Opinión por Carla Leiras | ¿PAN O PAZ?

Por o 24/09/2018 | Sección: Opinión,Opinión por Carla Leiras
Opinión por Carla Leiras | ¿PAN O PAZ?

Este mes forma parte central del debate público nacional la venta de armas del estado español al régimen saudí.

El 4 de septiembre, el gobierno de España anunció que cancelaría la venta de cuatrocientas bombas de precisión. A continuación Arabia anunció cancelaciones de contratos futuros, y la plantilla de trabajadores de Navantia salió a las calles a gritar “si esto no se arregla, guerra guerra guerra”, consiguiendo finalmente que el gobierno rectificase su decisión y legitimase cuatro o cinco años de trabajo más, de los que dependerían “la continuidad de unos 8000 puestos de trabajo” según el presidente del comité de empresa, “en un sector considerado un puntal principal en la vida laboral en Cádiz, especialmente castigada por el desempleo”. El presidente hablaba de que “en realidad no saben hacer otra cosa, llevan 300 años haciendo buques militares, y un buque civil no puede generar el mismo empleo, no hay alternativa de reconversión posible a menos que se contase en toda la costa española con aerogeneradores, proyecto para el que no hay inversión, además de haber países frotándose las manos para que este contrato caiga y apropiarse de él”.

¿Esta afirmación quedaría contrariada por la premisa de que, si este tipo de venta es ilegal, lo sería también para el resto de países?

El sindicato CGT rechaza esta decisión gubernamental comunicando un discurso pacifista que asevera no hay justificación posible con que el peso productivo español se base en la venta de armas, considerando que es éticamente inaceptable y que por tanto habrían de buscarse alternativas para estos trabajadores: a su parecer no se están elaborando propuestas para diversificar la producción del sector naval fuera del ámbito militar y centrarse en el civil: buques de salvamento, energías renovables y otras posibilidades.

Igualmente se apunta desde Ecologistas En Acción como solución para no perder puestos de trabajo el centrarse en el reciclaje ecológico de buques, la deconstrucción según mandatos europeos evitando el “achatarramiento” actual y sustituyéndolo por un proyecto de saneamiento ambiental, así como la entrada en el proyecto Energía Eólica Marina, donde Navantia ya participa pero con una aportación ínfima que se podría potenciar, creando puestos de trabajo y evitando las agresiones bélicas como consecuencia fundamental de la productividad, diversificando en búsqueda de nuevos horizontes laborales.

La respuesta de los sindicatos mayoritarios a estas iniciativas ha sido “que no quieren convertir a sus trabajadores en chatarreros”.

Navantia, en su página web llama la atención sobre que su especialidad es “interceptar barcos mercantes”, es decir, justo lo que Arabia necesita para continuar con su bloqueo y matar de hambruna a los damnificados, conque es entendible que su actividad resulta estar directamente relacionada con las consecuencias desastrosas para los derechos humanos, y no “remotamente”, como apuntaría la patronal.

¿Sería posible que el gobierno central interviniese para cambiar el modelo productivo invirtiendo en alternativas para estos trabajadores a fin no tuvieran que elegir, a la postre, como mencionó el alcalde de Cádiz, entre “la paz y el pan”? ¿Sería el presidente del gobierno el responsable último de construir los mimbres para desmadejar el debate de la elección entre la precariedad laboral y la ilegalidad presunta de estas ventas, centrándolo en el debate político y buscando soluciones?

Sánchez sentenció que era necesario anteponer los intereses de los trabajadores de Navantia y los intereses diplomáticos con Arabia Saudí, a pesar de que anunció en un principio de que iba a cambiar la política de ventas de este tipo, desdiciéndose pocos días después, excusándose en la reacción de los trabajadores de Navantia.

Llama la atención cuanto menos la gestión de este conflicto tan enrevesado por parte del nuevo presidente. Igualmente la llama la cantidad de fuerzas de izquierda que “comprenden” esta situación cuando en su día denostaron y criticaron duramente la invasión de Irak de 2003, que sacó a la calle a medio país, más en el momento en el que se enviaron tres unidades españolas a apoyar la operación, cuando se causó una de las sacudidas sociales más multitudinarios de las últimas décadas, basada en el rechazo y la repulsa del pueblo español, que no quería formar parte de ese entramado belicista bajo ningún concepto.

Borrell, por su parte, defendió recientemente la regularidad y precisión de estas armas, asegurando que no causan efectos colaterales. Isabel Cela aseguró que el armamento era láser de alta precisión y por lo tanto “No se dirigirán en ningún caso a yemeníes“.

Desde la campaña “armas bajo control” de Amnistía Internacional, se muestran muy decepcionados con esta deriva, apuntando que se desoye el el Tratado sobre Comercio de Armas apoyado por España que establece que no se debe permitir la venta de armas para cometer atrocidades. Según esta organización se viola la normativa en el momento en el que se ignora la prohibición de exportar armas cuando un gobierno sabe que se podrían usar para crímenes de guerra (ataques contra hospitales, escuelas), sucesos que en este caso se han documentado en casi cuarenta
ocasiones, durante estos 1.200 días de guerra.

En segundo lugar, esta exportación viola el artículo 8 de la Ley que establece el principio de que no se podrán utilizar armas cuando se prevean indicios racionales de que se cometan violaciones de derechos humanos.

Todo esto establece que cuando hay violaciones de derecho internacional no deberían exportarse armas. De hecho hay países que acogiéndose a este tipo de normativas, como Países Bajos, Alemania, Finlandia, Suecia, Noruega… en determinados casos han denegado la exportación de armas y su suministro por encontrarse con situaciones como la que nos ocupa.

En resumen, somos la flamante potencia europea de venta de armas en la mayor catástrofe humanitaria del momento.

En el caso de las corbetas, tampoco se libran de causar problemáticas serias, ya que serían en útlimo caso responsables de causar una letal hambruna ya se usan para que la coalición saudí aplique un bloqueo masivo considerado un potencial crimen de guerra, porque tres de cada cuatro yemeníes dependen de la ayuda humanitaria por causa del mismo.

Con todos estos datos, sorprende la inutilidad máxima del gobierno por gestionar de forma tan torpe un asunto de máxima importancia de estado, y la tranquilidad con la que parte de la izquierda ha justificado esta decisión alegando que el trabajo está por encima de las consideraciones éticas cuando la precariedad es tan alta.

Y, ¿es posible que se aplique esa máxima tan repetida de “si no lo hago yo, se aprovechará otro” para otros temas controvertidos, como por ejemplo la prostitución? ¿aceptaría un abolicionista el argumento de que la existencia de las trabajadoras sexuales está vinculada a su necesidad de supervivencia y que debiendo elegir entre su actividad y el empobrecimiento, se quedan con lo primero? ¿nos parece bien por tanto a la izquierda priorizar la generación de empleo, aunque cause muertes directas, pero no en el caso de las prostituidas, porque hay una extraña distancia entre la suma gravedad de una actividad sexual no deseada (gravedad cierta), y la causa de muertes civiles? ¿tenemos un doble rasero ideológico entre la guerra y la explotación, pareciéndonos inaceptable solo lo segundo? ¿por qué?

El asunto rezuma hipocresía, reduccionismo, cobardía, desgobierno y es una vergüenza para nuestro país. Los mismos que señalaron (acertadamente) a Aznar como “señor de la guerra”, y ahora aceptan con connivencia y resignación dejar zanjado este debate por tratarse de “distintos eslabones” de la misma cadena, deberían perder su derecho a dar lecciones morales sobre política internacional, al fin y al cabo, su coherencia queda en entredicho.

Por esa regla de tres, aquellos soldados, dos mil seiscientos, enviados en tres unidades a un conflicto que causó medio millón de muertos, ¿también estaban “trabajando”? ¿era un dilema entre paz y pan?

Portavoz de la asociación foro socioeducativo Os Ninguéns. Licenciada en derecho. Diplomada en mediación educativa y como formadora didáctica. Titulada en prevención- formación sobre VIH-SIDA y detección-tratamiento de patologías adictivas-drogodependencias.

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