pueda ser (remotamente, desde su tribuna privilegiada) más cercana a la clase trabajadora. La organización es el único camino. La presión sociopolítica marca la agenda del país. Urge curar heridas y tejer redes fuertes, solidarias, con capacidad de reacción y sobre todo, de resistencia. Sin la ciudadanía de base, la política no es más que una ilusión de poder. No hay gobierno que se sostenga sin el apoyo de su pueblo: serán lo que queramos que sean. Por lo tanto, tenemos que ser consciente del papel esencial y urgente que vamos a jugar en los próximos años, y estar preparados, desde la formación, la conciencia, el aprendizaje, el trabajo mutuo y la cohesión.

Ya va siendo horas de recuperar ciertos conceptos que a algunos suenan añejos, polvorientos, superados: huelga general, movimiento obrero. ¿Que ya no están todos en fábricas y los hay con auriculares de televenta? Sí, pero el esquema es exactamente el mismo: un problema de clase. El mercadeo neoliberal, el circo político, la corrupción, el machismo, la gestión de la salud, el racismo, la prostitución, los desahucios, el empobrecimiento masivo, el alquiler de úteros, las drogas, las casas de apuestas: siguen siendo, meros problemas de clase. Y por tanto, para combatirlos necesitamos conciencia colectiva y unidad, para ir a la raíz.

Nos quieren separados, débiles, aislados, sin grupo, sin fuerza y sin trinchera. Nos manipulan, azuzando fantasmas sobre la inmigración y la inconveniencia del gasto en los que menos tienen: para salir de toda esta rueda de desinformación es nuestra obligación mantenernos despiertos, alerta y conscientes de todo lo que aún nos queda por perder: nuestra propia identidad como ciudadanos, y por ganar: enfrentar esta batalla como sujetos sin fisuras, con valores firmes, que siguen caminando y se levantan unos a otros, desde el trabajo conjunto y desde la sonrisa y el afecto solidario. Menos barbitúricos, más salir a la calle. Menos palabras, más hechos. La gravedad del contexto nos requiere sin aturdir.

Toca elegir.

Comentar noticia

Your email address will not be published.