Opinión por Carla Leiras | Todo para las putas, pero sin las putas

Publicado por o día 13/09/2019 na sección de Opinión,Opinión por Carla Leiras

Opinión por Carla Leiras | Todo para las putas, pero sin las putas

Sobre la cancelación de jornadas de prostitución en la UDC gallega, en primer lugar decir que yo también estoy en contra del modelo de OTRAS, tras investigar largo tiempo sobre lo que significaba y hablar con muchas prostituidas acerca de ese tema. Repito, no per sé, sino después de cuestionármelo y reflexionar horas, y horas, y hablar con ellas directamente largo y tendido sobre los argumentos que esgrimen para su validez. Su posición (la de las promotoras) a favor de este proyecto, no fue ninguna apología ni me lavó el cerebro: es más, me dio más información, y
terminó de convencerme de que efectivamente, no comulgo con ese modelo de sindicación en concreto: me cuestiono todavía si algún otro sí podría ser válido, más allá del asociacionismo puro.

Volviendo al tema, por poner un ejemplo (distante) sobre las confrontaciones universitarias y su significado: hace unos años, a Cao de Benós lo invitaron a unas jornadas en la Universidad de Castellón, a un acto que claramente era propaganda sobre Corea del Norte, y los estudiantes aprovecharon en su turno de preguntas, que fue la parte central del debate, para trasladarle sus dudas sobre ciertas cuestiones controvertidas del país. A mi misma me encantaría poder debatir con personajes así, en persona, en un entorno académico, sobre una temática tan sensible como la geopolítica e ideología de Corea, con uno de sus representantes, e insisto, aquel sí era un acto claro de apología de la idea juche: pero igualmente se pudo confrontar, había espacio para el diálogo, el contraste, y el invitado capeó como pudo las incesantes cuestiones que se ofrecieron desde el alumnado, totalmente legitimado para bombardearle y salir de allí con las ideas más claras: me pareció una charla interesante y constructiva.


En la universidad de Barcelona, un grupo de estudiantes de tinte liberal organizó una charla sobre renta básica, con la clara intención de desprestigiar la propuesta, pero invitaron precisamente a Daniel Raventós, referente claro pro redistribución. Le escucharon atentamente y luego intentaron rebatir, la idea de esta medida, desde sus argumentos económicos neoliberales. Se produjo un debate de clara confrontación entre los clarísimos polos ideológicos irreconciliables. La charla fue cordial, amena y muy pedagógica. Cada cual pudo sacar sus propias conclusiones, no necesariamente abrazando el argumentario del ponente principal.

Yo no estoy a favor del trabajo esclavo de los niños en Bangladesh, pero jamás censuraría una charla promovida por uno de ellos por considerar que su presencia en un entorno académico legitimase ideológicamente esa terrible realidad: intentaría aprender de su experiencia, escuchar lo que está pasando y por supuesto, si esta persona defendiese que ese tipo de “modelo” resultaba “necesario” por lo que fuera, me opondría frontalmente, pero no al acto en sí ni a su libertad de expresión como afectado, sino a semejante idea.

Algunas críticas han venido desde el planteamiento de que las prostituidas ejercen desde una perspectiva alegal y por lo tanto no se podría discutir de esa temática ya que se estaría promoviendo una actividad fuera del marco normativo. Los manteros también son perseguidos, estigmatizados y criminalizados habitualmente y no por eso es poco legítimo que los que han decidido sindicarse impartan una charla explicando sus motivos y razones. ¿Los que acudamos a esa charla estamos diciendo que aprobemos o celebremos el tipo de vida al que se ven obligados estas personas empobrecidas? ¿Nos parecería que un conjunto de compañeros sin hogar que impartan una jornada sobre la vida en la calle están haciendo apología de su modo de vida y blanqueando o normalizando como “trabajo” la mendicidad?

Por otro lado, los sujetos de las condenas a las jornadas me parecen del todo menos adecuados para sentirse escandalizados. La activista feminista Teresa Lozano, integrante de Towanda Rebels ha grabado un vídeo exigiendo la retirada inmediata de esta programación por intolerable. El paradigma del privilegio; una mujer joven, de apabullante belleza normativa y cincuenta quilos, blanca, de clase media-alta, que vive de su imagen en el mundillo del cine, que amadrinaba una empresa de bailarinas gogó semidesnudas y ha interpretado papeles varios en los que se la cosificaba claramente sin ningún problema por su parte, se erige ahora adalid de la moral pura y ortodoxa e imparte carnés de buenas feministas y de lo que se debe silenciar por el bien del permeable cerebro de las mujeres universitarias, formadas y adultas, que al parecer, dejarían sus carreras y se tirarían a las calles a ejercer la prostitución después de escuchar esas intervenciones.

Si se está cometiendo un error en las jornadas desde el entorno de la izquierda, es justamente no contar con las personas apeladas en la temática (normalmente por imposibilidad de conseguir afectados que se animen a participar): impartimos charlas sobre racializadas blancas occidentales, sobre el horror de los refugiados sin contar con uno solo en la mesa, etc.

En este taller en cuestión había, por fin, afectadas directas, prostituidas, organizadas o no, dispuestas a dar su punto de vista. Cualquier abolicionista lo tendría tan fácil como asistir y cuestionar, con toda la contundencia del mundo, las visiones allí vertidas a las mismas interlocutoras. Pero es buena notica que formen parte de la conversación, que el debate, el serio y profundísimo debate que se está teniendo por fin sobre estas temáticas, pueda ser abordado por las mismas prostituidas como sujetos políticos con voz propia. Invisibilizarlas, por el hecho de no coincidir con sus ideas o el enfoque de su actividad, es un error; y la universidad ya había anunciado otras jornadas próximas sobre violencia contra la mujer en las que se condenaba abiertamente la trata y la esclavitud sexual femenina… simplemente, no reunió en la misma mesa a unas y a otras, y las separó en dos bloques.

El hecho de que el acto se suspendiese bajo la razón de que no se podía garantizar “la seguridad del mismo”… ¿estaban en peligro estas mujeres? ¿somos tan fanáticos que hemos hecho sentir inseguras a las integrantes de un colectivo estigmatizado, pisoteado, que querían contar su experiencia y visión personal, nos guste más o menos? ¿con qué estándar moral nos sentimos capacitados para decidir sobre qué temas pueden exponer ideas las principales interlocutoras, las que lo viven en su día a día, en un foro de contraste y crítica como debe ser una universidad?
Hace pocos meses, un sindicato feminista y abolicionista gallego organizaba una jornada de reflexión sobre sindicación de la prostitución.

Su postura era clara: en principio contundentemente contraria a la misma, a OTRAS, a APROSEX y a todo ese movimiento. Precisamente desde esta ideología, invitaron a hablar a mujeres afectadas que opinasen diametralmente lo opuesto, para fomentar el debate, conocer profundamente qué argumentos podrían llevarlas a defender su punto de vista… y lo que se hizo fue escuchar atentamente, con respeto, sin juzgar, agradeciendo la presencia de aquellas afectadas en un entorno tan contrario a su postura. El debate fue de lo más rico y respetuoso y se sacaron de él ideas muy complejas, precisamente porque bebían de una perspectiva multidisciplinar, y porque se dio voz a los sujetos reales. Un acto político valiente y comprometido, no un baño de sendas loas de
cuatro organizaciones que pensemos 100% lo mismo.

En la facultad de ciencias jurídicas y del trabajo de Vigo, un estudiante muy de izquierdas organizó una charla en la que la única invitada era una “scort de lujo” que quería explicar su experiencia y razones para entrar en ese mundo y mantenerse en él. Un nutrido grupo de activistas feministas se presentaron en el acto, y tras escuchar su ponencia respetuosamente y tomar notas de la misma, confrontaron varias exposiciones con argumentos abolicionistas. Fue un encuentro muy interesante, que a nadie le pareció una apología de la prostitución, sino simplemente un intercambio de ideas sobre esta realidad: expuso su caso personal, porcentualmente residual, pero no por eso irrelevante. En ningún momento romantizó ni blanqueó nada. Explicó toda la sordidez que rodeaba sus experiencias. Y nadie de la sala, envidió su actividad. Darle la espalda a temáticas tan graves que son tangibles, y que no van a desaparecer por poco que nos guste hablar de ellas, no arregla nada. No transforma.

A nadie con dos dedos de frente le parece bien que una mujer tenga que prostituirse. Ni el trabajo esclavo de los niños. Ni la vida que llevan los manteros. Ni tampoco que mujeres desesperadas por dinero cedan su vientre en alquiler rematando en una compraventa de seres humanos. Pero el hecho de censurar y silenciar a las protagonistas de estas situaciones extremas, ¿aporta en algo a la solución de las mismas? ¿nos creemos con derecho a debatir estos asuntos desde fuera, pero nos ofende que hablen las que lo están haciendo y viviendo, sea desde la perspectiva que sea? entonces tenemos un gran problema de ego, de miopía y de falta de humildad social.

Cualquier prostituida, por mucho o poco que cobre, por muy sindicada o aislada que esté, va a poder aportar experiencias más cercanas al mundo en el que se mueve que quienes nunca hemos realizado esa actividad, percibiendo veinte euros o seiscientos. ¿Y nos creemos mejores? ¿seguro que la posición de desigualdad brutal que se palpa entre sus realidades y las nuestras, si la aderezamos de un poco de dogmatismo y superioridad moral, se diluye algo… o la brecha se ensancha?

Hay que aprender a escuchar, a todas las partes. Cualquier mujer, ideológicamente afín o no, que se haya acostado con otro por dinero tiene mucho más que decir del tema que las que lo desaprobamos desde nuestro privilegio de no tener que hacerlo, por mucho deseo real que atesoremos de que esto desaparezca cuanto antes, que lo tenemos cualquiera de nosotras: caminar hacia un mundo donde las compañeras puedan abandonar ese infierno. Pero nunca, a base de bajarlas de los púlpitos para ponernos nosotras; de invisibilizarlas, de censurarlas, de quitarles un micrófono, de ponerles una mordaza para que no incomoden nuestra perfecta quimera social, que por desgracia no se parece a lo que está pasando en los burdeles, en los callejones, y en los suburbios.

Hablemos de todo esto, con quien se levanta todos los días y lo sufre en su piel. O entraremos en un peligroso doble rasero de hipocresía y postmodernismo que poco ayuda a las que tienen que sentir en sus cuerpos el sudor de un desconocido para llegar a fin de mes.

La pobreza no se combate desde lejos. La prostitución no se destruye desde el twitter. No va a dejar de ocurrir cada minuto porque no se hable de ello en una facultad: mirémoslas a los ojos y escuchemos. A todas.

Una respuesta para "Opinión por Carla Leiras | Todo para las putas, pero sin las putas"

  1. Gamela   13/09/2019 at 21:11

    Certo e moi importante: unha Universidade que silencia a realidade non é nin Universitas nin fonte de coñecemento (como moito é pura ideoloxía barata, sen conexión algunha co mundo-entorno!)

    https://twitter.com/GamelaNova/status/1163009222952529920

    Sempre vivimos nun mundo de ETIQUETAS
    (os posmodernos prefiren chamarlles #Hashtags)

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