Opinión por Carla Leiras | Muerto por dentro

Publicado por o día 25/02/2019 na sección de Opinión,Opinión por Carla Leiras

Opinión por Carla Leiras | Muerto por dentro
La semana pasada causó bastante revuelo en las redes el episodio en el que el presentador Risto Mejide invitó a marcharse a Arcadi Espada de su plató durante el programa Chester, a raíz de una discusión que protagonizaron en alusión a unas declaraciones plasmadas por el periodista en un artículo publicado en el año 2013 en El Mundo, sobre las personas con síndrome de Down y sus familiares, sobre los que aseveró, literalmente:

 “Si alguien deja nacer a alguien enfermo, pudiéndolo haber evitado, ese alguien deberá someterse a la posibilidad, no solo de que el enfermo lo denuncie por su crimen, sino de que sea la propia sociedad, que habrá de sufragar el coste de los tratamientos, la que lo haga.

Este tipo de gente averiada alza la voz histérica cada vez que se plantea la posibilidad de diseñar hijos más inteligentes, más sanos y mejores. Por el contrario ellos tratan impunemente de imponernos su particular diseño eugenésico: hijos tontos, enfermos y peores”.

El personaje capaz de publicar semejantes deshechos se ofendió profundamente por las reacciones suscitadas, asegurando que sus palabras se habían sacado de contexto de manera torticera e interesada o amarillista y que él “simplemente” apelaba a la reflexión sobre una eugenesia inversa, proponiendo que las personas que decidiesen seguir con un embarazo con riesgos de este tipo deberían sufragar los gastos que ocasionase su descendencia nacida con esta condición.

En un momento en el que la libertad de expresión está en grave peligro, cuando se están judicializando hasta el ridículo casos de twits irreverentes de chavales hastiados, nos encontramos con que otros individuos se amparan en ella para utilizar a los medios y publicar este tipo de deleznables reflexiones.

Hay quien opina que Arcadi es un mero polemista y solo buscaba la confrontación para sumar audiencia a su periódico, resultando controvertido a propósito como en otras tantas cuestiones: lo que vendría siendo, sin siquiera creerse estas ideas, capitalizar el cometer una grave insensibilidad y repulsiva falta de respeto hacia el colectivo aludido por un puñado de monedas; enfoque o posibilidad que en absoluto le expía de su responsabilidad periodística.

Curiosamente, cuando se habla del suceso en todo momento se presenta al aludido como profesional de la comunicación, no como fundador del partido Ciudadanos.

Lo que es insostenible es que se siga dando espacio a este nuevo tipo de “periodismo histriónico”, y que sin ningún reproche social haya pasado estos años este licenciado en ciencias de la información y colaborador en el País, el Mundo, la Vanguardia, escribiendo y paseándose por platós como opinador o tertuliano, sin que quienes amparan estos artículos, intervenciones, invitaciones, se empiecen a plantear que por mucho que potencien las audiencias, los Inda, Marhuenda, Arcadi, Sánchez Dragó… son sujetos que en ningún caso se deben legitimar como referentes intelectuales, no se pueden aupar ni permitirles cancha en los espacios que ahora mismo ocupan con toda tranquilidad y aplauso, ya que su propia forma indigna de ejercer sus profesiones es un insulto directo para su audiencia y retrata a los medios que les impulsan por intereses económicos.

Estamos en un momento, en el que los valores más básicos han quedado atrás y no hay problema en mantener un circo mediático de desinformación y chabacanería en el que, siempre que se apuntale una continuidad sempiterna de ciertos espacios se fomenta el todos contra todos, la infamia y que personajes repulsivos como éste puedan escupir semejantes barbaridades recibiendo difusión y continuidad en su “trabajo”.

Un paso más hacia el hundimiento total de nuestro contrato social, un cubo más de estiércol sobre los códigos éticos y en definitiva una vergüenza que afortunadamente, ha sido reprobada públicamente por Down España, porque así es como se debe proceder, quitando todo oxígeno a que conductas de este tipo se sigan aceptando, mediante el rechazo social más rotundo, colectivo y contundente, para que quien es capaz de, por dinero o convicción, publicitar apologías eugenésicas, no solo deje de inmediato de ser considerado un referente, sino que sienta en sus carnes, que palpe, que respire, la náusea de toda persona sensata.

En este sentido contestaba el activista pro diversidad funcional Antonio Centeno en su blog:

“Es verdad que hay mucho más que diversidad en las experiencias de vida de quienes tenemos un cuerpo que funciona lejos de los parámetros habiuales. A nivel personal cada cual es un mundo, y podrá escuchar hablar de sufrimiento, de felicidad, de angustia, de paz… Más allá de lo personal, en lo político y lo social, hay una discriminación sistemática e histórica contra estos cuerpos no normativos. Entiéndase que discriminar no consiste (sólo) en que alguien llame a alguien “inútil de mierda” o similar, nos interesa sobre todo la discriminación estructural: entornos urbanos y transportes no accesibles, escuelas sin la formación ni los medios para dar lo mejor al niño sea como sea, falta de apoyos para la autonomía personal que acaba recluyendo a quienes los necesitamos en casa de mamá o en una residencia…

Esa discriminación sistemática se basa en una cierta mirada sobre la realidad de la fragildad humana, y los valores que se asumen a partir de esa manera de mirar y valorar la realidad. Lo tradicional ha sido mirar viendo sufrimiento y asumir como valores la prescindencia (eliminar esas cargas sociales) o la compasión segregadora (recluir a los diferentes en entornos separados, como escuelas especiales, residencias, mancomios, centros especiales de empleo…) La propuesta de quienes, desde la experiencia propia de vida, hemos decidido autodenominarnos “personas con diversidad funcional”, es mirar viendo dignidad y asumir como valor la inclusión social”.

El rechazo que conductas irresponsables como la tuya, Arcadi, propician que sientan las personas con capacidades especiales en su día a día es el que tú, y no ellos, te mereces; desgraciadamente  en vez de eso, figuras con toda impunidad y muy bien pagado en los medios más prestigiosos del país… ¿quién es aquí el enfermo? 

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