Opinión por Carla Leiras | Del albergue y sus mitos

Publicado por o día 07/01/2019 na sección de Opinión,Opinión por Carla Leiras

Opinión por Carla Leiras | Del albergue y sus mitos

Estos días, el albergue municipal ha sido motivo de noticia y controversia por la campaña de frío iniciada por el ayuntamiento de Vigo, la cual ha sido cuestionada por agentes sociales por considerarla insuficiente y tardía. Leyendo los comentarios de los ciudadanos en la sección de opiniones, no puedo dejar de reflexionar sobre la gran desinformación que existe en la ciudad acerca del dispositivo. Quería hilar unas cuantas ideas al respecto:

La llegada del albergue fue una gran noticia para la ciudad. Redujo la mortandad de las personas sin hogar, y es un servicio muy necesario, que se consiguió después de años de trabajo y presión diaria e incansable de colectivos como IMÁN. El gobierno local puso numerosos impedimentos para su apertura: de hecho la propuesta inicial era abrirlo en el edificio “la gota de leche”, lo que habría podido conseguir que las plazas existentes hoy en día hubiesen sido el doble. Alcaldía intentó que ese edificio se cediese a la policía local. Finalmente el disposivo se ubicó en Marqués de Valterra.

El albergue tiene 38 plazas, y un límite de permanencia de diez días en el mismo. Para una ciudad como Vigo esas camas son del todo insuficientes, y así queda demostrado con la cantidad de personas que se quedan fuera de él cada noche salvo contadas excepciones. No me refiero, a las que se ha mencionado en los últimos artículos de prensa, “los que no quieren usarlo”, si no a quienes se acercan a la puerta a la hora indicada y quieren pernoctar en él pero se quedan sin plaza y han de marcharse. Esto ocurre muy frecuentemente, pese a que desde el gobierno municipal, primero se afirmase que siempre había dos o tres camas libres (falso) y ahora mismo el discurso sea que “no hay grandes colas, el tránsito es fluido”. Yo he visto esas colas, y también he visto personas sortearse la entrada, sin ningunas ganas de dormir al frío pero dejando pasar al que tenía peores condiciones físicas.

También se ha dicho que esta información no es completa porque está también el albergue de Teis. Efectivamente, éste tiene plazas en ocasiones (otras no) y se podría acudir a él, también con limitación de tiempo. El problema es que el “sorteo” de la llamada “cama cero” del municipal se hace a las nueve y media de la noche, y el otro albergue “cierra” a las diez, conque en media hora, y quedando en puntos muy lejanos de la ciudad, es complicado para una persona sin recursos que, recordemos, vive a cuestas con todas sus cosas, desplazarse de uno al otro, para, en ocasiones, llegar y no tener sitio. Si eso pasa, es más fácil encontrar un “alojamiento” alternativo por el centro que en el barrio de Teis, por eso algunas personas que se quedan sin plaza en Valterra optan por cajeros, la acampada de la Plaza o el antiguo asilo o choupano “conocido”.

El límite de diez días no aparece recogido en ninguna normativa con rango de Ley, simplemente se indica en el reglamento interno de funcionamiento del albergue. Las únicas regulaciones que hablan del tema, son una Orden que menciona que este tipo de acogimiento debe ser “temporal”, en el sentido de que no se trata un dispositivo en el que vivir de manera permanente, pero desde luego debería intentarse que se permita estar el tiempo suficiente para que situación de emergencia social que se intenta paliar, cese. Esto no se consigue con diez días de pernocta. Ese sistema perpetúa la pobreza y no hace ningún trabajo de integración serio.

En cuanto a las instalaciones, el comedor es correcto y no tiene grandes pegas: todo es mejorable pero los usuarios parecen satisfechos con el servicio (hablamos de cubrir necesidades básicas) que se da, así como la unidad de higiene o de lavado de ropa (aunque tiene una lista de demora en la recogida bastante grande, pero no es el mayor problema del lugar). Las habitaciones cumplen con las estipulaciones de tamaño y espacio personal que dicta la Xunta de Galicia, si bien es cierto que no hay cuartos de intimidad para parejas, reivindicación que para muchos clama al cielo, y les parece una petición absolutamente trasnochada, y que yo defiendo con toda tranquilidad: no se puede permitir que las personas sin techo mantengan relaciones en entornos insalubres, peligrosos y a temperaturas gélidas; tienen las mismas necesidades que el resto y normalizar este hecho es reconocerles como iguales, cosa que parece una obviedad pero con detalles como este, a veces parece que institucionalmente, se olvida.

Tampoco hay opción al acogimiento de mascotas. No me refiero en la misma habitación, puesto que hay que mantener un orden, una higiene, evitar que los animales se peleen, etc, pero debería plantearse la manera de que las personas que solo tienen como acompañante un perro no se vean obligados a decidir entre dormir calientes y desprenderse del mismo o no poder acceder a la pernocta. Esto no es una cuestión baladí, está desmostrado el enorme vínculo que existe entre estas personas y sus animales de compañía.

Volviendo a las plazas, es sencillo reconocer que son insuficientes, lo cual no es difícil de entender haciendo una pequeña cuenta de las personas que vivimos en Vigo. No hay un censo oficial de personas sin techo, con lo cual es complicado dar un número concreto de las camas que harían falta, pero desde luego menos de cuarenta no es un número adecuado a las necesidades reales de la ciudad: sólo en el centro hay más de ochenta personas que carecen de vivienda y malviven en choupanos, pisos pateras, ocupados, infraviviendas, cajeros, etc. Sin contar con los de otras zonas, con lo cual, las plazas ofrecidas se quedan cortas. A mi entender es vergonzoso que una parte importante del edificio esté ocupado por pasos de Semana Santa cuando su encargado ha dicho que no le importa que se saquen de allí siempre que se ubiquen en un sitio limpio y seguro: habría que retirarlos del almacén y habilitar el espacio inmediatamente para abrir más camas, si cabe con más razón en medio de una ola de frío como esta. Las personas son más importantes que la imaginería religiosa. Nuevamente, silencio por parte del gobierno local.

¿Es responsable directo, el alcalde de la ciudad, del sinhogarismo en Vigo? en términos legales no, ya que no tiene obligación de gestionar este problema sin la ayuda de la Xunta: las competencias son compartidas en esta cuestión y por lo tanto libre es de presionar a la otra administración para que tome también cartas en el asunto: pero no es menos cierto que una ciudad con un superávit millonario como el de Vigo y de un alcalde que se dice socialista se esperaría cierta responsabilidad social y una prioridad absoluta para que nadie duerma en la calle, y él ha dicho que “en Vigo, quien duerme en la calle es porque quiere” esto es falso. Igualmente, el albergue municipal es una gestión directa de su gobierno y por lo tanto las deficiencias que presente por lógica hay que dirigirlas a quien mantiene el contrato con Cruz Roja, que en este caso es el ayuntamiento de Vigo. ¿Que falta dinero, que la responsabilidad es muy grande, que no se consigue atajar la problemática de manera eficiente? Me parece normal que se le pidan apoyo o medidas anexas a la Xunta de Galicia. Pero repito, en este momento, la gestión es municipal y por eso las “críticas” se dirigen al ayuntamiento, aunque no sea obligación “legal” de ningún alcalde erradicar el sinhogarismo en las ciudades. Éticamente a mi opinión es una frivolidad obviar este tema y hacer propaganda de que en Vigo estamos a la cabeza en política social teniendo este asunto tan deslabazado. Y cuando digo asunto digo personas, y cuando digo personas, digo que el último fallecido levantado en la calle ha sido este pasado mes de noviembre. No se trata de una cuestión menor, o estética: hay vidas en juego. Y por tanto el desfile de trabajo electoral debería frenarse un segundo para empezar a plantearse qué mejoras se pueden acometer, para ésto es buena idea que los encargados se sienten con los agentes sociales y escuchen sus demandas, necesidades, sugerencias… porque al fin y al cabo son quienes trabajan con los afectados y las conocen de primera mano. Pero no hay reuniones, ni recepciones, ni se responden los escritos, dudo hasta que se lean.

Hay que decir que numerosos colectivos, cuando se abrió este albergue, presentaron propuestas de proyectos excelentes, acabó escogiéndose el más “barato” y simple.

¿Que es una gran noticia que Vigo tenga un albergue? Lo es. Otras ciudades no lo tienen. ¿Que la propaganda habla de que es un logro que se pague desde lo público? No olvidemos que hay una entidad intermediaria, Cruz Roja, que es quien lo está gestionando en último término, por tanto no hay gestión directa municipal.

En conclusión: no soy partidaria de demonizar el albergue. Es un dispositivo necesario, tiene sus aciertos, ha paliado enormemente el sufrimiento de un sector de la población, y sacado a relucir de paso la opinión de muchos ciudadanos: no quieren algo así cerca de sus casas, o de un colegio. Estas impresiones de que las personas sin techo son per se problemáticas se curan: acudiendo a las nueve y media de la noche a la puerta a charlar con ellas y conocerlas.

Pero es una obviedad que el lugar presenta graves deficiencias, que hay dinero de sobra para subsanar. Sólo hace falta voluntad política. ¿De qué administración? No me importa. Así venga Pedro Sánchez a crear un centro de inserción decente. Así lo abra Feijoo: siéntense de una vez y saquen a los compañeros de la calle, y luego les colocan en la puerta la placa que deseen. Y si siguen empecinados en que duermen en cajeros por gusto, acérquense al reparto de las últimas camas y observen los ojos de las personas a las que les comunican que esa noche no pueden quedarse. O mejor, acompáñenles acto seguido a dormir al antiguo asilo, entre las ratas. El día siguiente lo verán todo con otros ojos: desearán que la ciudad se pare y que esa pesadilla no se vuelva a repetir. Para entender lo que hay en juego, hay que bajar de la moqueta y de la carrera  municipalista.

No deja de repetirse que Vigo se ha puesto en el mapa mediático y que estamos en boca de medio país: a mi me encantaría que esto fuese por ser pioneros en unas políticas que prioricen el bienestar de los ciudadanos, el gasto social, el pleno empleo, la reinserción, la existencia de una red institucional sólida que no deje a nadie atrás. Esa es la ciudad de la que estaría orgullosa. Pero no: siento impotencia y vergüenza muchas veces. Por muy alto y brillante que sea el árbol navideño.

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