Opinión por Xurxo Rodríguez | Rúa Pi y Margall

Publicado por o día 06/10/2019 na sección de Opinión,Opinión de Xurxo Rodríguez

Opinión por Xurxo Rodríguez | Rúa Pi y Margall

Intentando completar el tríptico anticipado con las publicaciones de Callejón Estrecho y Paseo de Alfonso XII hoy le toca a la calle Pi y Margall, prolongación del Paseo de Alfonso, que finaliza en Peniche, donde confluye con Tomás Alonso y López Mora.

Pi y Margall fue presidente de la Primera República, teórico y publicista inspirado en las ideas del principio federativo de Proudhon. Pi y Margall llegó a visitar Vigo invitado por los republicanos federales en 1892 mitineando en el Tamberlick y dando un paseo por la ría viguesa según cuenta Lalo Vázquez Gil.


En Marzo de 1905 se aprobó la petición de darle una calle en Vigo. Durante la dictadura franquista se le dió a esta calle el nombre de General Aranda, para serle restituído el primitivo tras la recuperacion de la democracia. Del tiempo oscuro quedan los nombres de una ferretería y de una inmobiliaria.

Espigando algunas marcas o estaciones de la memoria, entreverando pasado y presente, paso a relatar. Esta calle, contando desde el Paseo de Alfonso, se inicia con los restos de lo que en su día fue el Asilo, del cual por el momento permanece en pie la fachada de su iglesia. Un poco más adelante, de mano contraria, la iglesia evangélica unida, de gran arraigo en la ciudad, pienso que centenaria o casi, permaneció abierta al culto durante el franquismo.

En los números pares se encuentra el colegio de las seguidoras de santa Joaquina Vedruna, las hermanas carmelitas, de presencia también casi centenaria, con fuerte impronta en Vigo, que se mantiene como establecimiento educativo ahora de alumnado mixto.

De mis recuerdos más intensos asociados a esta calle se encuentran las visitas a un espacio ya extinguido, la librería Almoneda, de Xosé María Álvarez Blázquez, donde encontraba numerosos libros y publicaciones en lengua gallega, tales como los editados por Edicións Monterrey y Edicións Castrelos, empresas editoriales de su propiedad. O los libros de Galaxia, por ejemplo aquellos de la colección Illa Nova, dedicados a la nova narrativa galega del momento, ejemplares aún conservados en las estanterías a principiosde los setenta, editados en los sesenta. También fue en la Almoneda de Pi y Margall donde hice mis primeras adquisiciones de ejemplares de la revista Grial. Por esos años recuerdo la presencia del poeta y novelista Darío Xohan Cabana en ese espacio de libros y galeguista.

No lejos, en la calle Falperra, se encontraba la Serigrafía Gallega, también de los Álvarez Blázquez, muy cerca de la librería Pérez Galdós. De estos dos negocios desaparecidos todavía se conservan los rótulos como fantasmas del pasado.

Finalizo dejando constancia de que este año se cumplen setenta de la apertura del negocio de alimentación de Adelina Álvarez allá por 1949, hoy Tito al frente con el que tengo el gusto de departir, el más veterano negocio junto a la confitería Ramos que se mantiene en pie en Pi y Margall, calle muy principal y de las pocas sin cuesta que hace muy agradable y reposado el paseo entre el centro y Traviesas.

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