Opinión por Oscar González | Carroña

Publicado por o día 14/03/2018 na sección de Opinión,Opinión por Oscar González

Opinión por Oscar González | Carroña

No sé si lo saben (yo me acabo de enterar), pero se desconoce el motivo exacto por el que la bandera española tiene esos colores, los que brillan en el corazón de Marta Sánchez (y no pide perdón). Al parecer, Carlos III (el que salía, garrote en mano, en el cuadro detrás del Borbón joven cuando lo del 1-O) estaba cansado de que sus flotas se confundiesen en el mar con las del resto de países que padecían un Borbón, así que en el primer ejemplo histórico de que “Spain is different” decidió cambiar el blanco característico de su linaje por el amarillo. Era el año 1785.

Sin ser un gran aficionado a la heráldica ni a la vexilología, me atrevo a teorizar que el color rojo de la bandera de España tiene que ver con la sangre y seguramente con el fuego. Ambas cosas han estado muy presentes en la política internacional española, sobre todo en los tiempos aquellos que aún ponen palotes a los fachorros y a los que cantaban Los Nikis.

El rojo es violencia, es agresividad y es pasión, la forma elegante de llamar a las dos cosas anteriores. Es el color de los comunistas, pero no creo que vayan por ahí los tiros, y el de la sangre derramada en “gloriosas” gestas relacionadas en general con algún tipo de saqueo.

El amarillo, por su parte, dicen que se eligió como representación del oro de las Américas, algo que tiene mucho sentido histórico si consideramos que ese oro no dejaba de venir del saqueo a un pueblo y que, en su mayor parte, acabaría gastado en obras faraónicas. Expolio y grandes obras públicas: el primer ejemplo histórico de la famosa marca España.

Sin embargo, soy de la opinión de que ese amarillo ha sido una especie de aviso histórico que no hemos sabido interpretar. Nos prevenía contra la prensa, contra cierto tipo de prensa demasiado abundante en España. Esa que no tiene reparo en montar un centro de campaña a la puerta de la casa de una familia que acaba de perder a un hijo de la peor manera posible. La que no es insensible al dolor, porque sabe dónde está, ya que le sirve para comerciar con él, pero sí lo es a los mínimos de decencia y respeto que se le deberían exigir a un profesional de la información.

Pero la sangre vende. Siempre lo ha hecho. Lo vimos en Alcasser. Lo vimos con Marta del Castillo y de nuevo con Asunta o Diana Quer. Y tras la sangre, el oportunismo de los de siempre, los del populismo punitivo, los que llaman justicia a la venganza y se indignan como si el fallecido fuese su propio hijo.

Pues no, no lo era. Ni es probable que lo sea alguna vez, por suerte. Estadísticamente, la posibilidad de perder un hijo en un crimen violento es baja. Por eso cuando alguien sufre esta tragedia aparecen siempre los mercaderes. La muerte violenta es un bien escaso y por eso cotiza siempre al alza. Siempre habrá una Ana Rosa (AR), alguien que pregunte si el cadáver “estaba blandito”.

Este tipo de periodismo nos daña a todos y todas. No solo porque supone exponer públicamente el dolor más inhumano que puede sufrir una persona, sino porque es también una exaltación de las bajas pasiones, esas que te llevan a plantarte delante de un cuartelillo y pedir pena de muerte para la asesina al grito de “negra de mierda”, un mecanismo que también opera en los atentados terroristas. Animales asustados, hiper empáticos, con los sentimientos a flor de piel.

Campo abonado para el populismo punitivo, para legislar en caliente y colar normas que no pasarían en una situación normal. Doctrina del shock en estado puro para un pueblo al que la televisión dicta cada noche lo que tiene que pensar y cómo se tiene que sentir. Un pueblo que trata de débil y buenista a quien no cree en eso del ojo por ojo. Porque lo correcto es pensar con las entrañas, no con el cerebro. Para eso nos entrenan las Herrero, las Griso y las Quintana.

Un pueblo que, quizá, sí está bien representado en los colores de la rojigualda: el rojo de la sangre y el amarillo del periodismo más ramplón. Ese que hace récords de audiencia y alimenta los miedos atávicos de una sociedad que se vuelve más ignorante con cada nueva emisión. Ese. Siempre ese.

Una respuesta para "Opinión por Oscar González | Carroña"

  1. JUAN ANTONIO GULLON REBASSA   14/03/2018 at 22:22

    ESTIMADO OSCAR, CASI TOTALMENTE DE ACUERDO CONTIGO.-
    DIGO CASI, PORQUE EL ORO NO FUE EXPOLIADO A UN PUEBLO, SINO QUE A MUCHOS.-
    LOS METALES PRECIOSOS EXPOLIADOS, LLEGABAN A CADIZ, DE AHÍ UN GRAN PORCENTAJE SEGUÍA DE LARGO A LOS PAÍSES BAJOS DONDE ESTABAN LOS BANQUEROS QUE FINANCIABAN LAS ESTÚPIDAS GUERRAS, DEL SOBRANTE UN GRAN PORCENTAJE SE LO LLEVABA LA IGLESIA PARA DECORAR ALTARES Y RETABLOS PARA LA GRACIA DE DIOS, Y EL RESTO SE LO REPARTÍAN LOS DE SIEMPRE.-
    AL PUEBLO NADA.-
    RECUERDA UN VIEJO DICHO: “ESPAÑA TIENE LA VACA Y LOS DEMÁS SE TOMAN LA LECHE”
    RECUERDA QUE EN 1521 CORTES EMPIEZA A EXPOLIAR MÉXICO Y PIZARRO EL PERÚ EN 1532, POSTERIORMENTE BOLIVIA Y CUANDO TERMINA ESE SIGLO, ESPAÑA SE MORÍA DE HAMBRE PORQUE NO HABÍA QUIEN CULTIVARA Y LOS SEÑORITOS TIENEN ALERGIA DE DOBLAR EL ESPINAZO EN UN SURCO, POR LO TANTO TENÍAN QUE IMPORTAR COMIDA.-
    UN SALUDO
    P.D.: RECOMIENDO LEER “LAS VENAS ABIERTAS DE AMÉRICA LATINA” DE E. GALEANO