Opinión por Carla Leiras | Concello de hielo y fuego

Publicado por o día 31/10/2019 na sección de Opinión,Opinión por Carla Leiras

Opinión por Carla Leiras | Concello de hielo y fuego

Voy a dar mi visión, estrictamente personal, sobre lo que a nivel social se está viviendo en la ciudad de Vigo.

La ciudad del turismo, de la luz, del color, la ciudad en la que nevará cada hora durante los meses más rentables. La ciudad que no repara en gastos cuando se trata del folclore con rédito, pero que opaca e ignora asuntos de máxima urgencia, que no sirvan para perpetuar la sensación constante de estímulo, éxito y fiesta.

El pasado domingo moría una persona acampada a las puertas del ayuntamiento, a punto de cumplir un semestre allí afincado. Le encontraron sus compañeros, esa mañana. La noche anterior no presentó síntomas preocupantes. Pero una vida entera de carencias materiales básicas le acompañaban. Tenía cuarenta y dos años.

Si nos contasen que un diputado de esa edad fallece de repente, nos llevaríamos las manos a la cabeza. Como es una persona sin hogar, estamos “habituados”, a sus muertes prematuras en extrañas circunstancias. ¿Nos damos cuenta de la gravedad de este hecho? Estamos habituados. Al fin y al cabo, se dice que ha sido una “muerte natural”. Sigan circulando.

Y la ciudad seguirá su curso, la flamante noria navideña girará llena de color; la nieve artificial cubrirá la alameda y todo el apabullante ruido festivo ocupará el espacio de la gravedad de la pérdida de José Enrique.

La primera reacción del gobierno local fue sacar un comunicado express, explicando que estaba atendido de cerca, “bajo la atenta mirada de servicios sociales”. No hubo lamentos, ni luto, ni petición de respeto antes de entrar en si estaba o no bien atendido. No se pensó en quienes leerían esa crónica.

Tampoco hubo un llamado a investigar las causas de esta muerte o un compromiso de trabajar, junto a otras autoridades, por evitar más. La nota llegó inmediata y con poso firme de exculpación, alegando que, de hecho, esa noche había camas libres en el albergue de Teis.

¿Qué clase de humanidad tienen unos representantes que reaccionan así a la pérdida de un vecino? Imaginad que vuestra madre se cae en un agujero en la calle y se parte la nuca y sale en prensa urbanismo para alegar que conste que caminaría despistada porque ese hoyo estaba muy bien señalizado y sus quejas sobre el estado vial, tuvieron el trámite correcto. A cubrirse las espaldas, sin más floritura.

¿Pero qué clase de comportamiento es, usar ese momento, con compañeros devastados, para hacer política, y blindar que el episodio no restase en medio de una precampaña electoral? ¿Y lo de publicar datos de un expediente privado porque el fin justifica los medios y José no puede ya reclamar nada al respecto?

En la misma nota se afirmaba que se le había ofrecido una habitación para pernoctar, cosa que el fallecido habría “declinado”. Habiendo salido a la luz, la reclamación por escrito de José pidiendo sitio en el albergue, en el que no se le dejó entrar en verano por cobrar una pensión mínima, mágicamente esa información ya no aparece en la noticia. Se modificó días después. Durante los cuales cualquiera que cogiera un periódico veía en titulares que esta persona pernoctaba en la calle por elección propia. “Porque de hecho había plazas libres”. Cuatro plazas de un albergue a casi seis quilómetros de donde dormía el fallecido. Cuatro plazas libres en una ciudad de casi trescientos mil habitantes, en las que igualmente solo podría permanecer diez días antes de volver a la calle (o a la tienda)…

¿Está un ayuntamiento “obligado” a erradicar el problema del sinhogarismo de la ciudad?

No, legalmente no lo está. Ni este ni ninguno.

¿Está la Xunta exenta de apelación en que muera un vecino desatendido y desamparado entre cartones y mantas sin un techo sobre su cabeza?

No, no lo está. Prometieron ejecutar el programa Housing first en Galicia y seguimos esperando. Sus irresponsabilidades políticas pasan facturas muy altas. Ambas administraciones deberían sentarse, no para culparse unos a otros o politizar este hecho, no para instrumentalizarlo como arma arrojadiza, sino para trabajar coordinados en la prevención de futuros desastres. ¿Qué hace falta para que se sienten de una vez? No se me ocurre nada más grave que una muerte. Y no es la primera. No será la última.

Ya me viene pasando desde hace mucho, el sentir vergüenza de muchos de los que presuntamente me representan en las instituciones. De vez en cuando, a la vergüenza que siento se suma una profunda rabia, indignación y dolor. La de tener los datos, las pruebas, de que la falta de escrúpulos no es aparente, que hay personas que sólo viven por y para mantener y perpetuar su estilo de vida, que manchan el nombre de la política exprimiéndola en beneficio propio y a los que en realidad nada importa, conmueve o remueve el hecho de que Jose Enrique estuviese tirado en la calle y allí mismo se haya muerto. Porque seguramente ni votaba.

¿Esto es extensible a todos los políticos? No, conozco unos cuantos que duermen cinco horas por noche y se dejan las neuronas y la vida personal por el camino con vocación real de servicio público. Que son trabajo, sacrificio y renuncias constantes. Suelen ser los que se quedan abajo de la pirámide o son relegados por ser “demasiado puristas” o “estar amortizados”.

Pero hay otros que me producen vergüenza y rabia. Rabia, señores con traje. Que se creen mejores que nosotros, cuando siquiera pueden sentir empatía, luto y tristeza ante noticias como éstas. Que saben que en nuestra isla de luz y color no sólo hay precariedad, desempleo, pobreza energética, prostitución, drogodependencia, ludopatía, vidas rotas, sino que saben también, que la gente se muere “en sus calles” y no solo no toman medidas, no solo no se sienten fracasados o apelados para nada, sino que cuando pasa algo como esto salen del paso presumiendo de sus gestiones, para que quede bien clarito, que vivir sin casa, sin agua corriente, sin cocina, dormir sobre un colchón húmedo en octubre, era una mera decisión personal que hay que respetar.

Seguid creyendo en los comunicados oficiales. Cómo iba a haber pedido José Enrique una cama. Cómo iba un sintecho a presentar por registro una queja de que se le dejaba fuera del albergue porque con 390 euros debería poder alquilarse una habitación, comer, vestirse, medicarse. Cómo va a ser verdad eso.

Pero la nieve artificial va a alegrar estos tragos. Las máquinas la escupirán cada hora. El mejor alcalde de la historia estará allí para celebrar su original idea. Un brillante gestor. Ha instalado un reloj que cuenta las horas que faltan para el encendido de las luces, el acontecimiento del año. Yo a su vez las cuento para que este señor se vaya a su casa y deje de usar la ciudad como gélido parque de atracciones personal.

Soy perfectamente consciente de que el apoyo que suscita es enorme y hay que asumir su victoria inapelable y respetarla. Eso no quita que aquí tiene a alguien que no le debe nada y puede decir, que el suceso del domingo; su reacción, le ha revuelto el estómago.

Lo tuve revuelto en el entierro de José, al ver los ojos de sus compañeros, quienes cuidaron de él estos meses, haciéndole la cena, arropándole de noche, combatiendo su desarraigo e intentando ordenar sus problemas. Lo tuve mientras miraba a la puerta temiendo que el alcalde apareciese, alguien consideró que sería un detalle, yo creo que no tener el cuajo de ir fue lo único acertado y correcto de su gestión de esta desgracia.

Lo tengo revuelto cada vez que veo el nombre de este chico arrastrado por el barro mientras se repite que sus carencias eran una elección libre, y no el producto de una opresión estructural, miserable y forzosa.

Hay muchas causas de la dura experiencia vital de esta persona. Algunas tienen nombres y apellidos. Y el domingo, para mi, habéis tocado fondo.

Una respuesta para "Opinión por Carla Leiras | Concello de hielo y fuego"

  1. Gamela   01/11/2019 at 6:26

    Todos estamos tocando fondo !

    Vigo se está convirtiendo en un parque temático sin alma ! Only Cash !

    https://elpais.com/Comentario/1572549726-d5ff242f164c84a5a3bc9e03f4529c4d

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