Opinión por Oscar Gutierrez | La coherencia de la aconfesionalidad del estado

Por o 05/04/2018 | Sección: Opinión
Opinión por Oscar Gutierrez | La coherencia de la aconfesionalidad del estado

No han sido pocos los que en esta Semana Santa se han dolido porque el comportamiento de nuestros militares y Ministros haya violado la aconfesionalidad, constitucionalmente reconocida, de nuestro Estado. Yo mismo, entre otros.

Antes de comenzar con mi reflexión quisiera adelantar que me confieso ateo de convicción y, como la mayoría de los de mi generación, católico por imposición (pues somos muchos los bautizados en contra de nuestra voluntad). Me resulta materialmente imposible creer en la existencia de cualquier tipo de deidad en esto tiempos. Del mismo modo que me resulta extremadamente difícil entender, y mucho más compartir, los postulados religiosos del catolicismo.

Creo necesaria la anterior aclaración para poder contextualizar correctamente las palabras que siguen. Dicho esto, y ante el rasgamiento de vestiduras por la violación de la aconfesionalidad del Estado cometida por las Instituciones duurante estos festejos de la Semana Santa, no he podido plantearme la coherencia o incoherencia que encierran las críticas vertidas por los ateos defensores de la “sacrosanta” Constitución Española.

De los 12 festivos nacionales de carácter retribuido y no recuperable fijados por el Real Decreto 2001/1983, de 28 de julio, sobre regulación de la jornada de trabajo, jornadas especiales y descansos, tan solo 4 tienen un carácter laico, estos son el 12 de octubre, el 6 de diciembre, el 1 de enero y el 1 de mayo. El resto de festividades responden a un carácter religioso, y existen en cumplimiento del Acuerdo entre el Gobierno y la Santa Sede, y así lo recoge la norma.

Lo sorprendente de este hecho es que tales festividades, con derecho a retribución y no asistencia al puesto de trabajo vienen establecidas por una norma laica propia de nuestro Estado aconfesional.

Es muy probable que se haya decido hacer coincidir los festivos nacionales con las festividades propias de la religión católica imperante en nuestra historia y territorio, por tradición y a fin de facilitar la participación de la mayoría de los ciudadanos en los festejos religiosos. Del mismo modo que muchos de los políticos actualmente en el poder han decidido participar en dichos festejos en representación estatal por tradición.

Y aquí es donde han saltado todas las alarmas de los ateos constitucionales agraviados por dicha participación, por la imperdonable violación de la aconfesionalidad del Estado Español por imposición de la tradición.

A pesar de que comparto la crítica y el reproche a la participación de nuestros Ministros y políticos en los festejos religiosos, que no representa la creencia totalitaria de los ciudadanos, pero sí de la mayoría, como cabe

concluir a la vista de la amplísima participación ciudadana de dichos festejos, no he podido preguntarme si la reacción de los ciudadanos laicos ofendidos ha sido proporcional a la ofensa cometida. No puedo evitar preguntarme si existe coherencia entre el acalorado sentimiento de ofensa y el silencioso disfrute del tiempo de ocio que los ateos gozan por la imposición de un festivo nacional motivado por la existencia de un festejo religioso.

Por la reacción de los laicos ofendidos, me atrevo a decir que para una plena defensa de la aconfensionalidad del Estado durante los festejos de Semana Santa lo apropiado habría sido ir a trabajar, ya que España es un Estado aconfesional por imposición Constitucional, diametralmente opuesto al carácter religioso que da lugar a la existencia de los festivos Jueves Santo, Viernes Santo, y Lunes de Pascua en algunas comunidades.

La coherencia obliga a renegar de los festivos religiosos, pues si nos confesamos laicos, ateos y aconfesionales habrá de serlo en todos sus aspectos y no solo en el comportamiento del Gobierno relativo a la religión. Sobran los motivos para la crítica a este Gobierno de España.

Ciudadanos laicos y ateos, a la hora de criticar la violación de la aconfesionalidad del Estado, “o todos moros, o todos cristianos”.

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