Pau Gasol y la España que queremos

Publicado por o día 19/09/2015 na sección de Opinión,Opinión por Miguel Diéguez

Pau Gasol y la España que queremos

Hace dos días, Pau Gasol metía a España en la final del Eurobasket con una actuación de leyenda.

40 puntos (su máxima anotación con la selección), 11 rebotes y 11 faltas recibidas para eliminar a Francia en su casa, en un pabellón abarrotado con 27.000 gargantas rugiendo para llevar en volandas a los suyos hasta una final que tendrán que ver sólo como espectadores.

Por supuesto, las redes sociales se han llenado de muestras de patriotismo, como siempre que se logra un gran éxito deportivo. Pero es muy distinto el patriotismo representado por Pau Gasol que el patriotismo representado por la selección de fútbol.

Quienes nos sentimos españoles pero rechazamos la España cañí, tenemos serios problemas para celebrar triunfos de los “nuestros” en el “deporte rey”. Difícil animar a la selección española de fútbol, plagada de “intelectuales” como Ramos, quien recriminó a un periodista que le hiciese preguntas a Piqué en catalán en una rueda de prensa de la selección, o Iniesta, que se preguntaba cómo podían protestar los brasileños por acoger el Mundial con lo bonito que es eso, menospreciando totalmente las exigencias de mayor lucha contra la corrupción y mayor inversión en derechos sociales del pueblo brasileño.

Sin embargo, con la España de baloncesto nos cambia el chip. No hay contradicciones en animar a esta España, aunque cuente con lumbreras como el señorito de cortijo que es Felipe Reyes. Y es que en esta selección está Pau, y Pau lo es todo.

Para quien solo lo conozca de verlo en los telediarios, hay que decir que Pau Gasol representa todos los valores que un/a entrenador/a intenta inculcarte cuando te acercas a este deporte. Inteligencia, sacrificio, generosidad, mentalidad de equipo, humildad, respeto al rival, compañerismo… La lista de virtudes de Pau es interminable. No en vano en 2011 recibió el premio a Mejor Ciudadano de la NBA por su contribución a obras benéficas, y este año ha rebicido el premio Magic Johnson de la prensa norteamericana, que se entrega al jugador que mejor aúna talento en la cancha y educación en su trato con los medios.

Es evidente que Pau no marca diferencias sólo dentro de la cancha, también lo hace fuera.

Embajador de Unicef, lleva cerca de una década participando en todas las actividades solidarias que puede. Y no sólo ha visitado lugares seguros. Hasta ahora la cuestión de los refugiados sirios no había llegado a las primeras planas de los tabloides europeos, pero Pau ya se había desplazado en 2013 a Irak para conocer su situación y pedir ayuda para ellos.

Su compromiso, hay que reconocerlo, siempre se ha quedado en cuestiones “políticamente correctas”, muy lejos de las manifestaciones políticas mostradas antaño por deportistas como el brasileño Sócrates, el boxeador Mohamed Alí o los atletas Tommie Smith y John Carlos, cuyos puños negros se alzaron en México 68 por los derechos civiles. Pero en una época donde los grandes deportistas encarnan como nadie el paradigma del neoliberalismo, la humanidad de Pau brilla con luz propia.

Pero si por algo Pau nos reconcilia con nosotros mismos, es por ser capaz de encarnar el patriotismo español y la defensa de la democracia en todos sus sentidos, incluido el derecho a decidir.

Cuando, en el verano de 2011, un periodista le preguntó su opinión sobre el 15M, Pau contestó:

“Está claro que la situación del país es muy difícil y hay mucha gente pasándolo muy mal, entonces creo que la manifestación pacífica de unos ideales… están en su pleno derecho de hacerlo y espero que tenga una repercusión positiva. Está claro que todos estamos atravesando este momento difícil como país, como otros países lo están atravesando, y todos queremos que las cosas vayan mejor. Creo que es un acto de esperanza y de lucha por intentar estar en la mejor situación.

Eso hay que respetarlo, por supuesto, siempre que se haga de forma pacífica.”

No fue una respuesta de apoyo explícito. Pero fue una respuesta de respeto, algo muy poco presente en la política española. Fue una respuesta de demócrata.

En septiembre del año pasado, en un acto organizado por la Cámara de Comercio de Barcelona en el que participó junto con su hermano Marc, un periodista les preguntó su opinión sobre una posible consulta independentista. Fue Marc quien respondió, manifestándose a favor del derecho del pueblo catalán a decidir sobre su futuro. Pau se sumó a la respuesta con una inclinación de cabeza, en la que demostraba que, si bien no es una cuestión que apoye fervientemente ya que se siente español, sí respeta.

Por eso, no nos cuesta tararear el himno si el que sale en televisión es Pau. Ni nos cuesta ponernos una camiseta con los colores de la rojigualda, por muy republicanos que seamos, si detrás lleva un 4 y el apellido Gasol. Porque Pau nos demuestra que se puede ser español, muy español, más español que nadie, y ser al mismo tiempo una persona solidaria, educada, respetuosa con todas las  opiniones, pluralista y demócrata hasta la médula. Que sentir a España no tiene por qué tener nada que ver con odiar lo diferente, con generar una identidad casposa y mediocre.

España no tiene que ser una negación, sino que puede ser una suma de afirmaciones, y no tiene por qué haber ninguna contradicción en sentirse patriota de tu nación (que en mi caso es Galicia) y patriota de tu nación de naciones, España. Su forma de golpearse el pecho tras cada victoria, y sus declaraciones siempre a favor del derecho a decidir de la gente, nos lo demuestran.

Gracias, Pau. Por hacerme amar el baloncesto cuando era un crío y tú aterrizabas en la mejor liga del mundo. Por hacerme llorar contigo cuando te rompiste en las semifinales con Argentina en el Mundial de 2006, ese que ganamos sólo para poder dedicártelo. Por tener el valor de tirar el tiro decisivo en la final del Eurobasket de Madrid 2007, aunque lo fallaras. Por hacer temblar a Estados Unidos a pesar de llevar a todas sus estrellas, a la que no ganamos sólo porque los árbitros se tragaron el silbato a la hora de pitarles los pasos de salida.

Pero sobre todo, Pau, gracias por ser todo un ejemplo de cómo sentir a España.

OPINIÓN POR MIGUEL DIÉGUEZ