Perdone, ¿tiene un segundo para los niños?

Publicado por o día 09/09/2015 na sección de Opinión,Opinión por Carla Leiras

Perdone, ¿tiene un segundo para los niños?

Si uno pasea por Príncipe en Vigo puede observar una realidad: la gente escapa como alma que lleva el diablo de los “captadores de socios” de las organizaciones solidarias, por sentirse incómodos ante una insistencia feroz, de la cual, obviamente estos trabajadores no tienen la culpa.

Pero sus contratantes se hacen un flaco favor al tratar temas tan graves como la malnutrición infantil formando a un grupo de chavales que son instados a perseguir físicamente por la calle a los viandantes mientras algunos son tachados de insolidarios por no atender su petición.

Las actividades de una ONG, siempre teniendo en cuenta que necesitan una financiación que en muchas ocasiones es complicado obtener, conque es importante mantener un número nutrido de socios, no deberían estarse difundiendo con un sistema como este, por puro respeto al mensaje final.

Es cierto que mucha de la gente que se termina parando, a lo mejor de primeras solamente por evitarse la bronca, puede escuchar el discurso, entenderlo y prestarse finalmente a ayudar. Pero mucha otra solo intenta llegar al otro lado de la calle y se busca una excusa. Los socios que necesitan estas organizaciones no son gente que entre en ellas “por quitárselas de encima”, ni mucho menos, sobre todo porque son personas que a la mínima oportunidad, devuelven un recibo y no vuelven a querer saber nada más de la organización.

Sin negar las dificultades de que los ciudadanos colaboren con estas iniciativas, que las hay, y que no existe fórmula mágica para conseguir una concienciación masiva, conque es un campo complejo; dos conceptos son innegables:

a) La imagen que debe transmitir una organización seria no es en ningún caso la de un comercial que eleva la voz, señala y emplea el chantaje emocional para captar socios.

b) Los contratos de estos captadores no están a la altura en ningún caso de tan ardua tarea. Muchos de estos chicos no están de acuerdo ni con las maneras a las que se les invita desde la dirección, ni con sus condiciones laborales. Algunos incluso ni siquiera tienen gran interés en la organización o en su mensaje. Pero necesitan el dinero. Otros son excelentes activistas que pensaban que iban a colaborar con una causa justa y ganarse con ello la vida y se ven presionados para obtener un ratio de ventas como si de una distribuidora de detergentes se tratase (por cuatro duros).

Cada día se repite el mismo anuncio pidiendo captadores de socios, porque el sistema en muchos casos es exprimir a estos chavales hasta que renuncian al puesto y entonces meter a otro que le sustituye. Y un estudiante que ha escogido ese puesto como alternativa a vender móviles no convence de la gravedad de lo que demanda. Con ese modus operandi la imagen transmitida dista mucho de la que hace empatizar y desear pararse a entender lo que se pide y necesita, que es grave y real.

Salvando las diferencias, porque las hay, según la organización, quienes usan este tipo de sistema deberían revisar los resultados y el impacto en la credibilidad de las propias asociaciones. En primer lugar porque teniendo un país en crisis la situación de las personas es en general lo suficientemente frágil para que les cueste sentirse (lo que todos somos en parte) culpables por la explotación, la colaboración de nuestro país en conflictos bélicos, la venta de armas, etc. A una persona que no llega a fin de mes le cuesta ver más allá de lo que sucede en su casa por mera lógica: es un trabajo arduo y necesario pelear por la conciencia colectiva y solidaria pero desde luego el camino no es el de un sistema piramidal, con cuatro coordinadores generales con un sueldo muy digno y un puñado de chavales que de sol a sol, piden un “minutito” para explicar con desesperación un proyecto en el que en muchos casos no creen, y en otros, se sienten invitados a usar maneras que detestan.

Dejad de anunciar “trabajo de verano, fácil al aire libre” y buscad gente concienciada que de veras tenga ganas de difundir el proyecto; perciba un sueldo justo por un trabajo complejo como es el de a pie de calle y desde luego permitidles informar a los vecinos de las penurias del tercer mundo sin que sientan que les están vendiendo un ADSL; porque ese esquema hace que cualquiera se distancie del drama real, frivolice y no profundice en el mensaje.

Se critica muchísimo a los sintecho que promueven de manera activa la caridad llamando la atención del que pasa, por resultar incómodo para los viandantes, y parece que a nadie le rechina que algunos para obtener un número de cuenta por un período de cinco años se comporten como si estuviesen vendiendo tacos en la playa.

Mostrad respeto a la intención última de vuestras propias organizaciones y adecuad las vías de financiación a la seriedad de las mismas. Y sobre todo mostrad respeto a los trabajadores que mantienen en pie vuestras causas.

A veces por las formas se pierde la razón.

OPINIÓN POR CARLA LEIRAS